Muere Hanae Mori, la diseñadora de moda japonesa conocida como ‘Madame Butterfly’, a los 96 años

La creadora, que ideó el vestuario de cientos de películas y vistió a la emperatriz Masako y a Grace Kelly, fue la primera persona japonesa en desfilar para la alta costura, en 1977

La diseñadora japonesa Hanae Mori, aplaudida tras la presentación de su colección de alta costura otoño/inverno 1997-1998 en París.
La diseñadora japonesa Hanae Mori, aplaudida tras la presentación de su colección de alta costura otoño/inverno 1997-1998 en París.MICHEL LIPCHITZ (AP)

La diseñadora de moda japonesa Hanae Mori, conocida como Madame Butterfly por sus motivos con mariposas y por convertirse en la primera persona japonesa en considerarse diseñadora oficial de alta costura en París en 1977, ha muerto a los 96 años, según informó este jueves su estudio. Mori, que obtuvo el reconocimiento internacional por sus diseños con temática East meets West (Oriente se encuentra con Occidente), falleció el pasado 11 de agosto, agregó su estudio, que no aportó mayores detalles.

Nacida en la prefectura occidental japonesa de Shimane en 1926, se trasladó a Tokio donde desarrolló su carrera, en la que llegó a vestir a la emperatriz japonesa Masako en su desfile nupcial en 1993. Estudió literatura en la Universidad Cristiana de Mujeres de Tokio, pero decidió reorientarse hacia la moda tras casarse con Ken Mori, directivo en la industria textil.

A los 25 años, en un Tokio que renacía de la Segunda Guerra Mundial, abrió su primera tienda, Hiyoshiya, en el distrito tokiota de Shinjuku, enfrente de un cine. Y fue una suerte: saliendo de una película, un director japonés se fijó en sus diseños y le encargó el vestuario para su próximo film, el primero de cientos de largometrajes japoneses en los que colaboraría. Tras estos inicios vinculados a la gran pantalla, su carrera la llevó a Nueva York y París, buscando la inspiración explorando como clienta en las galerías y las tiendas de alta costura. Así acudió al estudio de Coco Chanel que, tras estudiar rápidamente a su clienta nipona, le sugirió un conjunto naranja brillante para contrastar con su melena negra azabache. Ese consejo la dejó perpleja y se convirtió en una revelación para Hanae Mori: “Todo el concepto japonés de belleza se basa en la ocultación (...) De repente me di cuenta de que tenía que cambiar mi enfoque y hacer ropa que ayudara a las mujeres a destacar”, explicó más tarde.

En 1965, llevó a cabo su primer desfile en el extranjero, en Nueva York, bajo el nombre East meets West y que llamó la atención por fusionar diseños tradicionales de kimonos japoneses en vestidos de corte occidental. Doce años más tarde, en 1977, abrió un salón de alta costura en París, convirtiéndose en la primera persona japonesa en formar parte de la Cámara Sindical de la costura parisina y siendo reconocida así como diseñadora oficial de alta costura. Mantuvo su estudio en la capital francesa hasta 2004. Mori también diseñó los uniformes para las azafatas de la compañía Japan Airlines, donde introdujo la minifalda, así como el uniforme oficial para la delegación japonesa en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Fue pionera entre las mujeres japonesas, una de las pocas que encabezó una corporación internacional.

Hanae Mori (en el centro) saluda tras su desfile celebrado en París el 7 de julio de 2004.
Hanae Mori (en el centro) saluda tras su desfile celebrado en París el 7 de julio de 2004.JEAN-PIERRE MULLER (AFP)

Mori, que se encontraba ya retirada, todavía regentaba algunas tiendas en el conocido barrio tokiota de moda Harajuku, así como su marca de perfumes, todavía en activo y que se fabrica en Francia. Su muerte se produce días después de que se diera a conocer el fallecimiento a los 84 años del también diseñador japonés Issey Miyake, conocido internacionalmente por sus creaciones que combinaban tradición nipona con materiales y cortes vanguardistas.

Su diseño estrella era la mariposa, que se puede apreciar en muchas de sus prendas, y le ganó el apodo de Madame Butterfly, una ópera para la que también diseñó los trajes durante su carrera, además de otras como Electra, o ballets y musicales como las producciones japonesas de Cenicienta o Evita. También diseñó para óperas que se celebraron en La Scala de Milán y en el ballet de la Ópera de París.

Además de vestir a la emperatriz Masako, entre su clientela también se encontraban la princesa Gracia de Mónaco, la exprimera dama de EE UU Nancy Reagan y otras celebridades, lo que le llevó a recibir la Medalla de Honor de la Cinta Púrpura de Japón, la máxima condecoración cultural que se otorga por importantes contribuciones en el mundo de las artes, deportes y tecnología. En 1989, Mori también recibió la Legión de Honor francesa, la mayor distinción de este país y que se entrega a ciudadanos franceses o extranjeros por méritos en el ámbito civil o militar.

El ministro francés de Cultura, Frederic Mitterrand, brinda con la diseñadora japonesa Hanae Mori en una recepción celebrada por el día nacional de Francia, el 14 de julio de 2011, en Koriyama, Fukushima, Japón.
El ministro francés de Cultura, Frederic Mitterrand, brinda con la diseñadora japonesa Hanae Mori en una recepción celebrada por el día nacional de Francia, el 14 de julio de 2011, en Koriyama, Fukushima, Japón.YOSHIKAZU TSUNO (AFP)

La diseñadora solía destacar la necesidad de transmitir a las nuevas generaciones “la importancia de la creación artesanal”, señalando que “las capacidades del ser humano están desapareciendo en esta era de la informática”. “Cuando los seres humanos trabajan con sus manos, sus capacidades creativas se amplifican”, dijo a AFP en 2006.

El pasado mes de enero, Mori resumió sus sentimientos sobre la industria de la moda en una columna especial para el diario japonés Yomiuri Shimbun. “La moda es algo que te empuja, te da coraje de extender tus alas y te permite tener aventuras”, escribió. En su auge, el imperio estilístico y comercial de Mori ocupaba un edificio entero en Tokio, diseñado por el arquitecto Kenzo Tange, pero posteriormente fue derribado y reemplazado por otra estructura, en la típica velocidad japonesa. Desde la pérdida del edificio hasta la salida de su casa de moda de la alta costura, “no todo fue positivo”, reflexionó en la columna. “Fue como si arrancaran las alas de mi mariposa. Pero esta mariposa pudo volar por todo el mundo durante 70 años porque yo amaba hacer ropa”.

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