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Noah Alef, modelo: “Me dijeron que si quería trabajar me tendría que quitar mi ‘peinado de indio”

Triunfar en las pasarelas no ha sido fácil para este joven de 24 años nacido en Bahía que tiene abuelos Pataxó y Kariri-Sapuyá. Hoy, aprovecha su éxito no solo para hacer visible sus orígenes, sino para intentar cambiar el futuro de otros indígenas

El modelo brasileño Noah Alef
El modelo brasileño Noah AlefCedidas por WAY Mo
Marco Antonio Gomes

Sucedió hace más o menos una década: los estudiantes del instituto Mary Rabello, de Jequié, una pequeña ciudad en el estado de Bahía, en Brasil, se preparan para hacer un desfile de moda. En las perchas cuelgan prendas cedidas por las tiendas locales. El equipo de maquillaje corrige aquí y allá alguna espinilla en los rostros de los alumnos. Uno se molesta porque intentan que su pelo, liso y con un corte y un color negro únicos, se asemeje al de los demás. Su nombre es Noah Alef, es un indígena brasileño y siente por primera vez la ansiedad que conlleva ser el centro de atención. Cuando finalmente pisa la pasarela, se libera todos los miedos. Noah acaba de decidir que quiere ser modelo.

Hoy, con 24 años recién cumplidos, se consolida poco a poco en la moda participando en desfiles para marcas de primera línea como Armani y DSquared2, o de vanguardia como Ximonlee. Alef es uno de los escasos representantes de los pueblos nativos brasileños en la industria y el modelo apuesta por destacar los rasgos físicos que durante mucho tiempo intentaron que disfrazara. “Cuando entré en la moda sentí que tenía el derecho de mostrar mi identidad”, afirma, luciendo el corte de pelo tradicional de su etnia. Durante la entrevista, reivindica el término originario para definir a su pueblo y bromea: “El brasileño tiene fama de ser guapo, pero nosotros somos los brasileños originales”.

Alef siempre conoció sus orígenes, pero no tuvo contacto con su propia cultura durante su infancia. “Es muy común que los indígenas no hablen de su identidad por miedo a la persecución”, explica. Su abuelo pertenecía a la etnia Pataxó, y su abuela a los Kariri-Sapuyá. Alef cree que su bisabuelo fue el primero de su familia que fue obligado a abandonar sus tierras y se estableció en Jequié. “Los pataxós son nómadas, solo se establecen en un lugar si están obligados”, explica. El fallecimiento de su bisabuelo antes de que él naciera y la situación económica de su familia complicaron sus intentos de investigar sus ancestros. “No tenía ni las condiciones ni la madurez para entender todo lo que significaba. Solo logré reconectar con todo ello cuando me convertí en modelo”, explica.

Sus inicios en la moda no fueron fáciles. Tras reunir dinero trabajando en diversos empleos en su ciudad natal, se fue a probar su suerte en São Paulo, el epicentro de esta industria en Brasil. A pesar de la escasez de ofertas, perseveró. “Tuve que aceptar muchos trabajos para sobrevivir, incluso pasé hambre”, recuerda. Pasó por la construcción civil, vendió boletos para rifas e incluso se disfrazó de oso de Coca-Cola hasta lograr un empleo de barman, en el que fue víctima de comportamientos racistas: “En las fotos para la web, yo era el único al que se le exigía que se cortara y cambiara el pelo. Una vez se me olvidó y me regañaron. Dijeron que si quería trabajar en São Paulo, me tendría que quitar mi ‘peinado de indio”.

Aunque otros modelos le animaban por su perfil único, Noah siente que la industria todavía estaba en un momento “antiguo”: “Entonces no se buscaba tanto la diversidad, aún no le daban tanto valor”. La escasez de proyectos se acentuó con la llegada de la pandemia, y le llevó de regreso a su ciudad natal. Sin embargo, lo que parecía el fin de su carrera se transformó en una oportunidad: empezó a publicar en TikTok y allí fue descubierto. La red social, donde hoy tiene más de 1,6 millones de seguidores, le proporcionó el contacto de Vivaldo Marques, un scout especializado en diversidad.

El modelo encuentra hoy cada vez más espacio en las pasarelas. Insiste en mantener su peinado tradicional y siempre intenta incluir un pendiente de plumas o un collar de cuentas, elementos que demuestran que lucir sus raíces va mucho más allá de la belleza: “Quiero romper con el estereotipo del indio, de como piensan que es mi pueblo hoy. Todavía se cree que vivimos como hace 500 años”, señala. Noah también quiere inspirar a otros indígenas: “Mi representación es parte de un proceso de redescubrimiento de la cultura”, explica. “Quiero que el orgullo que tengo hoy también lo sientan otros indígenas que quieran ser modelos”.

