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Quincy Jones, el productor musical que reinó en el siglo XX y tuvo que comer ratas de niño

Ha ganado 27 premios Grammy y un Oscar, con 87 años se publica en España una autobiografía en la que habla de su dura infancia, de su madre enferma mental, y de cómo alcanzó el éxito

El productor Quincy Jones, en una gala celebrada en el hotel Four Seasons de Los Ángeles en febrero de 2020.
El productor Quincy Jones, en una gala celebrada en el hotel Four Seasons de Los Ángeles en febrero de 2020.getty
Maite Nieto

Pocas personas en el mundo pueden ser conocidas por una única letra. Una de ellas es Quincy Jones, Q, el productor musical más poderoso del siglo XX, el amigo de Martin Luther King, el productor de Michael Jackson, el hermano que Frank Sinatra nunca tuvo, y también el niño que creció en Kentucky y al que su abuela paterna, que fue esclava, alimentaba con lo único que tenía disponible: ratas fritas.

Ahora, con 87 años, el compositor, director, arreglista y productor estadounidense, publica en España una autobiografía que ha salido a la venta este lunes, Q, autobiografía de Quincy Jones, en la que habla de sus andanzas musicales pero en la que también repasa su dura infancia y la relación que le ha unido a mitos de la música como Frank Sinatra o Michael Jackson, entre otros.

Quincy Jones nació en Chicago el 14 de marzo de 1933 y lo que se conocía hasta ahora de sus primeros años se limitaba a que era hijo de Sarah Frances y del jugador de béisbol Quincy Delight Jones, que se trasladó a vivir a Bremerton, un suburbio de Seattle, cuando tenía 14 años y que allí comenzó a tocar la trompeta en clubs de soul. Ahora también se sabe por lo que él mismo ha relatado que se crió junto a su hermano pequeño, Lloyd, con su abuela paterna que fue esclava en Louisville y que sus primeros años de vida fueron todo menos sencillos. La precariedad en la que vivían les hizo comer ratas fritas cuando no hubo otra cosa que llevarse a la boca y que su madre, Sarah, sufrió una enfermedad mental que marcó la vida del productor. Antes de unirse a su padre, ella ya tenía tres hijos de una relación anterior y durante años estuvo entrando y saliendo de hospitales psiquiátricos debido a la esquizofrenia que padecía. Una enfermedad que condicionó la vida de sus hijos, entre ellos el famoso productor musical que, según relata, no pudo tener una relación cercana con ella hasta que no fue un adulto.

A pesar de la dureza de algunas de las situaciones que vivió, Jones era un genio precoz que encontró en la música su mayor destreza. Comenzó a tomar clases de trompeta en la escuela y a los trece años, según explica en sus memorias, ya realizó arreglos para el trompetista Clark Terry y dos años después despertó el interés del pianista Lionel Hampton, una relación que se truncó porque la esposa de este último le negó que formara parte de la orquesta hasta que terminara el colegio. Sus dotes naturales le hicieron tocar el cielo de la música y salvarse de un destino incierto a causa de una infancia al borde de la ley y del dolor que supuso la locura de su madre.

Quincy Jones y el cantante Frank Sinatra trabajando juntos en 1964.
Quincy Jones y el cantante Frank Sinatra trabajando juntos en 1964. getty

En su historial de creaciones aparecen nombres tan conocidos como Ray Charles, Frank Sinatra, Dinah Washington, Sarah Vaughan o Count Basie y también otros relacionados con el cine, como los del director Steven Spielberg o el actor Will Smith, ya que ha compuesto las bandas sonoras de películas como El prestamista, A sangre fría, En el calor de la noche o El color púrpura y fue el productor de la famosa serie El príncipe de Bel-Air . También temas musicales para títulos televisivos como Ironside, Sanford and son o El show de Bill Cosby. Ha ganado 27 premios Grammy y un Oscar entre otros galardones, pero también un récord de momento imbatido: ser el productor del álbum más vendido de todos los tiempos, Thriller, de Michael Jackson.

También a su influencia se debe que en 1985 algunos de los principales artistas estadounidenses de la época se pusieran de acuerdo para grabar una canción que se ha convertido en himno, We are the world, y que entonces sirvió para recaudar dinero para las víctimas del hambre en Etiopía. Publicó las revistas Vibe y SPIN y en 1990 creó Quincy Jones Entertainment en una inversión junto a Time Warner.

