Trabajar cansa
Columna
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Melilla: algo trágico ocurrió ante nuestras narices

Personalmente, me da igual si aquellos muertos estaban o no en suelo español. Es ridículo pensar que si sucede unos centímetros más allá no nos incumbe. Nos incumbe tanto que ha tenido que venir la BBC a decirnos lo que pasó

Un grupo de migrantes huye después de atravesar la valla de Melilla y entrar en territorio español el pasado 24 de junio. Foto: JAVIER BERNARDO (AP) | Vídeo: EPV

Es curioso cómo la política de fronteras en Melilla es independiente del Gobierno que tengamos. Da igual quién esté. Consiste en tener vallas lo más altas posibles y que Marruecos haga lo que sea para que nadie las salte. Y si pide más a cambio, se le da. Fin de la política. Sí cambia la reacción pública a lo que pasa. Después de los 23 muertos, como mínimo, del 24 de junio si este Gobierno fuera del PP supongo que sería fascista, pero con uno del PSOE y Podemos se trata de chapuzas hipócritas. Bueno, simplemente resuelven de manera inconfesable lo que no tienen ni idea de cómo resolver. Comparten el método, porque no se les ocurre otro. Sobre todo, a la izquierda, porque a la derecha le parece bien. Y pregunto: ¿cuál es la política de la izquierda europea para los cientos de miles de africanos que intentan llegar a Europa? Es una parte esencial de la respuesta al populismo de ultraderecha del que luego nos alarmamos.

Nadie discute la valla de Melilla. Lo ideal sería que nadie consiguiera saltarla, porque cada uno que lo hace es una pregunta andante, que no sabemos responder: ¿lo devolvemos en caliente, le sacudimos, le socorremos, le damos papeles, hacemos como que no está en nuestro lado? Personalmente, me da igual si aquellos muertos estaban o no en suelo español. Es ridículo pensar que si sucede unos centímetros más allá no nos incumbe. Nos incumbe tanto que ha tenido que venir la BBC a decirnos lo que pasó. “Ningún hecho trágico ocurrió en territorio español”, ha dicho el ministro de Interior. Aunque sea así ocurrió delante de nuestras narices y no hicimos nada. Abre la puñetera puerta y auxilia a esa gente, que estaban medio muertos en el suelo y aún les daban palos, y quítales de encima a los gendarmes marroquíes que les están zurrando. No sé si esto es de izquierdas o derechas, es lo que me pediría el cuerpo. A otros les pide otra cosa. El otro día un columnista de ABC se sentía orgulloso de los GAL y, por las mismas razones, alababa la mano dura en la frontera.

Ahora bien, en estas ocasiones escucho la voz del comandante de marines Nathan R. Jessup (Jack Nicholson), en la película Algunos hombres buenos (1992). Juzgado por una muerte en Guantánamo, un abogado listillo (Tom Cruise) le grita en el juicio que quiere la verdad: “¡Tú no puedes encajar la verdad! Vivimos en un mundo que tiene muros y esos muros están vigilados por hombres armados. Yo tengo una responsabilidad mayor de la que tú jamás podrás imaginar. (…) En zonas de tu interior de las que no charlas con los amiguetes, tú me quieres en ese muro, me necesitas en ese muro. (…) No tengo ni el tiempo ni las mínimas ganas de explicarme ante un hombre que se acuesta con la manta de la libertad que yo le proporciono y después cuestiona el modo en que lo hago”. El muy cabrón da en el clavo. En esas zonas de nuestro interior, y no me refiero al ministerio, ¿qué pensamos? No encajamos la verdad porque tiene unas dimensiones colosales. Un amigo que trabaja desde hace años en cooperación internacional me dice: “Vendrán muchos más. El hambre en algunos países se ha duplicado en cinco años, nunca había ocurrido. Veremos cosas muy tristes”. Somalia, Niger, Kenia, Zimbabue, de los que ni hablamos, colapsan por el cambio climático, eso que para Díaz Ayuso es un invento comunista. Esta es la verdad. Así que hay que elegir entre las carnicerías en la frontera o pensar otra cosa. Es el tipo de debate adulto que me gustaría escuchar, antes de que empiece el Mundial.

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Sobre la firma

Íñigo Domínguez

Es periodista en EL PAÍS desde 2015. Antes fue corresponsal en Roma para El Correo y Vocento durante casi 15 años. Es autor de Crónicas de la Mafia; su segunda parte, Paletos Salvajes; y otros dos libros de viajes y reportajes.

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