Ayuso inaugura el hospital de España

Tras la visita para la apertura del centro de emergencias Isabel Zendal, Ayuso ofreció una comparecencia sin preguntas

La presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, junto al alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida (c) y Pablo Casado (d) durante la inauguración del Hospital Isabel Zendal.

Nadie podrá venir aquí si se encuentra enfermo, porque no le atenderán. Este no es un hospital cualquiera. Este es el hospital de Isabel Díaz Ayuso. No cuenta con urgencias, ni plantas, ni especialidades. Es un centro para pandemias o grandes catástrofes. Es decir, se trata de un hospital para derivar pacientes enfermos de otros hospitales. ¿Y si no hay pandemias o catástrofes? Pues apenas se usará. Así es el nuevo Hospital Enfermera Isabel Zendal que ha costado 100 millones de euros.

Cuando un político inaugura cualquier cosa –en España se han inaugurado hasta rotondas– es todo un acontecimiento. Pero si la cinta roja se corta en Madrid, es como un alumbramiento. La felicidad llega a todos los rincones... del PP. Al visitar un hospital, lo normal sería encontrarse con sanitarios ataviados con batas blancas por los pasillos, pacientes en camillas, familiares en la sala de espera, celadores fumando un pitillo en la entrada. Aquí, no. Para la inauguración se ha optado por un nuevo modelo. Aquí no habrá sanitarios hasta la semana que viene. Un hospital sin médicos. Es cierto que la idea de coches o vagones de metro sin conductor ha entrado mejor en los madrileños. Si lo hacen en Estados Unidos, aquí también, qué narices. Pero lo de un hospital sin sanitarios no termina de encajar del todo. La inauguración del nuevo hospital ha sido un gigantesco plató de televisión.

Más de 80 medios de comunicación han acudido a la cita. Ubicado justo detrás de la ciudad deportiva del Real Madrid y al lado del aeropuerto, a 13 kilómetros de la Puerta del Sol, el centro sanitario en sí es inmenso. Tiene casi un kilómetro de largo. La obra no está terminada. El suelo ofrece pistas continuamente. El césped aún es tierra. Por aquí brotan cables de colores que serán farolas. A vista de cualquier madrileño son cuatro pabellones rectangulares. Uno es para la logística y el resto para pacientes. De los tres módulos para enfermos, solo funcionará uno, el de la inauguración. Y de las 1.000 camas prometidas, estarán operativas 140. Los primeros enfermos de coronavirus llegarán la semana que viene. Serán atendidos por 116 sanitarios que, como los enfermos, vendrán también de otros hospitales. Esta idea ha provocado una pequeña protesta de unos 100 sanitarios a 200 metros de la puerta principal.

“Ayuso, abuso”. “Más sanitarios y mejor tratados”. “Recortar sanidad, corrupción moral”. Cánticos y pancartas durante dos horas. Raquel Hernández estaba indignadísima: “He venido a pedir la dimisión de esta impresentable [en referencia a Ayuso]”. Funcionaria de 64 años, tiene una hija que es sanitaria. “¡Y trabaja en muy malas condiciones! ¡Por eso vengo, porque hacer esto es de una vergüenza absoluta! ¿Será el ladrillo el que cure a la gente?”. Un cordón policial trataba de mantener el orden ante aquellos que osaban cruzar el paso de peatones con tal de acercarse a los políticos:

— No se puede cruzar, señora. Ustedes han solicitado esto y de aquí no se pueden mover, les explicaba un agente.

A 10 metros de esta manifestación había otra concentración que estaba en contra de la manifestación. España es así. A veces solo falta Berlanga. Eran nueve y la mayoría jubilados. Todos estaban contentísimos. “Ayuso es la mejor”, gritaba Charo, de 64 años, hacia el infinito. A su lado estaban Ignacio, Lucio y María Rosa. Algunos llevaban la bandera de España, que últimamente es un elemento indispensable en estos actos. Ninguno de ellos se conocía. “Este hospital no tiene por qué tener médicos”, observaba María Rosa, “es para pacientes que vienen de otros hospitales”. Y se abrió un debate en el que todos están de acuerdo.

— Yo estoy a favor de los que construyen, no de los que destruyen.

— Por supuesto, es que los políticos tienen que hacer cosas.

— Y más al lado del aeropuerto.

La idea del aeropuerto no es nueva. La presidenta Ayuso ha insistido mucho en este asunto, pero nadie sabe explicar con certeza qué significa tener un hospital para curar pacientes de otros hospitales al lado del aeropuerto.

Mientras tanto, los consejeros iban llegando, como si fuera una boda. El anfitrión era Alejo Miranda de Larra, el director de infraestructuras sanitarias de la región. Un tipo de unos cuarenta años, que acaba de superar la covid. Tras su mascarilla se encontraba el hombre más feliz del mundo.

— Enhorabuena, Alejo, le decían todos.

— Gracias, esto es como IFEMA 2, respondía.

Por allí apareció el presidente del PP, Pablo Casado: “Es una buena noticia que se inaugure un nuevo hospital”. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida: “Es incomprensible que nadie se alegre de esto. Una cama siempre es una buena noticia”. Del Gobierno acudió la secretaria de Estado de Sanidad, Silvia Calzón, que no hizo declaraciones. Y de Asamblea madrileña, la portavoz de Vox, Rocío Monasterio: “Es una buena noticia. Ahora que hagan viviendas para los niños de la Cañada Real”. Ya solo faltaba la presidenta. “Que viene, que viene”, avisó un fotógrafo. “Lo suyo sería que viniera en helicóptero”, opinaba otro. Pero Ayuso, para sorpresa de todos, ya estaba dentro. Entró por otra puerta para evitar los abucheos.

Ya dentro, la presidenta inició una especie de Free Tour con los consejeros, el alcalde y Pablo Casado. El presidente del PP preguntó una duda razonable a la presidenta: “¿Hay quirófanos?”. Durante un segundo se hizo el silencio. No había respuesta. El hombre de las infraestructuras sanitarias salió a ayudar a Ayuso inmediatamente: “Hay salas de procedimientos donde se pueden hacer traqueotomías”. Es decir, que no hay.

Tras la visita, Ayuso ofreció una comparecencia sin preguntas: “Esto es un hospital para toda España”, dijo. Después, los periodistas entraron en grupos de 10 a ver las instalaciones. Un guardia de seguridad vigilaba los pasillos donde no pasaba nadie:

— ¿Hoy es un día fácil de trabajo, ¿no?

— (Ríe) Facílisimo.

Y al fondo, a lo lejos, frente a una de las UCI, el consejero de Sanidad ofrecía una entrevista a Telemadrid.

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