Diego López Garrido: “Hay que salvaguardar la cultura de Gobierno de coalición en la izquierda”

El exportavoz parlamentario del PSOE, que acaba de culminar una obra sobre Derecho Constitucional en España y Europa, reflexiona sobre los retos de la UE

Diego López Garrido fotografiado en la sede de la Fundación Alternativas, en Madrid, el pasado 1 de diciembre.
Diego López Garrido fotografiado en la sede de la Fundación Alternativas, en Madrid, el pasado 1 de diciembre.Olmo Calvo

Diego López Garrido (Madrid, 74 años), catedrático de Derecho Constitucional, ex secretario de Estado para la Unión Europea y vicepresidente de la Fundación Alternativas, ha culminado su gran obra académica, Lecciones de Derecho Constitucional de España y de la Unión Europea. Este manual derriba las barreras tradicionales y analiza las múltiples relaciones de interdependencia entre la Constitución española y los tratados europeos.

En una época de zozobra para la UE, López Garrido rechaza el catastrofismo. Para él, pese a la “policrisis”, la UE es una realidad “irreversible” que debe reforzar sus políticas sociales y de acción exterior. El exportavoz parlamentario del PSOE fue miembro de la Convención que alumbró la fallida Constitución Europea de 2004, germen del vigente Tratado de Lisboa de 2009. Descarta que pueda haber un nuevo intento de un “grandilocuente momento de institucionalidad”. Sin embargo, considera que, a lo largo de 65 años, la UE, de manera “silenciosa”, ha ido “avanzando con estilo constitucional” y tomando decisiones poderosísimas capaces de cambiar su propio perfil por encima de los Estados. El último ejemplo, afirma, es el fondo de recuperación de 750.000 millones, en el que es la Comisión, y no los Estados, la dueña de la concesión del dinero.

Pregunta. Hace poco Josep Borrell, el alto comisionado de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, alertó de que “Europa está en peligro y los europeos no son siempre conscientes de ello”. ¿Comparte ese diagnóstico?

Respuesta. No creo que Europa esté en peligro. Es una entidad muy consolidada. La prueba es cómo ha respondido a dos crisis enormes del siglo XXI. En 2008 reaccionó mal porque la política de austeridad resultó una mala estrategia, pero la UE no se tambaleó; y en esta crisis de la covid ha reaccionado muy bien, con inversión y gasto público. Y sin tener competencias explícitas en sanidad, la Comisión ha comprado millones de vacunas para Europa en su conjunto, en vez de hacerlo cada Estado por su cuenta. La UE ha demostrado potencia y firmeza en esta policrisis. Ha plantado cara a los autoritarismos en Polonia y Hungría. Con Bielorrusia y la presión provocadora en la frontera polaca, ha habido una unidad absoluta, igual que en mayo con Marruecos y Ceuta. Cuando un país pasa por dificultades, la UE se ha portado y al país miembro lo ha reforzado.

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P. Europa juega muy bien a la defensiva, pero le cuesta más proponer políticas y acciones de futuro.

R. Una vez que el proceso de unión se ha consolidado y es irreversible, la UE tiene que ser una entidad más propositiva en política económica, exterior y, sobre todo, social. La Europa social no existe: hace falta un subsidio de paro europeo, un salario mínimo europeo, unas pensiones mínimas europeas. Hay división interna: a los países nórdicos, con un Estado social envidiable, les da miedo que sus ayudas sociales se resientan. Y es incomprensible que la UE no haya adoptado una estrategia de fondo para combatir la violencia contra la mujer y la infancia.

P. El economista francés Thomas Piketty sugería en este periódico que los países que deseen una unión más profunda avancen, y los que no, se queden fuera. ¿Una Europa a dos velocidades podría solucionar la parálisis de la unanimidad?

R. Lo de ir a dos velocidades no es positivo, resta fuerza, aunque está previsto para determinados casos, como cooperaciones en defensa. La UE debe ir unida como dice su nombre, y hay que intentar por todos los medios que los avances sean en común, si no la lógica interna de la UE se resquebraja. No puede renunciar a actuar con capacidad y personalidad propia, y ahora que no está el Reino Unido tiene mayor libertad para ello.

