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Mario Vaquerizo: “Es un regalo absoluto con mis recién cumplidos 47 años”

Vaquerizo dará hoy el pregón de las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma en un espacio reducido por la pandemia

F. Javier Barroso
Mario Vaquerizo en la biblioteca de su nueva casa en Madrid en enero de 2020.
Mario Vaquerizo en la biblioteca de su nueva casa en Madrid en enero de 2020.JAIME VILLANUEVA

El polifacético Mario Vaquerizo no dudó ni un minuto cuando recibió una llamada del gabinete de alcaldía del Ayuntamiento de Madrid. Al otro lado del teléfono, el interlocutor le ofrecía ser hoy el pregonero de las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma, lo que para el cantante criado en Vicálvaro supone un reconocimiento a “ser madrileño 100%”. Una llamada similar se produjo por parte del concejal de Centro, que le reiteró el ofrecimiento. El popular artista, que se define como “inquieto e imprevisible”, ha encargado incluso un traje de chulapo para la ocasión en Maty, una tienda de la calle de Hileras (en el distrito de Centro y cerca de la calle Mayor) especializada en disfraces, complementos y maquillaje. “Para una vez que puedo llevar hombreras e ir superchulo, no lo iba a dejar pasar”, afirma.

Vaquerizo dará el pregón a las ocho de la tarde en la plaza del General Vara del Rey, ante un aforo reducido como consecuencia de la pandemia. Eso ha impedido que vayan su familia y sus amigos y así dejar paso a los políticos y representantes vecinales. Al otro lado del teléfono, reconoce que no va a preparar nada de su intervención. Es conocido que siempre le gusta improvisar: “Me va a poder la espontaneidad. Y creo que ha sido una buena elección porque me encantan las verbenas y las fiestas populares. He ido como espectador durante mucho años y como cantante de las Nancys Rubias en estas fiestas más de una vez”.

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El artista afirma que ahora se encuentra en su mejor momento profesional y personal: “Llevo como 10 años en mi particular Disneyland laboral. He conseguido que mis aficiones se hayan convertido en mi medio de vida. Eso sí, siempre con profesionalidad y dedicación, haciendo bien las cosas, como lo he hecho durante toda mi vida”.

Vaquerizo se crió en Vicálvaro y estudió en el instituto Beatriz Galindo, en el barrio de Salamanca. “A ese chico no le gustaba el fútbol ni el deporte. Le gustaba leer el Superpop y estar con el matriarcado de su familia (mi madre, mi tía y mi abuela) y leer el Hola y el Pronto con ellas y hablar de Carolina de Mónaco”, reconoce con total transparencia.

Se licenció en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, donde se dio cuenta de que la carrera no era solo estudiar, sino que también había que salir a la calle. “Y cuando hubo que hacer la calle, la hice sin ningún problema. Me divertí y aprendí mucho de todo este mundo”, comenta.

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Tras estar en Canal +, decidió dar un golpe de timón a su carrera laboral y comenzó en la revista Subterfuge. Eso le permitió entrar en el mundo de la música, conocer a su actual mujer Olvido Gara (Alaska) y ser su mánager. Su salto a la fama se lo debe en gran parte al reality show de MTV Alaska y Mario. “Me encantó hacerlo sin saber lo que iba a pasar. Luego resultó un bombazo y alcancé una gran notoriedad mediática”, reconoce.

Pasión por Madrid

Si algo destaca durante la conversación, es su pasión desmesurada por Madrid. Nombra a la ciudad a cada frase y no evita adjetivos positivos hacia ella. Vaquerizo reconoce que ha conseguido uno de sus sueños, como es vivir en la Gran Vía, a la que define “como la calle más cosmopolita e internacional del mundo”. “Madrid es una ciudad sin prejuicios, donde todo el mundo se siente bien. Por mi trabajo he visitado muchas ciudades, como Nueva York, México DF, Las Vegas, a la que tengo muchas ganas de volver en cuanto se pueda porque me encanta, o Los Ángeles, Berlín o Londres. Pero, cuando tras un viaje llego a Barajas y entro por la Puerta de Alcalá y enfilo hacia Gran Vía, es una sensación indescriptible. En definitiva, como en casa de uno, en ningún sitio”, resume.

