Moda

Stefano Gabbana: “Gracias al coronavirus la moda ha vuelto a encontrarse con la realidad”

Dolce&Gabbana se reconcilia con la asociación de creadores italianos después de 18 años y prepara un desfile en un campus hospitalario para julio

Los diseñadores italianos Domenico Dolce y Stefano Gabbana.
Los diseñadores italianos Domenico Dolce y Stefano Gabbana. / EL PAÍS

A Domenico Dolce y Stefano Gabbana siempre les ha gustado hacer las cosas a su manera. Buena o mala, pero suya. Tanto que en 2002 decidieron abandonar la Camera della Moda —la principal asociación de marcas italianas— por un “desacuerdo respecto a los horarios” asignados a su desfile durante la pasarela de Milán. Desde entonces, han ido por libre. No parecía importarles ser la única gran firma que operaba al margen de la organización sectorial. Hasta ahora. “Tras el coronavirus, creemos que tenemos que mantenernos unidos. Todas las enseñas somos muy distintas unas de otras, pero al final estamos bajo una misma bandera: la de Italia y la del made in Italy”, explica Stefano Gabbana por teléfono.

“Soy muy positivo y creo que nuestra industria superará el miedo que ha provocado la pandemia cuando la situación esté bajo control. Pero la vuelta de Dolce&Gabbana lanza un fuerte mensaje de unidad en un momento muy difícil”, valora Carlo Capasa, presidente de la Camera della Moda.

La primera acción de Dolce&Gabbana bajo el paraguas de esta asociación será el desfile de moda masculina del próximo 15 de julio, que, por primera vez, no se celebrará en el teatro de la firma sino en el jardín del campus universitario Humanitas de Milán, con cuyo hospital colaboran desde hace tiempo. “Habrá mascarillas, guantes y distancia de seguridad; pero será un desfile de verdad. Para nosotros son 100% imprescindibles: te permiten contar una historia y crear momentos muy emocionales. Generalmente relacionamos los hospitales con cosas negativas, pero presentar nuestro trabajo en uno creo que puede tener un significado muy especial”, asegura el diseñador. También mostrarán sus colecciones de alta joyería y alta costura para hombre y mujer a principios de julio a través de eventos online.

Hace solo una semana que los talleres y fábricas italianos que producen sus prendas han vuelto a ponerse en marcha. Y por eso, la colección de otoño-invierno que presentaron tres días antes de que su país entrase en confinamiento no llegará a las tiendas hasta septiembre. Normalmente, suele hacerlo a principios de julio. Pero esta nueva fecha, es, en opinión de Gabbana, uno de los inesperados cambios a mejor —junto con su incorporación a la Camera— que ha traído el confinamiento. “Probablemente, el coronavirus será lo que terminará trayendo a la industria de la moda de vuelta a la realidad. Yo creo que después de la covid se mantendrá este calendario y la ropa estará a la venta coincidiendo con la estación para la que fue diseñada”.

Como Armani o Dries Van Noten, Dolce&Gabbana anuncia una ralentización en la producción. En su caso, no por motivos deontológicos o medioambientales —como pregonan los diseñadores anteriores— sino pragmáticos. “Baja la fabricación porque la necesidad de ropa es diferente. Nosotros estamos tratando de encontrar una forma diferente de volver a los niveles y velocidad de producción de antes. Pero dependemos de todo el sistema”.

La bajada de ritmos por la que claman sus colegas no está entre sus anhelos. Han salido del confinamiento igual que entraron: la vieja normalidad es su ideal. “Honestamente no veo nada positivo en esta ralentización. Estamos haciendo los fittings (pruebas de ropa) de la alta costura y, en lo que antes se tardaba media hora, ahora, con la distancia social, los guantes y las precauciones, se tarda una. Pero es que Domenico y yo somos muy activos y rápidos. Nuestro trabajo es nuestro amor y nuestra vida. Lo es todo”. Dolce&Gabbana es, junto a Armani, una de las últimas compañías independientes que resisten en la polarizada industria del lujo: una de las últimas marcas que pertenecen a los diseñadores que las fundaron.

Durante el confinamiento, lo creadores sicilianos acudieron a trabajar a sus oficinas de Milán todos los días. “Pedimos un salvoconducto y ahí estábamos. El edificio completamente vacío salvo por nosotros dos”, viendo cómo las ventas de las tiendas físicas se desplomaban mientras las de ecommerce se duplicaban —“afortunadamente”—. Para definir las expectativas de recuperación del consumo, Gabbana no tiene más remedio que recurrir a su adjetivo menos querido: lentas. “Creo que en septiembre u octubre todo volverá a ser como antes en un 90%. Pero ahora la gente tiene miedo y aún socializa poco fuera; sigue buscando cosas para estar en casa”. Por eso, dice, han lanzado una colección cápsula de pijamas, batas y “zapatos bajos” que saldrá a la venta a principios de julio, mientras comienzan a despertar mercados importantes para la marca como Suiza, Alemania o China, que durante varios meses de 2018 le dio la espalda. Un anuncio en el que una modelo china se peleaba con unos palillos para intentar comer un plato de espaguetis desató polémicas, boicots y rifirrafes en redes sociales. Pero al año siguiente los beneficios de la firma aumentaron un 5% hasta llegar a los 1.380 millones de euros.

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