Las carencias del Zendal ralentizan la asistencia de los pacientes graves

El laboratorio, personal de radiología y un escáner que no funciona de forma correcta son algunas de las necesidades que aún lastran el funcionamiento del hospital

Un trabajador en una de las habitaciones del hospital el día de su inauguración, el 1 de octubre.
Un trabajador en una de las habitaciones del hospital el día de su inauguración, el 1 de octubre.Victor Sainz

Ni laboratorio ni radiólogo ni un escáner del todo operativo. El Isabel Zendal todavía no cuenta, entre otras, con estas tres cuestiones esenciales a la hora de poder tratar a los enfermos más graves de coronavirus. Tampoco puede ser el lugar donde reunir a todos los pacientes de covid, ni leves ni críticos. En ningún caso tiene capacidad para albergar a todos los enfermos actuales —1.443 en agudos y 299 en camas de UCI de hospitales públicos y privados de toda la región con datos del 24 de diciembre, los últimos disponibles— y en el caso de los primeros, además, su ingreso allí es voluntario, son los pacientes quienes deciden si quieren o no ser trasladados. “Es un caos”, resume Belén Sánchez, internista del nuevo centro de emergencias desde el lunes.

Lleva abierto 26 días, 15 operativo. “Y hay cosas que nos preocupan mucho, muchísimo”, dice Sánchez. Entre esas cosas, la falta de radiólogos y de laboratorio, más aún desde que el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso amplió el perfil de pacientes susceptibles de ingresar en el Zendal. El primer protocolo fijaba enfermos leves. “Inicial e idealmente los de nivel 4”, “con bajo riesgo para ingreso en la UCI por estabilidad clínica”, marcaba el documento entregado a los servicios de urgencias de la red hospitalaria de la Comunidad, desde donde se derivan los enfermos. Unos días después, el 15 de diciembre, se incluyó también a los de nivel 2, es decir, a aquel enfermo “candidato a ingresar en la UCI si presenta mala evolución. En el momento de la valoración tiene altos requerimientos de oxigenoterapia, así como factores analíticos y radiológicos de mal pronóstico. Requiere una monitorización estrecha y una posible intensificación del tratamiento”.

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MADRID, 11/12/2020.- Sanitarios atienen a los primeros pacientes del hospital de emergencias Enfermera Isabel Zendal, inaugurado el 1 de diciembre, este viernes en Madrid. El hospital de emergencias Enfermera Isabel Zendal acoge hoy a sus primeros pacientes, que se irán trasladando desde los servicios de urgencias de otros hospitales de forma voluntaria y en base a una serie de perfiles clínicos. EFE/Comunidad de Madrid/D.Sinova SOLO USO EDITORIAL/ SOLO USO PERMITIDO PARA ACOMPAÑAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA
El Zendal se abre a pacientes más graves

—“Al abrir la veda a los más graves”, dice la internista, “hay recursos que faltan”. Desde hace meses, los especialistas que trabajan con estos enfermos han apuntado a las “complicaciones” que presentan, la gravedad que puede alcanzar la patología y la rapidez con la que evoluciona. En el Zendal, los sanitarios disponen de un gasómetro un aparato para medir los gases disueltos en sangre—, “que te ofrece unos cuantos valores con los que te puedes manejar”, explica Sánchez: “Pero no hay laboratorio, por lo que si quieres una analítica decente en un paciente que se desestabiliza, hay que sacarla, solicitar un transporte sanitario de urgencia, que ese transporte venga a recogerla, que se la lleve a La Paz y que la analicen allí. Y eso no es rápido”.

Todos saben, añade, que cuando un paciente de covid “se pone malo, se pone malo enseguida, es cuestión de minutos, tienes poco tiempo para responder”. A ella aún no se le ha desestabilizado ninguno, pero si ocurre, “como lo hizo el pasado lunes por la tarde, acaban trasladando al paciente a La Paz”. Con los que presentan un cuadro clínico más estable, dice, “el problema no es tan grave”, porque de forma rutinaria, por las mañanas y por las tardes, se realizan y recogen las analíticas de estos enfermos, el transporte diario las recoge, las lleva, en ese gran hospital se analizan y se devuelven los resultados. “Pero para uno que te haga parada, algo que pasaba muchísimo en la primera ola, es una aberración no poder tener una analítica urgente”.

