El fin del reinado de María Teresa Campos lastra a sus hijas

Con poco trabajo y algunos rencores acumulados, Terelu Campos y Carmen Borrego recurren a las exclusivas para ganar dinero y se descubre la existencia de un hermano desconocido

María Teresa Campos con sus hijas Terelu y Carmen Borrego y su nieta Alejandra Rubio (a la izquierda), en su casa el pasado junio, con motivo del 79 cumpleaños de la periodista.
María Teresa Campos con sus hijas Terelu y Carmen Borrego y su nieta Alejandra Rubio (a la izquierda), en su casa el pasado junio, con motivo del 79 cumpleaños de la periodista.GEN / GTRES

María Teresa Campos no ha perdido sus mañas de periodista breada en más de seis décadas de profesión, ni su pasión por seguir ejerciendo ese arte en el que se convirtió en maestra oscilando o mezclando con equilibrio los ingredientes de la pura información y los del entretenimiento. Con la fama de la madre y el auge de su trabajo creció el aura de sus dos hijas, Terelu Campos y Carmen Borrego. La primera siguió la estela materna y se situó frente a las cámaras con éxito oscilante. La segunda, reivindica ahora reiteradamente, ejerció detrás de ellas como directora de programas. En la cadena que todas frecuentan, no faltan colaboradores que hayan insinuado que el poder de María Teresa Campos fue decisivo para que sus hijas aseguraran sus posiciones y su economía.

Si es cierto o solo fruto de rencores acumulados a lo largo de los años de estrellato de la jefa del clan lo saben las afectadas y su entorno laboral, pero lo que sí es una verdad irrefutable que en algún momento, probablemente relacionado con el comienzo del apagón de la matriarca, las hijas sufrieron los recortes de trabajo y ambas comenzaron a formar parte de esa cohorte de colaboradores de Telecinco que se dejan las entrañas personales en el plató para seguir manteniendo alegre la cuenta corriente. Si calibraron los daños colaterales de su decisión o lo hicieron obligadas por la pura necesidad de seguir manteniéndose en antena y en activo, es casi seguro que lo habrán sopesado muchas veces. Si su madre siguió el mismo camino por diversión, como comentó a este periódico cuando se le preguntó por las razones de convertir su vida cotidiana en carne de programa en el reality Las Campos, o por sostener a sus hijas, también solo ellas lo saben.

Lo cierto es que con la despedida abrupta de María Teresa Campos del programa de fin de semana ¡Qué tiempo tan feliz! a finales de marzo de 2017, la vida cambió para ella pero también lo hizo para Terelu y Carmen. María Teresa sufrió un ictus del que se recuperó, pero ese contrato de larga duración que Mediaset había firmado con ella nunca se ha traducido en un nuevo programa que conducir como era su deseo y solo ha vuelto a televisión en contadas ocasiones. Sus dos hijas siguieron como colaboradoras pero parece que la bula para no ser objeto de disección en los mismos programas a los que acudían, había llegado a su fin. La exposición de sus vidas se cobraba su precio y de momento se presenta como un camino sin retorno que ninguna de ellas acepta de buen grado.

María Teresa Campos, 79 años, se ha reinventado en YouTube, con un programa, Enredados, en el que continúa realizando lo que mejor sabe hacer, entrevistas, y por el que han pasado sus amigos y conocidos del mundo televisivo, de Jorge Javier Vázquez a Broncano pasando por su hija Terelu, el actor y director Santiago Segura o los Javis. Se ha cambiado de casa, ha despedido a un amor de madurez, el humorista Edmundo Arrocet, y ve desde la barrera lo que les pasa a sus retoños. Terelu Campos colabora en programas como Huellas de elefante y Viva la vida, pero se mantiene alejada de Sálvame, y Carmen Borrego, también colaboradora de Viva la vida, ha confesado sus apuros económicos y la posibilidad de volver a la escena del crimen si el programa estrella de Telecinco se lo tiene en cuenta.

El problema es que básicamente la familia, incluida Alejandra Rubio, la hija de Terelu y Alejandro Rubio, han encontrado promoción e ingresos a través de exclusivas en las revistas del corazón y así alimentan el círculo de interés mediático morboso del que ellas mismas afirman querer salir. La última polémica y las últimas lágrimas surgieron a raíz de una entrevista de Carmen Borrego en la que afirmaba que Rocío Carrasco no se reconciliara nunca con su hija, Rocío Flores. Una afirmación mal calibrada en un momento en el que el padre de esta última, Antonio David Flores, tiene casi a diario un púlpito público desde el que desgarrarse y contraatacar a quienes entiende van contra los suyos.

El rifirrafe, servido en bandeja de plata, ha dejado otro damnificado desconocido porque los programas vespertinos se han llenado de medias palabras y secretos a voces hasta que ha salido a la palestra un hermano de las hermanas Borrego Campos que había conseguido permanecer anónimo durante 56 años. El hijo de José María Borrego, padre también de Carmen y Terelu, continúa de momento con su vida ajena a los focos en Málaga, pero que sus hermanas nunca hubieran hablado de él se ha convertido en casus belli en los programas de Mediaset y en las revistas del gremio.

La vuelta de tuerca del asunto es que si el argumento de las Campos para dejarle fuera de su vida pública ha sido el respeto a su decisión de pasar desapercibido, resulta cuanto menos irónico aprovechar la historia para volver a generar audiencia en los programas a los que acuden y protagonizar portadas con posados y declaraciones en revistas como ¡Hola! o Diez minutos esta misma semana. En mitad de una guerra de clanes, la batalla se dirime en dos frentes: los platós de televisión y las portadas de las revistas. El botín sigue siendo el mismo: hacer caja, seguir en el candelero y colocar a la benjamina, Alejandra Rubio, en el disparadero televisivo que ella misma ha elegido al decidir abandonar sus estudios universitarios para continuar la saga.


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