KILÓMETRO CERO
Columna
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Nueva estrategia: difamar al personal sanitario

Con los contagios disparados y la gente autodiagnosticándose, Díaz Ayuso asegura que “de repente no hay médicos” porque “no todos quieren trabajar”

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, este miércoles durante una rueda de prensa.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, este miércoles durante una rueda de prensa.Alejandro Martínez Vélez (Europa Press)

¿Recuerdan la angustia del principio de la pandemia, cuando las cifras de muertos no dejaban de subir, no se sabía nada del coronavirus y no había vacunas? El personal sanitario, que en aquellos momentos carecía, además, de medios de protección suficientes, tenía el mismo miedo que el resto, incluso más, pero su trabajo es curarnos, así que se dejaron las pestañas en los hospitales y centros de salud y los temores en casa, junto a familiares a los que temían contagiar. Como no era difícil ponerse en su lugar, durante un tiempo salimos a aplaudirles a las ocho de la tarde. Sabíamos que se estaban jugando la vida y que algunos de ellos la perdieron.

No era difícil sentirse orgulloso, admirar su esfuerzo y su sacrificio. También es fácil ahora compartir su indignación por las palabras de Isabel Díaz Ayuso, quien, en la sexta ola, con los centros de salud y teléfonos de atención colapsados, los contagios disparados y la gente autodiagnosticándose, ha difamado a esos profesionales en una entrevista. La presidenta ha tenido el cuajo de asegurar ante los micrófonos que “de repente, no hay médicos” porque “no todos quieren trabajar y arrimar el hombro” y que lo va a investigar. Sí, había oído bien: el plan es investigar al personal de los centros sanitarios.


Ya sabemos que los políticos son alérgicos a la autocrítica, hábiles creadores de cortinas de humo y expertos en huir hacia adelante, pero esto es otro nivel. Ayuso sugiere que el colapso —del que avisó el colegio de médicos— obedece a que hay profesionales que son sindicalistas de izquierdas antes que profesionales y generan “mucha tensión” porque “quieren convertir los centros de salud en sedes electorales”.

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En la misma entrevista, por la mañana, la presidenta aseguró que “el contagio es exponencial, pero no está revistiendo de especial carga a la asistencia sanitaria”; criticó lo que llamó “cuarentenas explosivas”, afirmó que anular cenas de navidad y promover el teletrabajo es “innecesario” y pidió que solo acudan a urgencias o centros de salud quienes tengan “un positivo en antígenos o síntomas evidentes”. Esa misma tarde, la Comunidad de Madrid informó de 11.221 contagios, la cifra más alta de toda la pandemia; anunció que dejaba de hacer PCR en la sanidad pública a quienes ya tuvieran un positivo en los antígenos de farmacia —si es que consiguen hacerse con un test — y la propia consejería de Salud pidió a los contactos estrechos con un positivo reducir las salidas de casa a “las esenciales” y “teletrabajar durante los siete o 10 días siguientes” aun cuando estén vacunados con pauta completa.

Todas las administraciones, de todos los tamaños y colores, han cometido errores en la pandemia. Este miércoles, con la que está cayendo, se decidió como medida estrella, en contra del criterio científico, recuperar la mascarilla en exteriores. Pero nadie, hasta ahora, se había atrevido a difamar a los que ocupan la primera línea frente al virus.

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Sobre la firma

Natalia Junquera

Reportera de la sección de España desde 2006. Los jueves publica una columna en Madrid, Kilómetro cero. Durante la semana comenta las redes sociales en Anatomía de Twitter y realiza entrevistas para la serie Conversaciones a la contra. Especialista en memoria histórica, ha escrito dos libros, Valientes y Vidas Robadas (Aguilar).

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