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La policía de Brasil apunta que un antiguo empleado mató al chef español y a su esposa por venganza

Los agentes buscan a un antiguo guarda que escondía armas y drogas en la isla de Bahía donde la pareja regentaba un restaurante

El chef español David Peregrina Capó y su esposa, Érica da Silva Santos, en el restaurante Ilha dos Ribeirinhos, en Porto Seguro, una localidad turística en la costa del Estado brasileño de Bahía, en 2023.
El chef español David Peregrina Capó y su esposa, Érica da Silva Santos, en el restaurante Ilha dos Ribeirinhos, en Porto Seguro, una localidad turística en la costa del Estado brasileño de Bahía, en 2023.ILHA DOS RIBEIRINHOS

El asesino del chef español David Peregrina Capó, de 53 años, y de su esposa, la brasileña Érika da Silva Santos, de 38, sigue suelto, pero la Policía Civil de Porto Seguro ha anunciado este viernes su identidad, desvelado que perpetró el brutal crimen por venganza y ordenado su búsqueda y captura. Los investigadores han llegado a la conclusión de que Eliandro Loureço Menezes, al que el cocinero dejó hace unos años al cuidado de la isla fluvial donde vivía la pareja mientras Peregrina viajaba a España, donde fue juzgado y condenado por fraude, los mató después de que este incumpliera la promesa de regalarle parte del terreno, ha explicado en conferencia de prensa el comisario Euler Gonçalves.

Menezes, que tenía antecedentes como atracador de bancos, y algunos de sus parientes “usaban la isla para esconder drogas y armas”, según el jefe policial. Mientras el español estaba en Mallorca cumpliendo condena, “Eliandro estaba cuidando de la isla como si fuese un casero y, por lo que hemos averiguado, existía un acuerdo entre David y Eliandro de que le daría parte de la isla, pero ese acuerdo fue incumplido. Como Eliandro usaba la isla como escondite, huyó y el acuerdo no se cumplió y David y Erika continuaron con sus vidas”, ha detallado Gonçalves.

El supuesto asesino, apodado Pai da mata (padre del bosque), está prófugo y existe una orden de detención contra él. En 2015, la policía encontró drogas ocultas en el terreno de la pareja y en 2017 hubo otra operación policial.

Eliandro Loureço Menezes, tras ser detenido por la policía.
Eliandro Loureço Menezes, tras ser detenido por la policía.Divulgación

La isla y su ubicación —en plena ruta del narcotráfico en uno de los Estados más violentos de Brasil— se perfilan como elementos clave de un crimen que la policía brasileña desvincula de las condenas de estafa que pesaban sobre el español. El antiguo empleado de banca huyó a Brasil, en concreto a Porto Seguro, una ciudad cercana al lugar de nacimiento de su mujer, durante un permiso carcelario.

La Policía Civil cree que el español compró la isla por un millón de reales (190.000 euros) con parte del dineral que estafó al banco en el que trabajaba. El terreno y el resto de las propiedades de las víctimas están a nombre de la mujer, según uno de sus allegados.

La pareja, que vivía y regentaba un restaurante sobre una isla fluvial en una zona apartada de uno de los destinos más turísticos de Brasil, fue brutalmente asesinada a tiros el 23 de noviembre. El doble asesinato conmocionó a sus allegados y al resto de la ciudad por la crueldad exhibida por el autor. Y mayúscula fue la sorpresa para casi todos sus amigos y conocidos descubrir, cuando la pareja ya estaba enterrada, que el chef especializado en paellas era un prófugo de la justicia española. Sus delitos prescribieron en 2020.

El comisario también ha detallado que un hijo del principal sospechoso del crimen se presentó en comisaría este jueves acompañado de un abogado y aseguró a los investigadores que su padre le había confesado el doble asesinato y que no tenía ninguna intención de entregarse. El hijo fue detenido como supuesto cómplice, pero ha presentado testigos para apoyar su coartada.

Las pesquisas policiales apuntan a que, pese a los años transcurridos, Menezes decidió regresar a cobrar aquella deuda en vista de la visibilidad que estaba logrando el restaurante de la pareja. Un local llamado Os Ribeirinhos, y ubicado en un entorno idílico. Peregrina y Santos, que solo recibían clientes con reservas, estaba buscando inversores para ampliar el negocio y querían vender una parte de la isla.



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