P. En política exterior, a la UE le cuesta imponerse en geopolítica.

R. No nos hagamos ilusiones: la política exterior de la UE siempre va a convivir con la política exterior de cada Estado; no van a renunciar a su soberanía. Sería un error que la UE se hiciera ilusiones de políticas de defensa y seguridad sin avanzar en capacidad de política exterior.

P. ¿Eso incluye salir del paraguas de la OTAN?

R. La UE necesita su independencia; es como el padre y el hijo, el padre aporta protección, pero llega un momento en que sus hijos se independizan, mantienen la familia, pero tienen su propia personalidad.

P. Borrell planteó una fuerza de reacción rápida para responder a los llamados ataques híbridos.

R. No veo que vayamos a un ejército europeo que sustituya a los nacionales. Pero que haya unidades, sí, de hecho la UE ha tenido misiones militares muy exitosas. En definitiva, ante ese bipolarismo que se está recreando entre EE UU y China, a la UE no le interesa en absoluto ser el jamón del sándwich. Tiene que fortalecer su política exterior junto con la de los Estados. La UE debe reforzar su autonomía estratégica, que no es solo militar y de seguridad. En ese concepto entra la salud, la energía, o el cambio climático.

P. ¿Será capaz la UE de sustraerse a la influencia de la ultraderecha?

R. La UE tiene que superar y combatir el discurso manipulador de la extrema derecha. Es un adversario muy potente, pero que no es capaz de llevar a la UE a sus posiciones. Se necesita una voz que muestre una posición política más clara en esa lucha contra el nacionalismo, especialmente en la Comisión y el Consejo Europeo. Tiene que haber más fuerza europeísta.

P. ¿Un continente tan envejecido puede sobrevivir sin inmigración?

R. El cierre absoluto de las fronteras, como plantean Orban o Polonia, es contrario a las esencias de la Unión. Es hipócrita decir que no se aceptarán inmigrantes cuando los necesitas para mantener tus pensiones. No tiene sentido que no haya una política migratoria común cuando hay un espacio Schengen de libertad y circulación. Eso terminará consiguiéndose, aunque causa mucha división.

P. ¿Ha pasado para siempre el momento constitucional de la UE?

R. De momento, sí, pero lo que está funcionando es la silenciosa constitucionalización de la UE. Todo lo que se propuso en el tratado constitucional fallido se ha ido imponiendo necesariamente. No creo que podamos volver a una especie de nueva Constitución europea. Y tampoco es necesario, significaría un cambio de régimen, y la UE está tan consolidada que no lo necesita. Sí habría que conseguir reformas puntuales de los tratados.

P. Usted se ha movido en los márgenes entre el PSOE y los partidos a su izquierda. ¿Cómo ve el movimiento para unir a las formaciones de izquierda en torno a Yolanda Díaz?

R. Me parecen interesantes, pero hay que ir con cautela. Lo que me parece más positivo es que la izquierda ha dado un salto cualitativo, de una incapacidad absoluta de colaborar a tener un Gobierno de coalición. Hay que intentar salvaguardar esa cultura de Gobierno de coalición en la izquierda, sobre todo a la vista de las cosas que se oyen en el otro lado.

P. Mirando a España, desde el procés parece que se ha atenuado el debate sobre la reforma de la Constitución.

R. En la izquierda que surgió del 15-M se han atenuado las propuestas que hablaban de salir del euro, de la OTAN, de la UE. El suflé ha bajado y la Constitución se ha demostrado sólida ante amenazas como el terrorismo, el procés o la pandemia. Mi propuesta es que cinco grandes derechos que están mal ubicados en la Constitución pasen a ser derechos fundamentales: vivienda, salud, pensiones justas, medio ambiente y protección de datos.

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Sobre la firma

Fernando J. Pérez

Es redactor y editor en la sección de España, con especialización en tribunales. Desde 2006 trabaja en EL PAÍS, primero en la delegación de Málaga y, desde 2013, en la redacción central. Es licenciado en Traducción y en Comunicación Audiovisual, y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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