La punta de la lenguaColumna
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Sexagenarios o sesentañeros

A los que cumplieron 40 y no deseamos llamar “cuarentones” les correspondería ser “cuadragenarios”

Decenas de personas hacen cola para recibir la vacuna en el Hospital Isabel Zendal durante la Semana Santa.
Decenas de personas hacen cola para recibir la vacuna en el Hospital Isabel Zendal durante la Semana Santa.Diego Radames/SOPA Images / SOPA Images/LightRocket via Gett

Las informaciones sobre las personas vacunadas y por vacunar se refieren con frecuencia a los octogenarios, los septuagenarios, los sexagenarios…

En el habla común nombramos las décadas de edad con un notable sesgo: quinceañero, veinteañero, treintañero; cuarentón, cincuentón; sexagenario…, nonagenario. (No existen los cincoañeros ni los decañeros; hasta los quince no hay sufijo asociado a la edad). Como se ve, la terminación -añero se transmuta en -genario (no confundir con “geranio”) tras una doble parada en -entón:

La Gramática advierte (página 532) de esa connotación irónica o despectiva que acompaña a los vocablos donde se acopla el sufijo -entón, a la que se acude incluso en ambientes familiares: es decir, en contextos donde no llega la sangre al río pero maldita la gracia. Por tanto, al tratarse de expresiones de andar por casa, las referencias formales a edades de vacunación no mencionarán los términos “cuarentones” y “cincuentones”. He ahí dos décadas lingüísticamente vulnerables. Antes de ellas, los veinteañeros y demás gozarán de una asignación bien acogida; y después, los sexagenarios y siguientes serán nombrados con distante respeto mediante vocablos considerados cultos, lo cual no impedirá que los reciban con incómoda resignación.

Con el Diccionario en la mano, los treintañeros pueden ser también “treintones”, pero esto se marca como despectivo. Y a los que han cumplido 40 y no deseamos llamar “cuarentones” porque no se dejan, les correspondería también el adjetivo “cuadragenarios”, ya sin matices problemáticos para quien reciba el término, aunque probablemente tildemos de pedante a quien lo pronuncie: será raro oír “cuadragenario” en una conversación de chiringuito veraniego, por ejemplo. A su vez, los que tienen entre 50 y 59 son “cincuentones” si hablamos en confianza o con desprecio (eso tendrá que deducirlo cada cual), y “quincuagenarios” si usamos un lenguaje más formalista. Al cumplir los 60 se pasa a “sexagenario” (o “sesentón” si asumimos el riesgo ponderativo). Y lo mismo sucede con septuagenarios o setentones, octogenarios u ochentones, nonagenarios o noventones. A los que han cumplido los 100 se les llamaba antaño también “quintañones” (por las 100 libras de un quintal), pero ahora nos basta a todos con la admiración y el respeto de la sola palabra “centenario”.

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Por desgracia, ahí se detiene la lista.

Podríamos reclamar ahora una nueva faceta del lenguaje políticamente correcto: que la terminación -añero se extendiese a las demás edades. La obra académica no recoge tal opción. En cambio, el diccionario de uso de Seco, Andrés y Ramos sí incluye “cuarentañero” (pero no “cincuentañero” y siguientes). Ahora bien, ¿serían sinónimas, por ejemplo, “sexagenario” y “sesentañero”? Tal vez no. Cuando alguien dice “sesentañero” está usando una connotación adicional. Porque ese término señala a una persona de más de 60 años, sí, pero que muestra trazas juveniles, bien por su espíritu o bien por su forma física. Por el contrario, “sesentón” y “sexagenario” connotan a alguien que ha cumplido las mismas seis décadas… con otra actitud vital.

Quizás pronto convivan en el Diccionario académico “cuarentón” y “cuarentañero”, “sexagenario” y “sesentañero”… Eso sí, para designar realidades distintas: “No es una cincuentona, es una cincuentañera”, aclararíamos. Pero este sufijo amable no llegará por la compasión general. Habrá que ganárselo a pulso.

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