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Prohibido mariscar

Una jornada en Vilanova de Arousa acompañando a las mariscadoras que extraen bivalvos, del mar a la lonja en una Navidad atípica

Mariscadoras extraen bivalvos en la playa de Ariño (Vilanova de Arousa ), el 14 de diciembre.
Mariscadoras extraen bivalvos en la playa de Ariño (Vilanova de Arousa ), el 14 de diciembre.ÓSCAR CORRAL

Bajo el puente que comunica A Illa de Arousa con el continente se puede leer en una letra color rojo intenso: “Prohibido mariscar”. Es una advertencia para los turistas que cada verano ocupan los arenales de Arousa y que busca proteger uno de los tesoros de la zona. Bajo la arena se esconden los preciados bivalvos que llegan a nuestras mesas durante todo el año, pero que cobran una especial importancia en fechas previas a la Navidad.

La cofradía de A Pastoriza agrupa desde 1978 a las sequeiras —nombre que reciben las mariscadoras que realizan a pie la extracción de bivalvos— quienes durante meses siembran y cuidan los arenales para su particular agosto: las fiestas navideñas. Pero este año, tras una inversión de 40.000 euros en la siembra de almeja, la campaña navideña amenaza con ser la peor de las últimas décadas.

Son las ocho de la mañana y el mariscador Fran López consulta en su teléfono móvil la aplicación que usan en la cofradía. La app ha sustituido al incómodo papel en el que anotaban las capturas, y que no se llevaba bien con las manos mojadas. Con esta tecnología, además, pueden comprobar el calendario de trabajo, dónde mariscar y dónde se van a ubicar los puntos de control y pesaje del marisco. Esta semana hay “seca” en la ría de Arousa (Pontevedra), una bajamar especialmente acusada y que permite acceder a zonas que la mayor parte de los días permanecen inundadas. El punto de encuentro es en Ariño, frente al paseo marítimo de Vilanova de Arousa, la mejor zona del ámbito territorial de la cofradía, reservada para estas fechas.

Los tres tipos de almeja, de derecha a izquierda: japónica, fina y babosa.
Los tres tipos de almeja, de derecha a izquierda: japónica, fina y babosa.ÓSCAR CORRAL

A las nueve de la mañana, el color de los trajes y capachos comienzan a inundar el aparcamiento del campo municipal que se eleva al pie de la ría. Por unas pequeñas escaleras de piedra las mariscadoras acceden a la cita fijada por la cofradía. Esta gran ensenada consta de tres áreas diferenciadas por la calidad y el nivel de producción de marisco: Ariño, De la fuente y Esteiro. La zona de Esteiro está más expuesta al agua dulce que llega de los ríos y, aunque es una zona amplia en la que se trabaja todo el año, la explotación deja ejemplares de poca talla. “Pero este año es peor, no se puede trabajar. En esta zona está todo muerto”, comentan desde la cofradía.

En la ría, prácticamente está toda la almeja muerta debido a las bajadas bruscas de salinidad del agua y a factores contaminantes. “Pero no vamos a mentir, en Ariño hay almeja porque llevamos seis meses cuidándola para esta campaña”, comenta López. De hecho, hoy en esta zona podrán llegar a cubrir la cuota por primera vez en semanas, de cuatro kilos por sequeiro. “Es la mejor zona y se ha dejado en barbecho para esta campaña”, prosigue López. La protección que aporta estar sumergidas bajo una mayor cantidad de agua aísla a estos bivalvos de los contaminantes y la lejanía de la desembocadura de los ríos las protege de la fluctuación de salinidad. “La almeja japónica que ves en Ariño es la que hay para estas Navidades”, indica el mariscador.

La almeja japónica llegó a Galicia a través de los parquistas de Carril (Vilagarcía de Arousa), cuando decidieron iniciar su explotación en los parques de cultivo que son de su propiedad y que siembran a su interés. Pese a que, en un primer momento, en los años ochenta, se vio como una especie invasora, hoy es la única que resiste, pero su calidad y precio es menor, a 16 euros el kilo. La almeja fina, valorada en unos 30 euros el kilo, o la babosa, a unos 22 euros el kilo en los días previos a la Navidad, “ya no se encuentra viva ni en esta zona”, advierte López. En la ría ya no sobrevive ninguna almeja autóctona, y eso repercute directamente en sus bolsillos.

Dula Piñeiro, miembro de la directiva de la cofradía y mariscadora, piensa que no solo la cadena de borrascas que han azotado Galicia este otoño —y que han aportado una gran cantidad de agua dulce a la ría— está detrás del problema de la mortandad del marisco. No es el primer invierno lluvioso en Arousa, y aunque es cierto que ha llovido más del doble que la media este último mes, esta mariscadora centra sus sospechas en los pesticidas y el cambio climático. “Vivimos en el mejor lugar del mundo y nos lo estamos cargando poco a poco”, lamenta. “Da pena ver tanto marisco muerto en la arena.”

Un grupo de tres mariscadoras carga el preciado marisco en los capachos y se dirige hacia el punto de pesaje y control que supervisa Óscar Fernández, el presidente de la junta directiva de la cofradía. Todos regresarán al albor del día siguiente, pero no saben si serán capaces de volver a recoger los cuatro kilos por persona que tienen impuesto como tope por la administración, y que aporta viabilidad a largo plazo del banco marisquero.

Todo el molusco que no ha sido seleccionado por falta de talla queda posado sobre la arena, después de remover el fondo durante el trabajo, pero ahora más expuesto a los contaminantes y cambios de salinidad. “Yo intento dejarlo en el mismo lugar para que no sufra”, comenta una mujer con un ganchelo —rasqueta que se utiliza para el marisqueo— en su mano derecha. Pero son conscientes de que si siguen trabajando en la zona, destruirán lo poco que hay. Por eso no dudan en pedir un paro biológico a las puertas de la Navidad. Sería la primera vez que se cierra la campaña en la mejor época del año. “Es como cerrar un chiringuito de playa en un domingo soleado de agosto, pero nos jugamos el futuro del arenal”, se lamenta Fernández.

En la lonja, durante la mañana, es continuo el ir y venir de las mariscadoras. Cargan con la recompensa de una de las pocas jornadas soleadas. Las conversaciones que se escuchan entre ellas asemejan a las de cualquier local de ocio. Cada bivalvo extraído pasa por la clasificadora de tamaños y, poco a poco, se van llenando las cajas azules de marisco. La almeja japónica reina en esta jornada, es mayoría, y solo al final de la sala se pueden ver una decena de pequeñas cestas amarillas con almeja babosa. Solo un recipiente medio vacío da fe de que la almeja fina, la más cara de todas y delicada, todavía existe en esta ría. Es todo lo que han podido extraer de la mejor zona en esta jornada.

A las tres de la tarde comienza la subasta con la presencia de una decena de compradores que pujan por el marisco que llegará a la depuradora. “A mí me gustaba ir a verlo, pero ya no tengo ánimo, espero a ver el precio en la app”, explica Piñeiro. La situación es compleja también en esta parte de la jornada porque la poca oferta y la gran demanda no consiguen elevar los precios en lonja. Además, en las depuradoras que compran el marisco, y que libran de toxinas a los bivalvos antes de su comercialización, saben que entrará mucho marisco de Portugal en el mercado nacional, y tienen que ser competitivos en precio. Lejos del arenal es donde se juega la campaña de Navidad para los mariscadores. Y según lleguen los precios al consumidor en el mercado, las familias elegirán o no la almeja gallega, distinguida por su calidad, para llenar sus mesas en estas fechas.

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