Un TAC que no funciona correctamente

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Otra carencia acuciante se produce con el infusor de contraste del TAC que no funciona. Entre las principales complicaciones que sufren los críticos de covid están los trombos, pulmonares o cerebrales. Para descartar esa situación es necesario hacer un escáner con contraste intravenoso, es decir, se inyecta al paciente una sustancia para poder ver qué está ocurriendo en sus venas y arterias. “Si se desestabiliza un paciente, tenemos que descartar que lo que esté ocurriendo sea un trombo, y si no tenemos ese infusor de contraste, lo que tenemos es un problema, porque no podemos descartarlo”, destaca Sánchez. Si ocurre, hay que trasladar a ese paciente a La Paz. Y eso es alargar el momento de máxima gravedad: “15 minutos en un ictus puede marcar que el paciente mueva o no la mitad de su cuerpo el resto de su vida, por ejemplo. O la muerte”. “Con la entrada de críticos, la probabilidad de que esto ocurra sube, y es un riesgo, esta es mi mayor preocupación”, lamenta la internista.

La primera paciente que ingresó en el Zendal, el pasado 11 de diciembre.
La primera paciente que ingresó en el Zendal, el pasado 11 de diciembre.Servicio Ilustrado (Automático) (Europa Press)

“El desastre es importante”, incide Ernesto Martínez, un enfermero de críticos que entró a trabajar al Zendal el día 22 por la mañana y dimitió a las pocas horas por la caótica situación. Además de repetir parte del relato de la internista, Martínez apunta al “tema de los quirófanos”. “Como ya se sabe, no tienen, y como ya se sabe también, los pacientes de covid no se complican nunca y ninguno requiere ninguna intervención quirúrgica, nótese la ironía”, dice este especialista de Enfermería. “El traslado que requiere uno de estos enfermos en caso de ser necesaria una operación tiene como mínimo un retardo de media hora, y eso, para mí, es poner en riesgo la seguridad del paciente”.

Martínez añade una cuestión sobre el personal, que cuenta con 106 profesionales voluntarios y alrededor de 130 trasladados de forma forzosa, como él, desde sus hospitales: “Entre los voluntarios hay enfermeros de críticos con muchísima experiencia, muchas tablas, pero el criterio que se ha seguido para hacer estos traslados forzosos [por orden de antigüedad, es decir, van moviendo de los hospitales a quienes llevan menos tiempo] hace que haya mucha gente con menos experiencia, y eso también es arriesgar la seguridad del paciente”. Asegura que si él fuese un crítico de covid, preferiría que lo tratase uno de los profesionales voluntarios que alguien con sus años de carrera: “Esto es así. Estamos hablando de un servicio como la UCI, con pacientes muy graves, y en parte esto fue lo que me hizo renunciar, no quería cargar con el peso de que alguien muriera por no saber hacer algo”.

Traslados forzosos y caos organizativo

11 December 2020, Spain, Madrid: Healthcare workers hold placards as they take part in a protest against the forced transfer to the pandemic hospital Isabel Zendal. Photo: -/DAX via ZUMA Wire/dpa
11/12/2020 ONLY FOR USE IN SPAIN
11 December 2020, Spain, Madrid: Healthcare workers hold placards as they take part in a protest against the forced transfer to the pandemic hospital Isabel Zendal. Photo: -/DAX via ZUMA Wire/dpa 11/12/2020 ONLY FOR USE IN SPAINDPA vía Europa Press (Europa Press)

El 11 de diciembre ingresó la primera paciente en el nuevo centro de emergencias de la Comunidad, el Isabel Zendal. Aquel día, diez tras su inauguración, la plantilla era de 106 profesionales voluntarios que prestaban atención en el pabellón número 2, el único abierto hasta ese momento, con 48 camas y entre tres y cuatro de UCI habilitadas de las 1.008 de agudos, 16 de críticos y 32 de cuidados intermedios con las que podría contar el centro, según datos de la Comunidad. Este sábado ese equipo ya ha crecido hasta los 245 especialistas, traslados forzosos que el Ejecutivo regional informó de que haría si no lograban el número suficiente para cubrir la atención del centro con los que se presentaran de forma voluntaria. “Y la próxima semana serán 340″, detalla un portavoz de la Consejería de Sanidad.

