El tablao flamenco más antiguo de Madrid busca un nuevo nombre por 6.000 euros

Sin acuerdo para preservar la marca Villa Rosa, que da fama a la centenaria sala de espectáculos, concurrida por la aristocracia del siglo pasado por sus fiestas privadas

Artistas en el tablao flamenco Villa Rosa, en la plaza de Santa Ana de Madrid, en junio de 2009.
Artistas en el tablao flamenco Villa Rosa, en la plaza de Santa Ana de Madrid, en junio de 2009.Luis Sevillano

El tablao flamenco más antiguo de la capital, el Villa Rosa, se queda sin nombre. Los más ingeniosos han querido quitarle hierro al asunto. “Villa Robo” es una de las 180 propuestas que han llegado en las primeras seis horas de la apertura del concurso público para bautizar de nuevo a la mítica sala, situada en la plaza Santa Ana. Y cuyo ganador se embolsará 6.000 euros. El rótulo de la fachada, que conserva los azulejos que recrean ciudades andaluzas pintados por el sevillano Alfonso Romero Mesa en 1928, podría desaparecer. El anterior inquilino cerró las puertas del local por la crisis derivada de la pandemia. Pero, antes de abandonarlo, registró la marca que da fama a la sala de espectáculos. La siguiente en tomar las riendas del negocio fue Ivana Portolés (56 años, Zaragoza), que no sale de su asombro: “Entendí que había sido una rabieta y que luego se le iba a pasar”.

La noticia llegó como un jarro de agua fría. La marca, conservada desde que la taberna abrió en 1911, estaba registrada por el anterior gestor, algo que nadie había hecho en sus más de 100 años de existencia. El 19 de abril llegaba al Villa Rosa un burofax firmado por un despacho de abogados que ella desconocía. Portolés revisa su móvil, donde guarda el documento: “Su cliente tiene registrada la marca en las clases 41 y 43 [servicios de entretenimiento y restauración, según la clasificación internacional de productos y servicios que se aplica al registro de marcas] del local Villa Rosa”. No le dio importancia hasta que el 13 de mayo llegó un segundo burofax a su nombre: “Yo pensé que podríamos solucionarlo en una conversación”.

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Portolés recrea la charla con Jesús Rodríguez Cerezal, quien estaba al frente desde 2011, y echó el cierre definitivo el año pasado por la crisis pandémica. “Me pidió una barbaridad”, cuenta la nueva gerente, que se niega a revelar la cantidad por recomendación de sus abogados. Aunque indica que supera con creces el premio del concurso. No hubo acuerdo y ambas partes desistieron.

Después de un año con las puertas selladas, la zaragozana firmó en marzo el contrato con los propietarios —“hijos de un hombre octogenario, amante del flamenco, que lo adquirió en 1949″— para gestionar el local por el que paga 360.000 euros al año de alquiler.

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Para la empresaria, afincada en Madrid desde hace dos décadas, no es la primera vez. A 200 metros del Villa Rosa, Portolés regenta desde hace 28 años otro de los tablaos de la capital, la sala Cardamomo. Aunque es más pequeña que la consagrada como catedral del flamenco, que cuenta con sitio para 140 personas, y ofrece espectáculos más íntimos con casi la mitad del aforo.

No es baladí que al ver el cartel de “se alquila”, colgado en el portal del edificio, rondara por su cabeza el deseo de adquirir el bien para volver a darle vida. A pesar de dos años de crisis en los locales dependientes del turismo, Portolés seguía con la ilusión de reflotar el arte de la música: “Antes de la pandemia, teníamos más demanda que oferta y estábamos buscando una sala”. No tardó en decidirse y firmó el contrato un día después de visitar el emblemático establecimiento de estilo arábigo andaluz. Se puso manos a la obra para acondicionar el local para la inauguración, pintó las paredes del vestíbulo de negro y reformó el escenario. “El primer año siempre es un año difícil... Vamos a tirar un montón de dinero con este cambio de marca”, lamenta la nueva gerente.

Como los demás tablaos flamencos de la capital, el recinto fue declarado Bien de Interés Cultural por el Ayuntamiento de Madrid en julio de 2020. La historia del lugar, concurrido por la aristocracia por sus fiestas privadas, se remonta al reinado de Alfonso XIII, del que se dice que acudía por un pasadizo subterráneo que conectaba con palacio. Tras el fichaje del guitarrista Antonio Chacón en el siglo pasado, artistas de renombre, como Imperio Argentina, Lola Flores y Juanito Valderrama, han pisado su escenario. Un espacio lleno de simbolismo donde se grabó la película Tacones Lejanos (1991), de Pedro Almodóvar.

Lo último que se esperaba la nueva gerente era que el nombre que salvaguarda las memorias del lugar iba a desaparecer. Tiene muchas ideas para su nuevo negocio, como crear códigos QR con información de los artistas, de los palos en directo o de las letras de las canciones, pero aún queda un asunto por resolver. “Se busca nombre”, así se llama el concurso en el que puede participar cualquiera hasta el 15 de agosto para darle un nuevo apodo. Aunque, en modo de confesión, Portolés admite: “Yo creo que todo el mundo lo va a seguir llamando Villa Rosa”.

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