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Javier Gutiérrez: “La monarquía no ha cambiado tanto. Felipe V vivía de espaldas a la calle y lo de Botsuana sucedió en plena crisis”

En ‘La vida breve’, el actor asturiano encarna con Carlos González a la pareja formada por el primer borbón y el ‘castrato’ Farinelli. Reunimos a ambos para conocer los secretos de dos hombres unidos por un destino que no escogieron

Carlos Primo
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Edy Pérez

En 1724 Carlo Broschi, Farinelli, el castrato más famoso de todos los tiempos, llegó a Madrid acudiendo a la llamada de la reina Isabel de Farnesio, que esperaba que su canto aliviase la melancolía de su esposo, Felipe V. No sabemos cómo fue el encuentro entre el cantante de ópera más popular del mundo y el rey más esquivo de Europa. Pero en La vida breve, la serie de época que ya está disponible en Movistar Plus+, Farinelli, al bajarse de la carroza que le ha traído hasta La Granja, espeta al monarca: “¿Estás triste? ¡Perra, no estés triste, que hay que vivir la vida! ¡Perrrra! ¡Me encanta la vida! ¡España!”. El actor Carlos González (Cintruénigo, Navarra, 27 años), encargado de interpretar al divo en la ficción, cuenta este ejemplo de la libertad con la que Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, creadores de la serie, conciben sus proyectos. “Yo había leído sobre Farinelli, había visto la película y me pensaba que era un drama sobre la castración”, recuerda. “Estaba muy emocionado de meterme en unas cosas muy hondas, que me apetecían como actor. Y luego me enteré de que era una comedia y de que querían que interpretara a una estrella, a alguien capaz de llenar el Wizink Center. Así que imagínate, me dieron permiso para hablar en femenino a Felipe V, que era algo impensable”.

El guiño funciona, igual que funcionan los anacronismos y las licencias narrativas de una serie disparatada e inteligentísima que traza uno de los episodios más desconocidos de la historia española: el fugaz reinado de Luis I, que se vio abocado a asumir el trono en 1724 tras la abdicación de su padre, Felipe V, y que falleció de viruela pocos meses después. De ese periodo apenas han quedado registros en los libros de la historia, así que Garrido y Valor (Reyes de la Noche, Días mejores) han llenado los huecos con finísimo humor contemporáneo. En La vida breve los personajes, ataviados con pelucas, tacones, casacas y maquillajes dieciochescos dignos de una gala drag (los looks más espectaculares del vestuario de Helena Sanchís llevan la firma de Ana Locking) hablan con acentos de hoy, se toman el pelo, discuten, se enamoran y, sobre todo, intentan sobrevivir en un entorno tan esperpéntico como la corte del primer borbón que reinó en España. Poco importan las concesiones, los juegos fluyen porque en ellos late un genuino pulso cómico, y también por un reparto a la altura.

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Edy Pérez

A Felipe V, El Animoso —la historia y sus eufemismos— lo interpreta Javier Gutiérrez (Luanco, Asturias, 54 años), que logra explotar el absurdo, la tiranía y la tragedia de un hombre que se llevaba fatal con su destino. “Era un capítulo de la historia de este país que yo desconocía”, reconoce Gutiérrez, que ya interpretó a otro rey (de las ondas, en este caso) para Garrido y Valor y cuya trayectoria combina taquillazos incuestionables —Águila Roja, Campeones, Los Serrano— y papeles de culto —sus dos merecidísimos Goyas por La isla mínima y El escritor—. Para el actor esta historia ha sido un hallazgo: “Sí sabía de un rey enajenado que se paseaba en pelotas por palacio, pero no conocía el detalle. Me sorprendió descubrir que había mucha documentación sobre él. Y me apeteció sumergirme en el personaje y no solo dotarlo de comicidad, sino también buscar esa grieta de oscuridad”.