Pero al margen de sus logros musicales y en los negocios, de haber convertido en actriz a la comunicadora Oprah Winfrey en la película El color púrpura y haber acumulado una fortuna que se calcula en más de 400 millones de dólares (casi 330 millones de euros), el músico confiesa en sus memorias que nunca intentó perseguir la fama. “Uno se topa con ella, así de simple. Disfruté de las mismas cosas buenas que Sinatra o que Basie o Smelly (el apodo que utiliza para Michael Jackson, pero sin las complicaciones que ellos conlleva. Cuando la fama te alcanza, más vale estar preparado. Luego, cuando llueve, a mojarse y punto”, afirma en el libro que ahora aparece en España y cuyo primera edición apareció en Estados Unidos en 2001.

Desde la izquierda, Quincy Jones, Dionne Warwick, Stevie Wonder y Lionel Richie, durante la gala de los Premios Grammy de 1986.
Desde la izquierda, Quincy Jones, Dionne Warwick, Stevie Wonder y Lionel Richie, durante la gala de los Premios Grammy de 1986. getty

En sus memorias dedica algunos capítulos a Frank Sinatra, para quien el productor fue el hermano que nunca tuvo. Ambos se entendieron bien hasta la muerte del cantante. Jones dice de Sinatra: “Frank era de mi estilo. Estaba en la onda, era franco y directo y, por encima de todo, era un musicazo. Le quería un montón, lo reconozco; le quise tanto como a cualquier otro músico con quien haya trabajado en mi vida, porque era un hombre sin medias tintas. O blanco o negro. Si te quería, era capaz de hacer cualquier cosa por ti; si no le caías bien, el problema era tuyo. Me consta que él también me quería”, afirma.

A Michael Jackson, a quien llama Smelly, lo conoció cuando el cantante tenía 12 años. De él le impresionó su profesionalidad, que era “genuinamente tímido” y que escondía “una asombrosa existencia”. De esa unión surgieron grandes éxitos para ambos y en la autobiografía Jones afirma que “hasta hoy, nadie ha sido tan grande como Smelly”. Estas declaraciones contradicen otras que llegaron a ser muy polémicas en las que afirmó por ejemplo que Jackson era “codicioso, maquiavélico” y que desde el punto de vista musical había “robado muchas cosas”. También ha llegado a decir que The Beatles han sido “los peores músicos del mundo, unos hijos de perra que no sabían tocar”, o que Paul McCartney era “el peor bajista que he escuchado en mi vida”.

Por todas estas declaraciones los siete hijos que ha tenido dentro y fuera de sus tres matrimonios, le conocen por el sobrenombre de loose lips, lo que podría traducirse por bocachancla o incontinente verbal en lenguaje coloquial. Un defecto que también ha llegado a crearle problemas en sus opiniones más personales, como cuando declaró en una entrevista a la revista GQ cuando ya tenía 84 años que tenía 22 novias distribuidas alrededor del mundo y que no le gustaban las mujeres mayores. “¿Me imaginas con una mujer de 84 años¿ ¿Estás loco?”, le dijo al entrevistador. Y continuó: “Si pudiera instalaría alguna tecnología que mantuviera alejadas a las viejas y las gordas. Algo así como unos sensores que empezaran a vibrar si una es demasiado mayor”. Al parecer a este fanfarrón impenitente, solo algunas de sus hijas son capaces de ponerle trabas y para que no se molesten porque sus novias son más jóvenes que ellas, debe buscar entre las que tienen entre 28 y 42 años.

Como tantos otros artistas de fama internacional Quincy Jones no se ha librado del azote de las adicciones y en su caso confesó en 2019 que solo hacía tres años que se había curado de su afición al alcohol. Tampoco ha conseguido que su vida personal haya sido un camino de rosas que transcurriera en paralelo a su éxito profesional, aunque al menos es capaz de reconocerlo ya que en sus memorias da voz a amigos, mentores y familiares y no censura la crítica. Un ejemplo es el de su hijo Quincy Jones III, que ahora tiene 52 años y que nació de su segundo matrimonio con la modela sueca Ulla Andersson, de 74. Su hijo cuenta cómo a pesar de los millones que maneja su madre, él y su madre han vivido durante años en un suburbio de Estocolmo en condiciones de precariedad económica. La respuesta de Quincy Jones no trata de poner bálsamo a sus errores: “Tal vez sea un experto en blanquear lo que he hecho mal a lo largo de mi vida, pero nunca me olvido de nada”.


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Sobre la firma

Maite Nieto
Redactora que cubre información en la sección de Sociedad. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactora de información local de Madrid, subjefa en 'El País Semanal' y en la sección de Gente y Estilo donde formó parte del equipo de columnistas. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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