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Carlos Bardem: “Aceptar un proyecto tiene bastante que ver con la facilidad que tenga esos meses para pagar el alquiler”

El actor madrileño repite poniendo voz a ‘The Sandman’, la novela gráfica de DC Comics recién adaptada por Netflix. El relato le ha servido para poner a punto sus propios valores y entender, en la medida de lo posible, la sociedad actual

El actor Carlos Bardem en el estudio Eva Tecnison en Madrid, el 30 de noviembre de 2022.
El actor Carlos Bardem en el estudio Eva Tecnison en Madrid, el 30 de noviembre de 2022.Luis Sevillano

Ha vivido seis décadas bajo el amparo del apellido más lustroso del cine español, pero a Carlos Bardem (Madrid, 59 años) la actuación nunca se le antojó como un gremio idealizado. Lejos de la abundancia en la que tantos envuelven esta industria, él se crio viendo cómo su madre, la inolvidable Pilar Bardem (fallecida el 17 de julio de 2021), encadenaba un trabajo tras otro y no pudo pagar la luz muchos meses de su vida. “El reconocimiento le llegó tarde, y con ello también la estabilidad económica. Llegué a verla dormir tres horas diarias y pasándolas canutas para pagar la luz. Otros niños se quedaban en casas de abuelos o guarderías, pero ella no tenía dónde dejarnos y pasé gran parte de nuestra infancia en camerinos y rodajes. Algo se nos debió pegar de todo aquello”, bromea. “No tuve jamás por glamurosa esta profesión por razones evidentes”. Aunque su hermano, Javier Bardem, comenzó a flirtear con las cámaras a los cinco años, Carlos no debutó hasta la comedia Más que amor, frenesí. “Era el año 1996 y yo cumplía 33 años, no es lo que se dice un debut temprano. Pero para entonces ya supe que, por encima de aquello, lo mío era contar historias”, recuerda en una conversación con EL PAÍS.

El actor madrileño lo hace —literalmente— en el tercer acto de The Sandman, la trilogía de Neil Gaiman que Netflix adaptó el año pasado y que Audible acaba de publicar en ficción sonora con Carlos Bardem en el papel del narrador. “He de confesar que no conocía la novela, pero me enganché a raíz de poner voz en la primera entrega. Me gustó por la capacidad de crear mundos de Gaiman, con referencias culturales tan diversas y distanciadas en el tiempo, conectando lo imposible. Es capaz de aludir a Shakespeare, a Jesucristo y a la mitología clásica, en un mismo plano y sin sonar inverosímil. No es poca cosa”, razona.

Bardem ya se aventuró en lides similares cuando la misma empresa (propiedad de Amazon) le propuso poner voz a su novela Mongo blanco (Plaza & Janés, 2019), un libro que trufa su faceta de escritor junto a Muertes ejemplares (1999), Alacrán enamorado (2009) y la reciente El asesino inconformista (2021). “Sin embargo, la gran diferencia con aquel audiolibro es que era hacer una lectura simple de mi propia novela, aunque me acordé del padre del que escribió esas 627 páginas”, cuenta entre carcajadas. “En la ficción sonora actúas con el dramatismo del cine o teatro. Me gusta más esto último por la riqueza y complejidad que tiene, porque puedes jugar a llevar la historia por una u otra intensidad”. En The Sandman el personaje de narrador es quien lleva el peso del relato, y en su versión inglesa fue el propio Gaiman el encargado de poner voz a las tres entregas.

Carlos Bardem frente al micrófono en el estudio Eva Tecnison, en Madrid, el pasado mes de noviembre.
Carlos Bardem frente al micrófono en el estudio Eva Tecnison, en Madrid, el pasado mes de noviembre. Luis Sevillano

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid y ávido lector por simple imitación a su padre —“cogía los libros que él terminaba y me sentaba junto a él tardes enteras”—, su primer relato fue un cuento sobre un niño que jugaba en el parque y escuchaba un timbre. “Aquello le llevaba a otro lugar, y así sucesivamente, y yo solo quería que aquello no acabara nunca”, recuerda. Décadas antes de triunfar en la pantalla con éxitos como Celda 211 o Alacrán enamorado, ya escribía compulsivamente, movido también por sus convicciones. “Nunca he escrito para dar respuestas, más bien para hacerme preguntas. En el caso de la novela Mongo blanco, por ejemplo, me llamaba la necesidad de entender el mal en el ser humano. La relación más ruin que puede existir entre dos personas es la de esclavitud, y conseguí toparme con el personaje de Pedro Blanco: un negrero malagueño de la primera mitad del siglo XIX que hizo negocio como nadie en España. Era el monstruo canónico perfecto para representar esa maldad que tan bien describió Hannah Arendt”.

