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Punto de observación
Columna
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“Sanchismo o España”: las elecciones no son referendos sobre la idea abstracta del país sino sobre sus problemas concretos

El enfoque de problemas tan serios como el cambio climático no puede reducirse a un simple “sanchismo o España”

Pedro Sanchez y Alberto Nuñez Feijoo
Patricia Bolinches
Soledad Gallego-Díaz

El Partido Popular es, en teoría, poco partidario de los referendos, en línea con lo que establece la Constitución española, que fija pocos supuestos en los que se pueda preguntar directamente sí o no a los ciudadanos. Sin embargo, su presidente, Alberto Núñez Feijóo, lleva una temporada en la que no para de proponerlos. Las elecciones municipales y autonómicas se celebraron, según él, para decidir entre Pedro Sánchez y España. Se supone que el PP lo ganó, pero no han pasado dos semanas y ya está convocando otro con el mismo enunciado para las elecciones generales del 23 de julio: el sanchismo o España. Esconder al candidato socialista bajo un nombre común no es algo nuevo: hace 50 años, la derecha enfrentó el felipismo al guerrismo, y muy poco después de que Pedro Sánchez se lanzase al ruedo de la política nacional ya hubo quien empezó a hablar del “pedrismo”. La palabra no sonaba bien y se cambió rápidamente por sanchismo, más afortunada.

Las elecciones generales del 23-J tratarán de cosas serias, complicadas. La memoria no puede ser tan corta que no saquemos ninguna experiencia respecto a la lucha que ha habido que mantener en los últimos años contra la corrupción, el mantenimiento del poder adquisitivo en épocas de gran crisis o el cambio climático. Mirar atrás, reactivar la memoria es imprescindible para obtener experiencia. La experiencia, el conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas, dice que el populismo de extrema derecha, que se está reactivando en Europa, incluida España, es peligroso y que la derecha tradicional cae muchas veces bajo sus aplastantes consignas.

Cosas serias, sin soluciones sencillas. Por ejemplo, cómo va a afrontar la sociedad española los retos del cambio climático en los próximos cuatro años y qué piensa que debe hacer su próximo Gobierno al respecto. Es notorio que Vox, por ejemplo, no cree que exista ningún riesgo climático y que considera un derroche todo el dinero público que se pueda destinar a intentar controlar sus efectos.

También es notorio que el PSOE no tiene dudas sobre la necesidad de tomar medidas urgentes para mitigar sus efectos (la emergencia climática y la transición ecológica de la economía figuraban como el tercer punto del programa electoral en 2019 y el Gobierno de Sánchez ha tenido una excelente vicepresidenta para la Transición Ecológica). Tampoco hay dudas sobre la posición a la izquierda del PSOE: en el programa de Unidas Podemos, el primer capítulo se titulaba “Horizonte verde y nuevo modelo industrial”.

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Consultar el programa que presentó el PP en 2019, sin embargo, suscita dudas. Se limitaba a señalar, en el punto 144, de 200, que pondría en marcha un Plan Nacional de Energía y Clima 2021-2030 “que fije las medidas para alcanzar los objetivos acordados en la Unión Europea”.

¿Va a continuar el PP manteniendo una posición tan imprecisa o en estos últimos cuatro años ha hecho suyos los informes científicos internacionales sobre la urgencia de introducir cambios radicales en múltiples facetas de la actividad económica? La manera de enfocar un problema tan complejo no puede reducirse a un simple “sanchismo o España”, y un partido responsable, con opciones de gobernar, no puede acudir a las urnas sin aclarar con precisión su lista de prioridades y qué papel ocupa la transición ecológica en ella.

¿Como va a reaccionar la sociedad ante las noticias que le van llegando sobre el cambio climático o las nuevas tecnologías que pueden crear millones de empleos nuevos, pero que destruirán aún más millones de empleos tradicionales, o que, según los creadores de la inteligencia artificial, pueden llegar a tener el mismo poder aniquilador que las armas nucleares? ¿Cree que la socialdemocracia será capaz de transformar el capitalismo y hacer ese cambio sin dejar atrás a millones de personas? ¿Teme que tanta incertidumbre genere inestabilidad política y pone por encima de todo la seguridad que le ofrecen los conservadores? ¿O simplemente se ha convertido en una sociedad miedosa y desconcertada que no quiere oír hablar de esos temas y se arrima a quienes plantean otros campos de batalla, más simples y brutales: guerras culturales en torno a conceptos muy elementales, a los que es fácil adherirse? Para combatirlos falta avivar la memoria y recurrir a la experiencia.

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