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ENSAYOS DE PERSUASIÓN
Columna

El siglo americano y también el siglo chino

China ya no es una potencia emergente, sino una superpotencia que rivaliza con Estados Unidos para ser el líder económico y cultural de nuestro tiempo

El presidente de EE UU, Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, en Busan, Corea del Sur, en octubre de 2025.Andrew Harnik ( GETTY IMAGES )

En aquellas fechas todo lo que debía subir, subía, y todo lo que debía bajar, bajaba. Entre lo primero, la producción, el empleo, el dólar, la inversión, los ingresos, las exportaciones, la confianza de los consumidores y de las empresas, la Bolsa de valores, etcétera; entre lo segundo, la inflación, el paro, el déficit público, los tipos de interés… Únicamente se manifestaba contraria a esta lógica la desigualdad, que cada vez era más amplia, pero que aún no formaba parte del mainstream de la política económica de la época. Se consideraba cierto aquello de que si uno alimenta al caballo con avena algo acabará cayendo en el camino para los gorriones.

Eran los noventa del siglo pasado. El ciclo estaba a punto de vencer. El sheriff se llamaba Bill Clinton. Aquello se denominaba nueva economía o, en plan más coloquial, ricitos de oro, la niña rubia del cuento de los tres ositos. Pocos dudaban de que el siglo XXI también correspondería a la hegemonía americana, como el siglo XVII había sido francés, o el XIX británico. El que menos dudaba era Clinton. En uno de sus discursos del estado de la Unión había dicho que gracias al trabajo y a la altura de miras del pueblo americano estos eran buenos tiempos para América: tenían el paro más bajo del último cuarto de siglo, la más baja inflación y las rentas subían. El presidente defendía el ascensor social: “El sueño americano con el que nos han educado es sencillo pero muy poderoso. Si trabajas duro y respetas las reglas, tendrás la oportunidad de llegar tan lejos como lo permitan los talentos que Dios te ha dado”. Tiempos felices.

En términos más “científicos”, el editor Mortimer Zuckerman escribía en 1998 un comentado artículo en la revista Foreign Affairs sobre la tesis del XX como siglo americano, y la seguridad de que el siguiente también lo sería: por mucho que otros países apretasen, EE UU tenía todas las fortalezas para ser el líder, y cada vez a mayor distancia.

Y entonces llegó el crash de las empresas punto.com, los atentados terroristas en Nueva York y Washington, la Gran Recesión (que al revés de otras muchas que arrancan de la periferia y luego llegan al centro, ésta fue inversa: nació en el corazón de Wall Street), la pandemia de covid y el confinamiento, las guerras… y Trump, y el escenario cambia radicalmente. Otros países compiten con la hegemonía americana. Fundamentalmente la China de Xi Jinping. China, que ya fue el poder dominante en Asia Oriental durante más de 1.000 años, pero que desde 1850 quedó subordinada a Occidente y a Japón, se ha convertido en los últimos 25 años en una superpotencia. En lo que llevamos de siglo su PIB se ha multiplicado por 14 en términos nominales; el PIB per capita, que era de 960 dólares en 2000, alcanzó los 13.445 dólares y el superávit comercial asciende a 1,2 billones. Ha crecido la tasa de escolaridad, prácticamente ha desaparecido el analfabetismo, el índice general de pobreza cayó el año pasado por debajo del 1%, la cobertura básica de salud cubre ahora a un 95% de la población, por lo que ha ido decreciendo el índice de mortalidad (datos de Vanguardia Dossier). Según el sociólogo Manuel Castells en esa misma publicación, China ya no es esa potencia emergente de principios de siglo, y se ha transformado económica y tecnológicamente; representa una experiencia histórica de desarrollo multidimensional que, utilizando el capitalismo global pero sin seguir sus principios, está transformando el mundo.

China ve con cierta distancia las guerras que ahora se dirimen en Europa y en Oriente Próximo. En la portada de uno de los últimos números de The Economist se ve a un sonriente Xi Jinping con una leyenda que dice: nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error. La mayoría de los expertos consideran que el escenario más probable no será un siglo completamente americano ni completamente chino, sino una rivalidad prolongada que afectará al resto del mundo.

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