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Hovik Keuchkerian, nominado al Goya: “Mi soledad me fascina. No tengo pareja y cada vez me gusta menos estar con gente”

El actor protagonista de ‘Un amor’, la película de Isabel Coixet que ya le ha valido su primera Concha de Plata, fantasea con pasarse a la dirección

Hovik Keuchkerian, El Alemán en 'Un amor', desafiante al futuro y a la cámara de ICON.
Hovik Keuchkerian, El Alemán en 'Un amor', desafiante al futuro y a la cámara de ICON.Antonio Macarro

Nat, la protagonista de la novela Un amor, de Sara Mesa, describe físicamente al hombre con quien se cruza en un pueblo perdido, El Alemán, quien le atrae inexplicablemente, con cierto desprecio. “No es alemán ni tiene el aspecto que se le supondría a un alemán según la caricatura –claro está– del germánico, alto, rubio y fuerte. Al revés, ese hombre es menudo y oscuro, y tiene el pelo ralo contradas. Su nariz ancha y fea, el bigote que se curva hacia abajo y las gafas de miope no lo hacen precisamente exótico, sino al revés, rematadamente local”. Nat trata de comprender así por qué le está dedicando medio pensamiento a este hombre, alguien en quien ella no se habría fijado nunca.

Ahora, miren la foto que tienen a la derecha. Hovik Keuchkerian (Beirut, 51 años) quizá tampoco pasaría por el arquetipo alemán. No es menudo, ni tiene el pelo ralo, ni bigote, ni lleva gafas. Sí, es alto. Y sí, fuerte. Su conocido pasado de boxeador le precede. También su físico y su carácter directo, como un gancho que no ves venir, le hace exótico dentro del cine y televisión españoles. Y a la vez, con un buen puñado de celebrados títulos ya en su haber (las series Hispania, Isabel, Antidisturbios o La casa de papel; las películas Alacrán enamorado o Toro), es ya rematadamente local. Quizá por eso, Isabel Coixet le eligió para interpretar a este inesperado e impensable amante de la Nat de Laia Costa en su adaptación de Un amor. “Creo que ya desde las primeras reuniones Isabel dijo: ‘El alemán es el Antidisturbios”, explica y ríe a pocas horas del que fuera el estreno mundial de la película en el festival donostiarra, de donde salió con su primer gran premio en cine, la Concha de Plata, precisamente por este alemán, llamado Andreas, con el que, más allá de las apariencias, encontró muchísimas similitudes.

“Leí la novela y me vi en muchas cosas”, admite, no sin un deje socarrón. Por ejemplo, asegura tener las cosas tan claras como Andreas “a la hora de entender la vida”. “Yo vivo en un pueblo fuera de Madrid, apartado, aunque nunca vives del todo apartado porque somos seres sociales. Nunca estás aislado porque vives contigo mismo y tu soledad; y a mí mi soledad me fascina. No tengo pareja, he tenido pocas parejas, cada vez me gusta menos estar con gente, amo mi trabajo, me gusta estar con los equipos, pero no me toques mucho las pelotas, porque yo no te las estoy tocando a ti. Estos 56m2 de terreno son mis 56m2, si quieres, planta patatas en los otros 56 metros cuadrados, aquí no me toques los cojones”, dice casi sin respirar. Para poco después admitir: “Yo a veces también puedo tocar los huevos”. Pero de manera constructiva, apostilla.

Hovik Keuchkerian
Antonio Macarro

También comparte pasado migrante con Andreas. Coixet incluso adaptó el origen del personaje, haciéndole armenio en honor a Hovik (de madre navarra, padre armenio, conocidos en Beirut, de donde él salió cuando tenía tres años por la guerra y se instalaron en Alpedrete, donde ha vuelto ahora a vivir consigo mismo y su soledad). Y ambos tienen ese misterio y peso de alguien en el que se intuyen muchas vidas anteriores. Fue campeón de kickboxing, seguridad de El canto del loco… Ahora es poeta, monologuista, actor. Una profesión que, como él mismo repite, se le cruzó por la vida cuando tenía 37 años, “y es solo una vida más” de las muchas que tendrá.

Aunque, por la vehemencia con la que habla de sus proyectos (y todo lo que tiene por estrenar, como la serie Reina Roja o la secuela de El hoyo), parece que a esta vida de actor le queda mucho por vivir. Hovik es “el de Antidisturbios” para Coixet y, probablemente, para gran parte de la audiencia e industria, porque Antidisturbios, la serie de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, en la que interpretaba a Salva, el líder del furgón policial, por la que se hartó de recoger buenas críticas y premios hace tres años, marcó un antes y un después en su carrera. “El día que terminamos, lo dije muy emocionado: ‘Soy mejor, soy mejor actor”, recuerda. Allí descubrió el valor del buen director. “Alguien como yo, que basa su proceso en el arte de la repetición, en repetir una y mil veces tus líneas, porque si tiras un directo de izquierda mil veces lo vas a tirar bien y si lo tiras un millón de veces vas a tener un directo de izquierda que va a ser un cañonazo –explica siempre echando mano del ring–, el elemento en la ecuación que varía es el director. Es de cajón. Cuando terminé Antidisturbios, tomé conciencia por primera vez de la importancia real de un director. Es que yo no tengo pelos en la lengua. Es decir, no es que los demás sean malos, pero Sorogoyen…”. Y corre a decir que lo mismo con Coixet. El rodaje de Un amor sería el tercer pilar.

Y el primero, dice, es el monólogo Un obús en el corazón, dirigido por Santiago Sánchez, que le hace “mejor persona”. Los tres son esa clase de proyectos sanadores que le han sacado de momentos oscuros, como tanto ha compartido, y que, sobre todo, le están indicando el buen camino en esta profesión sobre la que tiene opiniones clarísimas. Por ejemplo, mejor si el personaje y la historia te gustan: “Pero si el personaje no me gusta y me pones dos melones encima de la mesa te hago un personaje que flipas”. O “Siempre digo que un actor debe saber escribir, debe poner en palabras lo que siente”, que suelta para explicar que él escribe un cuento alrededor de cada uno de sus personajes. Porque, claro, Hovik también es escritor. O siempre lo fue. Con Hovik, en algunas cosas, no hay una cronología lineal. Porque se pueden superponer capas y vidas sobre este hombre que ya está rumiando añadir otra: la de director. “Lo confieso, después de rodar Un amor, no es que lo tenga en la cabeza, no lo voy a hacer ya, pero por primera vez vi que es factible”. Y si él lo dice… Como él mismo exclama sobre este alemán por el que le veremos de nuevo en los Goya: “Si es el único de todo el puto pueblo que tiene las cosas claras”. Pues eso.

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