De Felipe V ha quedado la imagen de un hombre que no quería ser rey y al que la enfermedad mental llevó a vivir aterrorizado por ranas invisibles o por el temor a ser envenenado. “Para empezar, Felipe V ni siquiera hablaba español, no tenía ni papa de nuestro idioma y, eso sí, detestaba España y a los españoles profundamente”, apunta Gutiérrez. “Al mismo tiempo, hasta en el personaje más miserable, hay un punto de luz, una grieta, y nuestro trabajo consiste en encontrarlo. En este caso, no hay que olvidar que Felipe V era un adolescente al que expulsan de Versalles, que era como el Nueva York de la época, y lo traen contra su voluntad a un país hambriento, polvoriento, gris, sucio. Las crónicas cuentan que hubo una avalancha para verlo en persona. Este hombre se encuentra ese panorama, donde él no toma ninguna decisión importante porque las toman otros... Y poco a poco la melancolía se va apoderando de él hasta acabar enajenado”.

En la serie, rodada en localizaciones reales donde vivieron los protagonistas históricos, como los palacios de Aranjuez y La Granja, Leonor Watling da vida a una Isabel de Farnesio que mueve los hilos y Carlos Scholz y Alicia Armenteros al improbable matrimonio de zetas formado por Luis I y Luisa Isabel de Orleans. El guion abunda en dobles sentidos y guiños que no suenan extraños al espectador de 2025. ¿La España de hace 300 años es tan distinta de la de ahora? “La monarquía no ha cambiado tanto”, responde Gutiérrez. “En la serie hay una abdicación de un rey en favor de su hijo, y hablamos de un rey que vive de espaldas a lo que sucede en la calle, ajeno a la miseria y la pobreza que reinaba. Lo de Botsuana sucedió en plena crisis. Hay paralelismos muy interesantes. Y podría parecer que están buscados. Pero no, están ahí. Son parte de nuestra historia”.

“He aprendido a cantar ópera. ¿Te parece poco?”, bromea Carlos Gutiérrez, que se formó durante meses para cantar como Farinelli.
“He aprendido a cantar ópera. ¿Te parece poco?”, bromea Carlos Gutiérrez, que se formó durante meses para cantar como Farinelli.Edy Pérez

Cuando quedamos con los dos actores para fotografiarlos en los jardines del Retiro —por cierto, no muy lejos del teatro donde Farinelli reinó como ministro oficioso de cultura con Felipe V y Fernando VI—, la química entre ambos indica que la sintonía entre el equipo que muestra la pantalla no es parte del guion. Para González, que rompió el cascarón en Maricón perdido (2021), donde interpretaba al creador de la serie, Bob Pop, La vida breve ha supuesto varios retos. “He aprendido a cantar ópera. ¿Te parece poco?”, ríe. No exagera. Aunque en la serie su voz está reforzada por la del contratenor Gabriel Díaz —la banda sonora, por cierto, está a cargo de La Ritirata, un prestigioso conjunto de música clásica con criterios históricos—, el actor se formó en canto durante varios meses para afrontar algunas tomas en solitario, sin refuerzo vocal.

A su vez, Gutiérrez confiesa que su principal reto consistió en “vencer el ridículo que supone verme desde fuera con esas pelucas”, explica. “La primera vez que me vi en las pruebas de maquillaje, peluquería y vestuario, me costó verme. Pero también es cierto que, cuando comienzo un proyecto, muchas veces me domina el síndrome del impostor”. Tal vez no sea casualidad que, más allá de la televisión o el cine, ambos actores coincidan en señalar el teatro como el espacio que más les permite crecer. En la serie, el artificio rococó ejerce la misma función que el carnaval, el clown o los bufones de las cortes barrocas: decir lo que otros no se atreven. A veces hay más verdad en un lunar falso que en una cara lavada. “No me gusta la insistencia en que el actor tiene que ser natural”, apunta González. “Ahora hay un exceso de naturalidad que no entiendo, porque para mí la verdad no consiste en no hacer nada. Si pienso en escenas de mi vida cotidiana o en personas de mi misma familia, de natural tienen poco. Por eso, cuando te pones una peluca, tienes permiso para llenar ese traje, ese exceso. No te puedes quedar en una cosa naturalita”. Farinelli no lo habría dicho mejor.

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Sobre la firma

Carlos Primo
Redactor de ICON y ICON Design, donde coordina la redacción de moda, belleza y diseño. Escribe sobre cultura y estilo en EL PAÍS. Es Licenciado y Doctor en Periodismo por la UCM
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