Países Bajos

La popularidad de Guillermo de Holanda cae en picado

Las vacaciones familiares que realizó la familia a Grecia en octubre, durante el confinamiento impuesto por la pandemia, pasan factura a la monarquía neerlandesa

Los reyes Guillermo y Máxima de Holanda en La Haya en septiembre de 2020.
Los reyes Guillermo y Máxima de Holanda en La Haya en septiembre de 2020.SplashNews.com / GTRES

En el año de la pandemia, los compatriotas del rey Guillermo de Orange consideran que no ha estado a la altura de las circunstancias y su popularidad ha sufrido las consecuencias. De forma considerable, si se atiende al sondeo más reciente, encargado este diciembre por el programa Nieuwsuur, de la televisión pública de los Países Bajos, que cifra en un 47% la confianza depositada en él por la ciudadanía. El pasado abril, un 76% de la población neerlandesa confiaba en el soberano, según otra encuesta de la misma firma, que ha comparado ambos resultados, reseñados por la prensa nacional.

¿Qué ha ocurrido? Que 2020 ha sido un año de tropiezos protagonizados por la pareja reinante, aunque la consulta se fija sobre todo en Guillermo, titular de la corona: desde la compra de un yate de recreo por valor de dos millones de euros, según los medios nacionales, al regreso forzoso de sus vacaciones en Grecia, en octubre, cuando el Gobierno había urgido a la gente que no viajara para evitar contagios de la covid-19.

Según la encuestadora Ipsos, un 67% de los consultados estaba muy satisfecho en abril de 2020 con la labor del rey. Ahora es un 51%. En cuanto a los que están muy insatisfechos con él, han pasado de un 3% a un 14%. El 83% de aprobación popular de la reina consorte, Máxima, se ha quedado en un 61%. Los resultados son llamativos, porque en el sondeo de abril ocho de cada diez ciudadanos estaba contento con el trabajo de Guillermo y más de tres cuartas partes confiaban en él.

El descenso de su popularidad se atribuye a varios episodios, el más delicado de los cuales tuvo lugar en otoño, cuando el Gobierno de los Países Bajos había decretado un confinamiento parcial y pedido mesura en los viajes. En plenas vacaciones escolares de octubre, un periodo difícil para las familias con niños menores de edad en casa, Guillermo, Máxima y sus hijas —las princesas Amalia, Alexia y Ariane— partieron camino de la villa griega que compraron en 2012. Situada en Kranidi, en la península de Peloponeso, consta de tres viviendas, piscina y embarcadero propio en una superficie de 4.000 metros cuadrados, todo ello reseñado al detalle por los medios neerlandeses, que recalcaron el precio de venta pedido por el dueño anterior: 4,5 millones de euros. Grecia no era entonces un destino de alto riesgo, y antes de salir advirtieron al primer ministro, Mark Rutte, de sus intenciones, pero la excursión produjo mal afecto. Tanto, que los Orange salieron un viernes y pocas horas después de aterrizar en suelo griego a bordo del avión oficial decidieron regresar a casa. “Ponemos fin a nuestras vacaciones. Hemos visto la reacción de la gente y los comentarios de la prensa, que nos afectan por su intensidad. No queremos que se dude de nuestro compromiso: para contener el coronavirus hay seguir las directrices”, dijeron en un comunicado.

En el Parlamento hubo también conmoción, porque la actitud de la Familia Real restaba credibilidad a la labor del Gobierno sobre a la pandemia. Kysia Hekster, comentarista especializada en la Casa Real, advirtió entonces de “la mella en la imagen del rey como símbolo de unidad nacional; creo que no lo ha calculado bien”, dijo. Remco Meijer, corresponsal de la realeza en el rotativo De Volkskrant, añadió que el rey “lleva dos sombreros, el privado, que le permite ser Lex [por Alexander, su segundo nombre en neerlandés], y el público, que le representa como monarca: si se comporta como Lex puede tener problemas”, escribió.

Guillermo y Máxima se disculparon después en una comparecencia televisada donde admitieron el error, aseguraron que estaban implicados en la lucha contra el coronavirus y dijeron esto: “No somos infalibles”. Antes de ese choque con la realidad, en agosto, cuando las medidas de seguridad de la pandemia recalcaban la necesidad de mantener una distancia de 1,5 metros, la pareja reinante se fotografió en un restaurante griego con el dueño, en actitud relajada y los tres juntos. La foto circuló de inmediato por las redes sociales y el Servicio de Información de la Casa Real lo calificó de “un asunto privado”. Como Guillermo llevaba la mascarilla en la mano, se presume que se dejaron llevar al posar. “Una torpeza, cuando menos”, fue el comentario generalizado de los medios neerlandeses, que subrayaron el papel “ejemplar” que debe ejercer el monarca en todo momento.

Durante ese mismo veraneo, Guillermo y Máxima fueron captados después por los fotógrafos en el nuevo yate que se han comprado por dos millones de euros. Descrito en la revista especializada Nautique —precio incluido— como “el superyate más pequeño de mundo”, se trata de un modelo Wajer 55 de 16 metros de eslora. Sustituye a otro anterior, el Wajer 38, y es más rápido, un detalle no menor, puesto que cuentan con protección en todo momento. Incluidas sus excursiones marítimas, donde otro barco de seguridad debe seguirles a prudente distancia.

El sondeo de diciembre de Ipsos indica asimismo que un 40% piensa que los reyes se han mostrado solidarios durante la pandemia, contra un 25% que no lo cree así. Y que un 60% de los neerlandeses sostiene que la monarquía debe mantenerse (un 74 de los encuestados lo pensaba el pasado abril). Un 21% apoya una posible república.

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