La lucha por la hegemonía mundial: del G20 al G2 (EE UU y China)
El país asiático es el gran rival del siglo XXI y lo hace con un sistema alternativo al occidental, sin rastro de democracia


¿Será China la potencia hegemónica bajo la que vivirán nuestros nietos y bisnietos? Esta hipótesis no la olió Keynes cuando vino a Madrid en junio de 1930 —hará pronto un siglo— a dictar una conferencia titulada Las posibilidades económicas de nuestros nietos en la Residencia de Estudiantes. El genial economista de Cambridge llegó acompañado de su esposa, Lidia Lopujova, bailarina del ballet de Diaghilev, y fue invitado por el duque de Alba, ministro de Instrucción Pública del Gobierno de Berenguer.
Keynes entendía que el mundo estaba sufriendo entonces un fuerte ataque de pesimismo (lógico si se recuerda que nueve meses antes había empezado el colapso de 1929 en la Bolsa de Nueva York y la hidra de la depresión se extendía por el mundo). Al revés, opinaba que tal pesimismo no estaba justificado. “Creo”, dice Keynes, “que esta es una interpretación extraordinariamente equivocada de lo que está sucediendo. Estamos sufriendo no el reumatismo de la vejez, sino los dolores crecientes que acompañan a los cambios excesivamente rápidos, el dolor del reajuste de un periodo económico a otro”. (Y aquí pronuncia una de sus frases más celebradas sobre la necesaria humildad del economista: “Sería estupendo que los economistas lograran que se los considerara como personas modestas y competentes como los odontólogos”).
¿Existen analogías con nuestra época?, ¿estamos sufriendo los dolores que acompañan a los cambios excesivamente rápidos o el reumatismo de la vejez? Esta semana los Reyes de España tienen previsto visitar China y entrevistarse con su presidente, Xi Jinping, acompañados de los ministros de Economía y de Asuntos Exteriores, Carlos Cuerpo y José Manuel Albares. Allí contemplarán, una vez más, los formidables efectos de una de las modernizaciones más rápidas y profundas de la historia de la humanidad, de la que España no quiere estar ausente. Hace poco más de medio siglo en Europa se estrenaron dos películas que trataron de ser faro de una generación de jóvenes occidentales y que hoy casi nadie recuerda: La Cina è vicina (China está cerca), del italiano Marco Bellocchio, y La chinoise (La china), de Jean-Luc Godard. Estaba a punto de estallar el Mayo del 68, y el maoísmo todavía era signo de esperanzas en algunas minorías. Entonces, la renta per capita china no llegaba a los 100 dólares; hoy esa cifra equivale a más de 13.000 dólares.
El gigante asiático es ya la segunda economía del planeta y ha sido capaz de situarse estratégicamente en el mapa internacional de minerales críticos, adelantando a Occidente y pudiendo utilizar como arma geopolítica esas materias primas imprescindibles para la generación de nuevas tecnologías. Por una parte controla la extracción de materias primas (tierras raras) necesarias para las energías verdes, y por la otra produce la tecnología que se utiliza en esas energías, para exportarla. Todo ello sitúa a China como el gran rival del siglo XXI. Y ello, con un sistema alternativo al occidental: de la democracia no existe ni rastro en su vasto territorio y el Partido Comunista Chino es el actor protagonista de la transformación y del desarrollo a través de su control de la economía y de la sociedad.
Por ello se da más importancia a las negociaciones entre EE UU y China, y a las reuniones entre Trump y Xi Jinping que a las de otros organismos a los que se había dotado previamente de la auctoritas para tratar de gobernar el mundo, como el G-20. Se está sustituyendo el cónclave de los 20 países más ricos del mundo por el G-2 compuesto por EE UU y China. Las formaciones G (G-5, G-7, G-8, G-20) son un concepto elaborado por el economista del Fondo Monetario Internacional Jacques Polak. Clubes privados de países sin estructura orgánica, nacidos en 1975 como G-5 (EE UU, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido). De cada una de estas formaciones no se desengancha nadie, ni siquiera en caso de ser superados por otras naciones con más renta o riqueza, o al lograr otros ser más representativos que los fundadores. Se cooptan entre ellos.
Y luego está el asunto de Taiwán…
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