Alef celebra la visibilidad que le ha dado su trabajo, pero señala que “hay mucho camino por recorrer”. “Todavía no veo un ambiente diverso de verdad, los castings tienen poca gente diferente. A veces parece que están cumpliendo una cuota”. Mientras reconoce que la industria ya busca la diversidad, no cree que lo haga “de la manera más correcta”. “La búsqueda no es por un perfil diverso, sino por un estereotipo. No basta solo tener modelos que representen una diversidad, hay que ser realmente diverso en sus creaciones y representaciones”, destaca. Para él, las evidencias son claras: “No veo mucha gente diversa estampando tiendas con su cara”, cuestiona.

Aunque haya ocurrido tarde, el modelo se alegra de haber podido reconectar con sus orígenes. “Al fin creé otra familia con mi pueblo, amo a todos. Ellos me apoyan y creen que hago lo correcto, que les traigo algo positivo”, afirma. “Me emociono casi todas las veces que voy allí y siento la energía del lugar, escucho las historias, me siento libre, en casa. Suelo ir a la Reserva da Jaqueira, donde viven muchos pataxós. Tengo mucho cariño por el Cacique Syratã”. Preguntado por qué se identifica con el pueblo de su abuelo, y no el Kariri-Sapuyá de su abuela, Alef explica: “Son muy pocos, virtualmente desaparecieron, fueron asesinados por granjeros o abandonaron por la fuerza su territorio. Aquellos que no quisieron irse, murieron”.

La colonización y los conflictos por tierras han provocado la continua exterminación de los pueblos indígenas en Brasil desde la llegada de los portugueses. Aunque iniciativas desde los años ochenta invirtieron la tendencia de caída de población, los pueblos originarios brasileños aún sufren violencia y ocupación territorial y forman tan solo un 0,83% de la población actual. Brasil ha experimentado un aumento de muertes en las últimas dos décadas, con un 10% de los indígenas fallecidos en los últimos 20 años y un 40% en los últimos cuatro. La región de Alef es conocida por conflictos territoriales debido a la riqueza de su suelo.

Actualmente, las comunidades indígenas enfrentan la propuesta de ley del “marco temporal”, que limita las tierras indígenas a los territorios definidos en 1988, en la fecha de publicación de la constitución brasileña. En caso de su aprobación, todos los territorios definidos después de esta fecha serían arrebatados a los pueblos indígenas que los ocupan hoy. Los ruralistas siguen presionando por su aprobación, aunque el Tribunal Supremo la haya definido como inconstitucional y el presidente Lula haya vetado muchos puntos de su texto. Noah participó en protestas en contra de esta ley.

Alef lamenta que aún sufra discriminación en un país mundialmente reconocido por su diversidad. “Es muy común que la gente me vea por la calle y me haga ruidos como los indígenas de las películas western”, cuenta. Denuncia que aún hay regiones en Brasil donde se mata a los indígenas, y opina que la colonización intentó borrar su cultura por motivos prácticos: “Nosotros somos un obstáculo para quien quiere explotar la tierra, somos defensores de la tierra”, explica el modelo. “Cuando era joven no lo entendía, pero hoy reconozco la lucha de mi pueblo y estoy orgulloso de ella”.

El modelo destaca que muchas marcas ya usan estéticas, colores y motivos indígenas. Un ejemplo reciente incluye la casa francesa Dior, que colaboró con nativos mixtecas para su colección Crucero 2024: “Me encanta el trabajo de Dandara Queiroz y Emily Nunes por ejemplo, que también son indígenas y brasileñas”. Sin embargo, sostiene que la mayor contribución indígena es “la vida”: “Luchamos constantemente por el derecho a vivir, no solo el nuestro sino de todos. Eso se aplica a toda la naturaleza. Tenemos una visión muy sostenible de cómo se deben hacer las cosas, y creo que todo el mundo podría beneficiarse de eso”.

Alef planea seguir desfilando y representando a su cultura en todas las pasarelas posibles: “Quiero que, gracias a mí, otros puedan llegar. Cuando empecé en la moda no había nadie con quien pudiera identificarme”. Además, desea que su influencia no se limite solo a los indígenas: “Soy de una familia que no tiene mucho dinero, soy de barrio. Quiero que los jóvenes vean que hay más opciones que la delincuencia”.

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