La investigación de aquel tomo —y su brutal acogida— le hizo sacar conclusiones como la enorme ignorancia de muchos sobre la herencia esclavista de España. “A los españoles se nos ha contado siempre que los negreros eran los demás, que los esclavos tenían el aspecto de Kunta Kinte y que aquello era una cosa de los que habitan al otro lado del Atlántico. Lo que muchos no sabrán es que España fue el último país del primer mundo en abolir la esclavitud, y el penúltimo del mundo solo antes que Brasil”.

Con el contraste entre su dicción veterana y la actitud fresca de un novato, Bardem salta entre ideas y ejemplos, parando en el timón de Artur Mas, expresidente de la Generalitat de Cataluña, que en un lustro de mandato no descolgó nunca un timón de barco de sus paredes. “Lo que no sabrán muchos es que el timón era del Sebastiana, un velero de su abuelo cuyos ancestros fueron negreros de Torredembarra. A él le pareció un recuerdo entrañable, pero hay un hilo claro entre muchos de estos hombres y las grandes fortunas actuales de Cataluña. Por no hablar del resto de España”, avanza arqueando la ceja.

Su trayectoria, razona, es un cúmulo de lo contrario: “El escritor Rafael Chirbes decía en sus diarios que la verdadera creación siempre va unida a la ética, y yo he intentado siempre escribir cosas que a mí me gustaría leer”. Con el cine y la televisión, dice, se suman otros factores: “Está todo en el guion: ninguna serie o película podrá triunfar, aun teniendo los mejores actores del mundo, si el texto es malo. Pero tampoco tengo problema en decir que aceptar un proyecto tiene bastante que ver con la facilidad que tenga esos meses para pagar el alquiler”, zanja sonriendo.

"Ninguna serie o película podrá triunfar, aun teniendo los mejores actores del mundo, si el texto es malo", explica Carlos Bardem.
"Ninguna serie o película podrá triunfar, aun teniendo los mejores actores del mundo, si el texto es malo", explica Carlos Bardem.Luis Sevillano

Por uno u otro motivo, suma una filmografía reciente digna de envidia. En Echo 3, la serie que Apple TV+ estrenó en noviembre del pasado año, interpreta a un coronel del ejército colombiano, rodando de Bogotá a los bosques de Cartagena. En abril grabó la adaptación del cómic American Jesus, de Mark Millar, para Netflix. Y días después de esta charla, se embarcó rumbo a República Dominicana para la película Tábula rasa, junto a Macarena Gómez, Amaia Salamanca y Pedro Casablanc.

Han sido tres años de actividad formidable —con papeles de tantos colores como acentos—, aunque marcados enormemente por la marcha de esa mujer que le llevó a sus rodajes en jornada escolar. “Si algo he aprendido con la muerte de mi madre es que el duelo es una herida que no aminora, y que el tiempo es incapaz de mitigar o justificar. Yo la echo de menos a diario, y sé que así será hasta el día que me toque a mí”. Por el camino, promete seguir haciéndose preguntas en forma de relatos: “El mundo está cambiando de una manera muy profunda, y me causa mucho estupor la resistencia de los viejos monstruos a morir. El rebrote de los discursos periclitados, basados en el odio, el racismo, la homofobia o el machismo. Me asombra que todavía tengan tantos y tan grandes altavoces, que la información sea espectáculo y el clickbait su herramienta, pero me gusta mirar las cosas en ciclos más largos, en las corrientes de fondo. Animo a hacer lo mismo a los demás, porque las cosas están cambiando y si algo tengo claro es que ningún tiempo pasado fue mejor”.

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