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El difícil arte de convertir un desfile en un acontecimiento o de cómo John Galliano ha vuelto a ser John Galliano

Las últimas jornadas de la semana de la alta costura de París demuestran que este exclusivo negocio puede ser, y parecer, tan profundo como cualquier obra de arte sin necesidad, por fin, de tirar de efectismo visual para ganar ‘likes’ en Instagram

John Galliano
El desfile de Martin Margiela como parte de la Semana de la Moda de París el 25 de enero de 2024 en París, Francia.Pierre Suu (Getty Images)

No es común ver a la gélida Anna Wintour aplaudir enfervorecida, ni a su amigo, el director Baz Luhrmann, patalear a su lado sobre un suelo de tablas de madera. Tampoco es común que, durante un desfile, la gente grite “bravo”, y que al terminar se ponga en pie y ovacione al diseñador durante 10 minutos. Pero el diseñador no salió a recibir la ovación (dicen que ni siquiera estaba allí). John Galliano, que en su etapa en Dior hasta se disfrazaba para salir a saludar, lleva una década sin aparecer en el escenario. Los mismos que lleva al frente de Margiela. No lo hace, en parte, porque desde aquellas famosas declaraciones que le costaron su puesto en Dior, en 2011, ha mantenido un perfil bajo y, en parte, por seguir la senda del fundador de la firma para la que ahora trabaja, Martin Margiela, que cultivó durante décadas un anonimato que rozaba lo enfermizo.

En cualquier caso, su desfile, que cerró el jueves por la noche la semana de la moda de la alta costura de París, no solo fue el mejor del calendario, fue tal vez uno de los más emocionantes en años. Porque si alguien sabe tratar la moda para tratar la emoción, la que sea, es John Galliano. Un bar subterráneo bajo el puente Alejandro III, con bombillas tintineantes, mesas desvencijadas y sofás raídos. El artista francés Lucky Love comenzaba el show cantando en directo para después dar paso a un cortometraje en el que, con la estética del cine negro, varios hombres se abrochaban sus corsés y correteaban por la noche parisina, personajes que podrían haber salido de una fotografía de Brassaï y que, de repente, iban entrando en aquel bar clandestino, contoneándose, mirando desafiantes a los invitados, reflejando ansiedad, miedo o locura en cada uno de sus movimientos.

En julio de 2021, cuando la pandemia aún hacía imposibles los desfiles físicos, Galliano presentó su colección con un vídeo de media hora en el que los modelos, que parecían sacados de un cuadro de Vermeer, se enfrentaban a una catástrofe natural. Sus prendas se rasgaban, se ensuciaban y, a veces, servían de parapeto frente al entorno. Con aquel vídeo el diseñador gibraltareño empezó a desmarcarse de las imposiciones estéticas de Margiela, quizá la marca más reverenciada de las últimas tres décadas, en una deriva que culminaba con el show de este jueves, un desfile pensado para que las palabras no alcancen a describirlo. Lo abría su muso, el modelo Leon Dame, y lo cerraba la actriz Gwendoline Christie.

La actriz Gwendoline Christie cerró el desfile de Margiela durante la semana de la alta costura de París.
La actriz Gwendoline Christie cerró el desfile de Margiela durante la semana de la alta costura de París.Pierre Suu (Getty Images)

Entre medias, estaban todas las obsesiones que hicieron de Galliano el gran genio de la moda en el cambio de siglo: estaba la República de Weimar, el fauvismo, el París nocturno de entreguerras, el cine mudo, el increíble maquillaje de Pat Mcgrath o las referencias explícitas a Vionnet, a Lanvin y a la época dorada de la costura parisina. Había muñecas rotas, enfermeras macabras y rateros nocturnos. Pero, sobre todo, estaba la emoción, el drama, la incomodidad de prendas que estaban al servicio de una silueta completamente ajena a la que se maneja hoy. Caderas y pechos pronunciados y corsés apretados que no proclamaban una vuelta al artificio del siglo XIX, sino que, muy al contrario, estaban al servicio de cuerpos, masculinos y femeninos, fuera del canon. Ahora que, tras un par de años clamando por la diversidad, la mayoría de las firmas han vuelto a la delgadez estandarizada, ha sido Galliano el que ha apostado por la diferencia, incomodando y sobrecogiendo con su puesta en escena, recordándonos que la belleza es un concepto polisémico, que la moda está al servicio de la historia y no al revés, y que hubo un tiempo en el que los desfiles eran acontecimientos por sí mismos, más allá de quién estuviera sentado en sus primeras filas. Ha costado más de 10 años que Galliano, que este año estrena documental, se sintiera cómodo volviendo a ser Galliano. Los mismos 10 años que le ha costado a esa misma audiencia, acostumbrada a verlo todo y a verlo muy rápido para luego olvidarlo, volver a ponerse en pie a ovacionar un desfile.

