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Los seguidores de las teorías conspiranoicas se sienten especiales, arropados y heroicos

El éxito de Qanon no depende de que se cumplan o no las profecías, sino de la sensación de comunidad y el propósito idealista

Javier Salas
Una partidaria de QAnon en una protesta en apoyo a la policía en Nueva York, el 4 de octubre de 2020.
Una partidaria de QAnon en una protesta en apoyo a la policía en Nueva York, el 4 de octubre de 2020.Andrew Lichtenstein/Corbis/Getty Images (Corbis via Getty Images)

La ciudad entera iba a ser arrasada por una inundación divina. Esa era la profecía que se cumpliría el 21 de diciembre de 1954 y que había llevado a los más devotos creyentes de la secta a vender sus posesiones y a esperar que los platillos volantes los rescataran. Un grupo de psicólogos, comandados por Leon Festinger, vieron una oportunidad dorada de analizar cuál sería la reacción del grupo cuando las naves no llegaran y se infiltraron en él. Tenían una intuición: al llegar la gran decepción, los más fervientes no dejarían de creer e incluso reafirmarían sus dogmas. En efecto: llegado el momento, y tras la confusión inicial, se convencieron de que la divinidad se había conmovido por sus rezos y había detenido el castigo. A partir de aquí se desarrolló el concepto de la disonancia cognitiva: cuando el cerebro se enfrenta a una contradicción de ese calibre entre los hechos y las creencias, o niega los unos, o corrige las otras. Era imposible no recordar el libro de Festinger Cuando las profecías fallan al ver a los miembros de QAnon llorar y lamentarse durante la toma de posesión de Joe Biden como presidente de EE UU. Estaban esperando el arresto de todos los demócratas, pero esos platillos volantes nunca llegaron.

QAnon tiene todos los elementos para ser la primera teoría de la conspiración surgida de las redes que se convierte casi en una religión o un culto sectario, saltando desde los foros más exaltados de Internet hasta familias más convencionales por todo EE UU. Según los especialistas, el éxito no depende de que se cumplan o no las profecías, sino de la sensación de comunidad y el propósito idealista: se sienten arropados y heroicos. En un entorno de incertidumbre descontrolada y tras años de promoción desde las élites de los “hechos alternativos”, los seguidores de QAnon son víctimas de esta explicación simplista que apacigua la inquietud de sus cerebros y que se han propagado sin control en redes y medios. “Viven en su propia “burbuja epistémica que se realimenta, en un narcisismo colectivo de quienes se creen en posesión de la verdad”, según José Manuel Sabucedo, catedrático de Psicología Social de la Universidad de Santiago de Compostela. Y añade: “Se sienten los elegidos, pero al mismo tiempo víctimas de un enemigo que les niega ese reconocimiento que merecen”. Para Carol Galais, investigadora sobre movimientos sociales de la Universitat Autònoma de Barcelona, “hay un elemento emocional muy relevante y diferenciador: la ira, el enfado”. “Se orienta hacia un actor político y hace más probable la coordinación para una acción política, aunque sea tan descabellada como los eventos del Capitolio”, indica Galais.

Su éxito no depende de que se cumplan las profecías, sino de la sensación de comunidad y el propósito idealista: se sienten arropados y heroicos

En un estudio reciente se analizaron los datos de 56 grupos de teorías de la conspiración en Reddit (un foro de Internet) y observaron que el factor determinante para la captación de un nuevo miembro del grupo se da cuando mantiene diálogos con un creyente y vive cierta marginación fuera de estos foros. En ese aspecto, el paralelismo con las sectas es claro: se rompe con la familia al discutir sobre la existencia de Q, por ejemplo, y se sufre un ostracismo que en tiempos de pandemia es especialmente fácil de lograr. “Un factor clave que permite a las sectas aferrarse a sus creencias ante la clara evidencia de que están equivocadas es el apoyo social”, escribe el psicólogo social Jay Van Bavel, de la Universidad de Nueva York. Desde su perspectiva, es poco probable que un solo creyente aislado pueda insistir en sus falsas creencias sobre Q, pero un grupo de seguidores “pueden apoyarse mutuamente y reforzarlas”. Y añade una advertencia: “Las burlas de los no creyentes solo hacen que sea mucho más difícil para los adeptos retirarse del movimiento y admitir que estaban equivocados”.

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Los miembros de la secta que analizó Festinger encontraron una forma de huir hacia delante, y los de QAnon también darán con la forma de resolver sus disonancias cognitivas. “El Elegido ha fallado”, resume Galais. “Previsiblemente, los creyentes se dividirán entre los que seguirán siendo fieles a Trump, al menos un tiempo, y los que dejen caer esta creencia en concreto para salvar la mayor parte del resto del esquema mental Q”, sugiere. Y a la larga, opina, esta será la estrategia hegemónica: Trump no era el elegido. “Pueden sacrificar este elemento de la profecía y salvaguardar su sentimiento de identidad común, así como el resto de creencias”, señala. Sabucedo cree que la idea predominante será la de que lo que hicieron “funciona”, algo que les animará a mantenerse activos, quizá ligados a otros grupos extremistas: “Estuvimos cerca’, pensarán, ‘esta vez no pudo ser porque nos falló el vicepresidente o quien sea, pero no éramos nadie y casi lo conseguimos”.

Sobre la firma

Javier Salas
Jefe de sección de Ciencia, Tecnología y Salud y Bienestar. Cofundador de MATERIA, sección de ciencia de EL PAÍS, ejerce como periodista desde 2006. Antes, trabajó en Informativos Telecinco y el diario Público. En 2021 recibió el Premio Ortega y Gasset.

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