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Los estudiantes españoles se atascan en el aprendizaje de inglés

La heterogeneidad de las estrategias de enseñanza en centros y regiones y la falta de capacitación para educadores socava el modelo bilingüe

delihayat (GETTY IMAGES)

El último Estudio Europeo de Competencia Lingüística (EECL), que data de 2012, concluyó que solo el 24% de los estudiantes españoles del último curso de la ESO se manejaba con independencia en inglés, lo que situaba a nuestro país en el furgón de cola de los 14 países analizados. Desde entonces no se ha vuelto a realizar otro estudio similar. Recientemente, no obstante, el último EF English Proficiency Index situó a España como el cuarto peor país de la UE en nivel de inglés con 540 puntos (datos de población mayor de 18 años), una puntuación en la que, con pequeñas bajadas y subidas anuales, el país parece haberse estancado en la última década.

Se esperaba que la apuesta por la educación bilingüe de hace dos décadas —que hoy tiene a casi un millón y medio de alumnos estudiando en colegios e institutos en los que gran parte de las materias se estudian en inglés— marcaría un antes y un después. Y en cierto modo lo ha hecho. “Que el nivel de inglés de los estudiantes ha mejorado es indiscutible. Otra cosa es que haya mejorado lo que algunos queríamos o pensábamos, pero hasta el peor de los programas produce efectos positivos en los alumnos”, reconoce Xavier Gisbert, presidente de la Asociación Enseñanza Bilingüe.

Un estudio longitudinal de 2018 liderado por María Luisa Pérez Cañado, catedrática de Filología Inglesa de la Universidad de Jaén, entre alrededor de 2.000 alumnos de 53 centros concluyó que la educación bilingüe produce mejoras claras en el alumnado en gramática, vocabulario y destrezas orales frente a programas no bilingües. Para ello, sin embargo, y aquí el importante matiz que destaca Miguel Martínez-López, catedrático de Filología Inglesa y director del Departamento de Filología Inglesa y Alemana de la Universitat de València (UV), los programas bilingües “deben estar bien diseñados, lo que requiere exposición sustantiva a la lengua inglesa, buen nivel del profesorado y apoyo metodológico”. Algo que no siempre ocurre.

Para Sonia García, vicepresidenta del sindicato ANPE, una de las razones que explican el estancamiento de la educación bilingüe en España es la “gran heterogeneidad” de modelos autonómicos y de centros. “No hay una coordinación, ni existe un modelo básico, sino que coexisten programas exigentes con otros que lo único que exigen son requisitos mínimos, por lo que el bilingüismo acaba respondiendo más a una marca de centro o de comunidad autónoma que a una política lingüística sólida”, reflexiona García.

Opinión que comparte Xavier Gisbert, para quien también existe una cuestión de voluntad política: “Hace años que el bilingüismo dejó de ser una prioridad política y eso ya condiciona a todo lo demás. Tenemos experiencia suficiente para saber qué funciona mejor y qué funciona peor. Y es muy fácil de hacer, de conseguir mejoras, pero para eso hay que querer mejorarlo”, lamenta.

Reformas necesarias

Entre las mejoras necesarias, los expertos consultados destacan la importancia de invertir en el profesorado para mejorar su nivel de inglés: estancias en el extranjero, reducción de la burocracia asociada al bilingüismo, apoyos. En ese sentido, Miguel Martínez-López apunta a la necesidad de reformar en profundidad la formación inicial de los maestros especialistas en lengua extranjera y del máster habilitante “para aumentar su competencia técnica en inglés instrumental, como vehículo de comunicación y como lengua de instrucción”, y su capacidad de fijar y cumplir objetivos claros de dominio lingüístico. Por ejemplo, exigir un nivel B1 al final de la ESO, un B2 al terminar Bachillerato, un C1 para los futuros maestros y un C2 para quienes se formen como especialistas en inglés.

A eso, el catedrático de la Universitat de València añade la importancia de elevar la carga de inglés hasta las ocho horas semanales en Primaria, ESO y Bachillerato, con desdobles que limiten los grupos a 12‑15 alumnos (en lugar de los 20-25 actuales); crear pruebas nacionales externas en tercero y sexto de Primaria, cuarto de la ESO y en el acceso a la Universidad, así como incrementar las plazas de auxiliares de conversación y profesores visitantes nativos para paliar uno de los grandes déficits del inglés en España: la expresión oral. “Aún existe un mayor énfasis en las destrezas pasivas que en la expresión y la evaluación oral”, señala el experto, que aboga por aumentar el tiempo de habla del alumnado —mediante el trabajo en parejas, proyectos, debates, dramatizaciones, uso de la literatura— y por integrar tareas orales bien conectadas con contenidos reales, así como dar mayor peso a la expresión oral en la evaluación. “Para que el nivel de inglés mejore de verdad, el aula tiene que convertirse en un espacio donde el alumnado use la lengua de forma constante y no solo la estudie como una asignatura más”, concluye.

Exposición social a la lengua extranjera

Como coinciden en señalar los expertos consultados, el hecho de que el español sea una lengua con gran fortaleza internacional (segunda en el mundo por número de hablantes nativos) tiende a reducir en España los incentivos de aprendizaje de otros idiomas. Algo a lo que tampoco ayuda que el país sea la primera potencia mundial en doblaje. Estas limitaciones históricas, según Miguel Martínez-López, director del Departamento de Filología Inglesa y Alemana de la Universitat de València, hacen que no baste con más horas de inglés en las aulas o con una mejor formación del profesorado, sino que es necesario, también, aumentar la exposición real al inglés en la sociedad mediante campañas que prioricen el subtitulado por encima del doblaje o que expliquen el valor económico, social y cultural de las lenguas en el siglo XXI. “No sería justo descargar sobre el profesorado —que en general desempeña un trabajo ejemplar y a menudo hasta heroico— el bajo nivel oral en lengua extranjera de los estudiantes. Aquí hemos de apelar a la cultura de relativa hostilidad hacia las lenguas extranjeras, que priva a los estudiantes de casi todo contacto con el inglés fuera de clase”, lamenta.

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