Este movimiento de sanitarios llega en un momento complicado para los hospitales públicos de Madrid. Al cansancio y el estrés que acumulan desde hace ya nueve meses, se suma la convivencia actual del coronavirus con el resto de patologías —cuyos enfermos han vuelto a los centros a diferencia de la primera ola, cuando se mantuvieron mayoritariamente en casa—, la actividad atrasada por la pandemia y, ahora, un cambio en la curva de ingresos que frenó su descenso el pasado 6 de diciembre y desde entonces mantiene una crecida paulatina y el periodo vacacional por Navidad. “Un momento horrible”, resume una internista en el Ramón y Cajal que prefiere mantener el anonimato por cuestiones laborales. Derivaciones que, confirman varios de los sanitarios trasladados, “se avisan con horas de antelación o a veces incluso en el mismo día”, espeta Belén Sánchez, internista que llegó el 21 de diciembre a su servicio y en ese mismo momento le comunicaron que la estaban esperando en el Zendal.

Dotar a este centro de plantilla supone restar esa plantilla al resto de centros y esto “sobrecargar los servicios de los que sale ese personal”. Esta especialista llegó el lunes a su trabajo y se encontró con que no tenía a su cargo los seis pacientes con los que se marchó durante el fin de semana sino 10: “A las 15.30 del viernes, ya sin margen de maniobra para que mi compañero se despidiera de sus enfermos o pudiese avisar a los familiares de que al día siguiente ya no iba a ser él quien los viera, le dijeron que se tenía que incorporar al día siguiente al Zendal”. Para la internista, donde más repercute esto es en la calidad que se le da a los pacientes: “No se ven igual cinco que 15 o que 20, se hace a costa de cargarnos de más trabajo y más tiempo del que nos toca, ves a los pacientes más tarde y los ves peor”.

Aunque durante los periodos navideños la carga asistencial suele reducirse “porque se programan menos quirófanos y se hacen menos pruebas no urgentes por las vacaciones”, cuenta la médica, “el servicio de Medicina Interna “siempre está hasta arriba” y trabajan con entre un 50% y un 60% de las manos habituales: “Y los pacientes que tienen que ingresar porque están malos, ingresan igual”. De forma habitual, asegura que ya necesitan un mes para cuadrar vacaciones y guardias, “ahora, con estos traslados, a cualquier servicio que preguntes esto le supone un problema añadido, porque se cuenta con todavía menos gente para atender a los mismos pacientes”.

Desde la Consejería, un portavoz asegura que “hay 11.300 contratos de refuerzo adicionales y el Zendal lo que está haciendo es acoger actividad covid para que dejen de asumirla el resto de manera progresiva” y que “los servicios se reorganizan”. Sin embargo, de esos 11.300 hay un amplio porcentaje que el Ejecutivo nunca ha cifrado y que no supuso más personal, porque la Comunidad cuenta como refuerzo también a aquellos a los que se le mejoraron las condiciones laborales por la pandemia, pero eran especialistas que ya formaban parte de las plantillas hospitalarias. Y la forma de reorganizar los servicios, dice el urgenciólogo del Severo Ochoa, Luis Díaz, significa “que ahora mismo tenemos que cuadrar sus guardias [las de los compañeros trasladados], porque nosotros seguimos siendo los mismos”.

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Sobre la firma

Isabel Valdés

Corresponsal de género de EL PAÍS, antes pasó por Sanidad en Madrid, donde cubrió la pandemia. Está especializada en feminismo y violencia sexual y escribió 'Violadas o muertas', sobre el caso de La Manada y el movimiento feminista. Es licenciada en Periodismo por la Complutense y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Su segundo apellido es Aragonés.

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