Parte del desfile de Martin Margiela en la semana de la moda de París, el 25 de enero de 2024.
Parte del desfile de Martin Margiela en la semana de la moda de París, el 25 de enero de 2024.WWD (WWD via Getty Images)

Curiosamente, esta semana de la moda comenzaba con un desfile, el de Dior, centrado en el concepto benjaminiano de aura, es decir, en esa intuición casi indescriptible que emana de las obras de arte y que las hace imposibles de reproducir en la era de la fabricación en serie. La costura es, quizá, lo más cercano al arte de esta industria, un nicho que se basa en la técnica, la idea de autoría y, casi siempre, en la ausencia de funcionalidad o utilidad de sus productos. En ese sentido, Viktor & Rolf encajan en esa definición. La marca, propiedad del conglomerado OTB (dueño también de Margiela) hace tiempo que basa su modelo de negocio en la venta de unos perfumes que, hasta cierto punto, son deseables gracias a sus desfiles de alta costura, siempre cercanos al proceso artístico y casi siempre ajenos a las alfombras rojas y demás dinámicas habituales de este negocio. Esta vez eligieron la Sorbona como enclave para presentar una colección llamada Manos tijeras y en la que reflexionaban precisamente sobre el corte de la tela, con prendas en blanco y negro a medio hacer en un contexto como este, donde el relato sobre el detalle y la precisión lo son todo.

Parte del desfile de Viktor & Rolf durante la semana de la moda de París, el 24 de enero de 2024 en la capital francesa.
Parte del desfile de Viktor & Rolf durante la semana de la moda de París, el 24 de enero de 2024 en la capital francesa.WWD (WWD via Getty Images)

Simone Rocha también ha utilizado la invitación de Jean Paul Gaultier a diseñar su colección de alta costura para hacer algo que no se permite hacer en su marca, que ya tiene un potente y curioso imaginario entre el público. Rocha, que mezcla tejidos técnicos con estructuras victorianas, y un estilo gótico con una estética naíf, ha establecido un diálogo magistral con el enorme legado del diseñador francés con la corsetería y los tonos empolvados como hilos conductores. De los seis creadores que, hasta la fecha, han sido invitados por la maison para reinterpretar el trabajo de Gaultier, quizá Rocha sea la que mejor ha entendido el reto. Estaban los estampados tatuados, la marinera y, por supuesto, los conos de Madonna, pero no meramente trasladados, sino pasados por el filtro de la diseñadora a partir de una de las ideas más gaultier que existen: la idea de la liberación a partir de la subversión de los elementos opresores. El corsé que Gaultier diseñó para Madonna en 1990 es, quizá, el mejor ejemplo de cómo revertir las connotaciones asociadas a una prenda. Rocha, como Galliano, ha hecho justo eso, hablar, como contaba en las notas del desfile, de “rosas con espinas”, de “piel, desnudos, formas”, de “fricción y suavidad” en una colección que también incluía cuerpos diversos y en la que los corsés, a través de las técnicas prodigiosas del taller, se convertían en faldas con volumen en las caderas o en chaquetas de mangas abullonadas. Contrastaban con camisones casi etéreos con detalles de pedrería, lazos y bordados increíblemente trabajados. En definitiva, hablar del cuerpo, y hasta liberarlo, a base de armazones preciosistas.

Una modelo durante el desfile de Jean Paul Gaultier en París, el 24 de enero de 2024.
Una modelo durante el desfile de Jean Paul Gaultier en París, el 24 de enero de 2024.Marc Piasecki (WireImage)

Puede parecer que la colección de Kim Jones para Fendi es lo contrario a estos juegos conceptuales vistos en las últimas jornadas de desfiles, pero lo cierto es que su purismo encierra varias ideas que él ha definido como “futurismo humano”. En un escenario cúbico y blanco y con la música de Max Richter, el británico presentaba una colección de blancos, negros y plateados, y líneas rectas y mínimas. Ese tipo de vestidos y abrigos que podrían definirse como “perfectamente simples” y que evocaban de forma sutil el imaginario clásico de la ciencia ficción. De hecho, se complementaban con unas gafas de corte futuristas creadas a medida por Delfina Delettrez a través de varios escáneres faciales. La idea, en su caso, era reflexionar sobre la compleja relación actual entre la mano y la máquina, no solo dando a entender que hay resquicios, como este, donde la máquina no puede llegar, sino creando artesanalmente una estética tecnológica, un futurismo que solo se puede diseñar con las manos porque el proceso importa tanto como el resultado.

En un escenario cúbico y blanco y con la música de Max Richter, Fendi presentó una colección de blancos, negros y plateados, y líneas rectas y mínimas.
En un escenario cúbico y blanco y con la música de Max Richter, Fendi presentó una colección de blancos, negros y plateados, y líneas rectas y mínimas.Peter White (Getty Images)

No hace falta tirar de efectismo para saber adaptarse a la alta costura o para intentar captar el espíritu de los tiempos. El joven Robert Wun, en su segunda colección de alta costura, es prueba de ello. Ha utilizado demasiados juegos visuales, buscando ganar la batalla de la vitalidad que se juega estos días, y el resultado ha sido demasiado obvio como para ni siquiera poder participar en ella. Porque por primera vez en años, en estas semanas no ha habido demasiadas llamadas de atención vacías para ganar likes en Instagram (más allá, obviamente, de la asistencia de las celebridades). En esta semana de la alta costura casi todas las marcas se han centrado, cada una a su manera, en saber hacer lo que saben, en utilizar este escaparate como lo que es: el escaparate más exclusivo del mundo. Y luego está Galliano, al que Instagram se le queda pequeño.

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