El artista reconoce que lo ha pasado bastante mal durante la pandemia y los meses de confinamiento. Sobre todo, al ver su idolatrada Gran Vía desierta, sin alma que la recorriera en lugar de las miles de personas que pasan por ella a diario: “Asomarte y no encontrar a nadie cuesta un poco asimilarlo, pero al final uno se acostumbra”.

“El estar metido en casa, y eso que cada vez salgo menos porque soy más viejo que un loro, lo viví al principio como una coacción, como no tener la libertad de hacer lo que uno quiere. Por ejemplo, no ir a casa de mis padres a celebrar el día del padre o tomar una cerveza con los amigos. Me revelé un poco, pero después me di cuenta de mi amor por la vida y mi forma de comportarme fue con educación cívica”, añade a renglón seguido.

Alaska y Mario Vaquerizo, en Madrid el pasado octubre.
Alaska y Mario Vaquerizo, en Madrid el pasado octubre.Jesus Briones (GTRES)

Cuando tenía un día malo, se subía al piso de arriba y se refugiaba en la biblioteca, con los libros que tenía pendiente de leer y que había ido relegando por su “actividad laboral continua”. O veía series de televisión. Eso sí, también sale su faceta rebelde en este punto. Asegura que lo pasaba muy mal el tener que leer esos libros o ver esas series, cuando lo que le apetecía era otro tipo de diversión o de ocio. Pero al otro lado del péndulo, ese encierro en casa sacó a la luz otro Mario, un Mario desconocido: “También descubrí bastante mi faceta solidaria, que era mucho más grande de lo que yo pensaba. Sentía a la gente más cercana a mí y todo lo que le pasaba”. En definitiva, fueron “momentos duros” para todos.

“Nervioso y expectante”

Vaquerizo reconoce que está “nervioso y expectante” por el pregón de esta tarde. “No sé por dónde saldré porque la gente ya sabe que tengo incontinencia verbal. Lo mismo cuando tenga que darlo, me quedo sin palabras y no sé decir nada. Desde luego, estoy muy contento y es un regalo absoluto con mis recién cumplidos 47 años”, afirma. “Si hubiera sido hace cinco años, lo habría disfrutado mucho más porque no tendríamos que respetar esta nueva normalidad, que no me gusta nada, pero lo voy a hacer con sentido común y con precaución”, apostilla.

La actividad del artista no para. Tras pasar cuatro días con su amigo el doctor Enrique Monereo, estará una corta temporada en su casa de campo, antes de retomar en septiembre dos programas de televisión y la radio. También preparará la gira por México de Fangoria, a los que acompañará. “Realmente tengo la suerte de que hago lo que me apetece”, confiesa.

Eso sí, Vaquerizo tiene los pies en la tierra y sabe que la fama, igual que le llegó, puede desaparecer en poco tiempo. “Mi vida es como una montaña rusa. Lo tengo bastante claro. Soy como Andy Warhol, que decía que la fama y el arte son efímeros. Y no me quita el sueño. Por suerte, me ha llegado todo en un momento de madurez y lo he sabido asimilar todo de la mejor manera”, se sincera.

“Menos mal que las redes sociales llegaron a mi vida cuando a partir de que tenía los 40. Si no hubiera sido así y las hubiera tenido desde niño, lo mismo me habría convertido en un psicokiller”, dice con cierta ironía al otro lado del teléfono. “Soy una rara avis, que lo hace todo con naturalidad”, concluye.

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Sobre la firma

F. Javier Barroso
Es redactor de la sección de Madrid de EL PAÍS, a la que llegó en 1994. También ha colaborado en la SER y en Onda Madrid. Ha sido tertuliano en TVE, Telemadrid y Cuatro, entre otros medios. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, está especializado en Sucesos y Tribunales. Además, es abogado y criminólogo.

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