Frialdad y una brecha incurable: ni el Jubileo ni Lilibet lograron acercar a Guillermo y Enrique de Inglaterra

Según familiares, amigos y medios cercanos a la familia real británica, los hijos del príncipe Carlos apenas compartieron tiempo ni acercaron posturas durante las celebraciones por los 70 años en el trono de Isabel II

Guillermo y Enrique de Inglaterra, duques de Cambridge y Sussex, caminan juntos para desvelar una estatua de su madre, Diana de Gales, el 1 de julio de 2021 en Londres.
Guillermo y Enrique de Inglaterra, duques de Cambridge y Sussex, caminan juntos para desvelar una estatua de su madre, Diana de Gales, el 1 de julio de 2021 en Londres.Yui Mok (Cordon Press)

Las celebraciones del Jubileo de Platino para conmemorar los 70 años de Isabel II en el trono de Inglaterra han dejado estampas de grandes festejos, alegría y unión entre los miembros de la familia real británica. Sin embargo, pese a esa imagen algo idílica —que es precisamente la que la institución pretendía transmitir— en la cuestión más personal ha quedado un cierto regusto amargo para algunos de sus miembros. La expectación por el regreso de Enrique de Inglaterra y Meghan Markle al Reino Unido era grande pero, tras la foto de la pareja y su única aparición, un tanto descafeinada, los comentarios acerca de su presencia en el país y del posible acercamiento con la familia real se difuminaron.

Sin embargo, con las celebraciones ya acabadas y cuando han pasado algunos días desde el regreso de los duques de Sussex a California, donde viven desde hace dos años, los analistas conocedores de la familia real británica han ido dando detalles de cómo ha sido este fugaz retorno de la pareja al país natal de Enrique y de las relaciones, pocas, que han tenido con el resto de su familia. En especial, los medios destacan la frialdad con su hermano Guillermo. En público no les vio juntos, ni siquiera cerca, en ninguna de las celebraciones: el jueves en Buckingham Enrique y Markle no estuvieron en el balcón; el viernes en la misa de San Pablo entraron y salieron en distintos momentos y se sentaron en zonas ampliamente separadas de Guillermo y Kate Middleton; y ni el sábado acudieron al concierto en palacio ni el domingo al desfile (de hecho, ese mismo día decidieron volver a Estados Unidos), actos en los que sí estuvieron el resto de miembros, de más o menos alcurnia, de la familia real.

Sus agendas, sus compromisos y sus vidas privadas, ya muy distintas, separaron el camino de los hermanos durante ese puente. Ahora Mike Tindall, esposo de Zara (que es la hija de la princesa Ana y, por tanto, nieta de la reina Isabel) ha desvelado en una entrevista que el jueves, tras el saludo del balcón, hubo un almuerzo que reunió a “los primos”. “¡Ese sí que fue uno de los momentos estrella!”, ha contado en un podcast el exjugador de rugby. La relación entre los ocho nietos de Isabel II siempre ha sido muy estrecha. Los seis mayores —Zara y Peter, hijos de Ana; Guillermo y Enrique, de Carlos; y Eugenia y Beatriz, de Andrés—, de edades similares (de los 44 de Peter a los 32 de Eugenia) mantienen fuertes lazos, de ahí su almuerzo en palacio. Pero parece que ni siquiera entonces los dos hijos de Carlos y Diana llegaron a coincidir: o no estuvieron todos, o los duques de Sussex se ausentaron, o Guillermo y Kate encontraron en su condición de segundos en la línea de sucesión al trono una justificación idónea para marcharse a otro compromiso.

Algunos tabloides británicos y medios ya adelantaron antes de que comenzaran los festejos que los hermanos probablemente no se encontrarían en privado, pero las informaciones de los últimos días parecen dejarlo ya claro. Ahora, incluso el diario británico The Times afirma que los hermanos no pasaron “ningún tiempo” juntos en privado, y que sus cinco niños (Jorge, Carlota y Luis, por parte de Guillermo; y Archie y Lilibet, de Enrique) no llegaron a juntarse y que, por tanto, no se conocen.

Sobre todo lo ocurrido el sábado, cuando se celebraba el primer cumpleaños de Lilibet, la hija menor de Enrique y Markle, marcó la distancia entre ambos. Hubo felicitación de Guillermo y Kate en su perfil de Twitter, pero sin fotografía de la pequeña; no había ninguna de ella que pudieran utilizar, porque no la han conocido. Ese día los padres de la benjamina celebraron una fiesta en Frogmore Cottage, la casa de 10 habitaciones cercana al castillo de Windsor de la que se marcharon en la primavera de 2020, y entre los invitados no estaban los duques de Cambridge, puesto que tenían un compromiso por el Jubileo en Cardiff junto a sus dos hijos mayores. De hecho, en las imágenes difundidas por los duques de Sussex no aparecen miembros de la familia real. Y tampoco se llegó a difundir (ni probablemente tampoco a tomar) una fotografía de la reina junto a su bisnieta. El sustancioso acuerdo firmado por la pareja con Netflix hace temer a los Windsor que cualquiera de sus gestos con ellos quede retratado en un futuro documental.

Lo que los medios y expertos británicos de todo tipo reseñan estos días es que Enrique se ha sentido sorprendido por la actitud distante y fría de su hermano, mientras que la de su abuela ha sido “de amabilidad, compasión y perdón”. Guillermo de Inglaterra, tercero en la línea de sucesión al trono británico, no termina de perdonar las acusaciones vertidas por su hermano contra la familia, a la que llegó a acusar de racista. Una situación que deja en evidencia la ruptura de relaciones de dos hermanos que durante años, y sobre todo tras la pérdida de su madre, estuvieron profundamente unidos y a los que ahora el tiempo, la distancia y las circunstancias no están ayudando a volver a juntar.

Sobre la firma

María Porcel

Licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual, es Máster de la Escuela de Periodismo UAM-El País, lleva más de una década vinculada a EL PAÍS. Ha pasado por Cadena Ser, SModa y El HuffPost, donde implementó la estrategia de Redes Sociales y trabajó en la sección de Tendencias. También ha escrito para Vanidad, Business Insider o Marie Claire.

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