LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Prisas de última hora en Atocha para intentar adelantar billetes

“Yo no tengo ningún justificante especial más que el hecho de que yo compré este billete hace más de un mes”, dice un viajero

Viajeros en la estación de Atocha, a las 15.00 horas, cuando el Gobierno ya había anunciado el estado de alarma en Madrid y preparaba su entrada en vigor.
Viajeros en la estación de Atocha, a las 15.00 horas, cuando el Gobierno ya había anunciado el estado de alarma en Madrid y preparaba su entrada en vigor.Samuel Sanchez / EL PAÍS

A algunos ciudadanos en Madrid la declaración del estado de alarma les ha pillado con la maleta hecha y el lío jurídico de las últimas horas, en las que habían quedado anuladas las restricciones de movilidad en vigor. El Gobierno central anunciaba a media mañana el estado de alarma –que afecta desde que se publicó en el BOE sobre las cinco de la tarde a Madrid capital y Alcobendas, Alcorcón, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles, Parla y Torrejón de Ardoz– y algunos viajeros corrieron a sus estaciones para intentar adelantar sus billetes. [Restricciones de movilidad, aforos y horarios por el estado de alarma]

En Atocha, pasadas las 13.30, la zona de controles de equipaje del AVE era un escenario frenético. Viajeros con billetes para más tarde se han encontrado mirando la pantalla de información de salidas con la vaga esperanza de poder adelantar sus traslados y así evitar los posibles controles policiales que conlleva el estado de alarma. La esperanza se desmorona rápidamente: los trenes de AVE programados para esta tarde, primer día del puente del Pilar, llevan completamente vendidos desde hace semanas, aseguran los trabajadores en la taquilla. Los viajeros que salen más tarde deberán confiar en sus justificantes, los que tienen uno. Los desplazamientos en Madrid y las otras ocho ciudades quedan limitados a motivos justificados por trabajo o por otra causa de fuerza mayor.

Algunos no pudieron viajar. Celia Martínez es una de las profesoras que han sido contratadas de manera extraordinaria en la Comunidad de Madrid para este curso en un colegio de Algete. Tenía planeado volver a Valencia, de donde es, durante el puente. “Yo les mostré que soy de Valencia y vuelvo a casa, pero será que solo puede ir gente que no tiene planeado volver. Por lo menos me han devuelto el dinero de los billetes”, decía resignada.

El de Carla Ramírez para ir a Barcelona es a las 17.30, pero ha llegado a la estación casi tres horas antes para intentar montarse en uno anterior. “Era por probar, porque yo tengo justificante para el viaje, que es para una junta de negocios. Se lo pedí a la empresa esta mañana, cuando declararon el estado de alarma. Espero que con eso me dejen pasar”, señala. Javier López, estudiante zaragozano de audiovisuales en un centro privado de Madrid, también confía en poder viajar con el justificante que tiene: su empadronamiento: “Yo me vuelvo a casa porque me quitaron las clases presenciales. Compré el billete hace una semana y supongo que me dejarán viajar porque estoy volviendo a casa”.

Para algunos viajeros la sorpresa es aún mayor. Parta Kalra, un joven indio que aterrizó en Barajas este viernes por la mañana y está esperando un tren que lo lleve a Murcia, donde va a estudiar Ciencias de Deportes, no se había enterado de la situación. “Estoy ansioso porque me he encontrado con esto y no sabía nada. Mi tren es por la tarde, tengo varias horas de espera”, dice sentado al lado de la escultura de varias maletas que adorna la estación. “¿Justificante? ¿Para qué?”, pregunta Parta, desubicado.

Otros, en cambio, todavía esperaban poder llegar a su segunda residencia. Es el caso de José González, con tren hacia el Puerto de Santa María a las 15.10. “Yo no tengo ningún justificante especial más que el hecho de que yo compré este billete hace más de un mes. Esto no tiene sentido cuando las cosas estaban funcionando bien, cuando solo había algunos barrios confinados”. González ha podido viajar. Salió unos minutos antes de la llegada de los agentes de Policía Nacional que sobre las 15.15 se han ubicado junto al control de equipajes, pero que todavía no comienzan a revisar los justificantes de viaje de los pasajeros y no empezarán hasta que reciban la orden con los protocolos publicados en el BOE, a lo largo de la tarde.

“Acabo de cambiar el billete para hoy”

En la estación Sur los que llegan con tiempo fuman un cigarrillo a la entrada para matar la espera hasta la salida del autobús. Una vez dentro, se ven pequeñas colas en las taquillas y un trajín de viajeros que se dirige a las dársenas. “Hay muchísima más gente comparado con días anteriores. A las 12 de la mañana estaba vacío”, dicen desde la oficina del punto de información.

Un grupo de unos seis policías va de un lado a otro, se reúnen en corro pero pasadas las 15.00 no paran a nadie. Belén Alcalá corre con una amiga por el pasillo con una gran maleta. Va con la hora justa. “Me iba mañana a Granada pero acabo de cambiar el billete para hoy”, responde a toda prisa.

La gente espera sentada en los pasillos con sus bártulos mientras lee, escucha música o come un bocadillo para el almuerzo. María López, una joven de 24 años, se entretiene con el móvil y comenta que tenía intención de irse la semana que viene a Jaén, pero que anoche cambió su viaje al ver las noticias e intuir el panorama que se avecinaba. “No puedes planear ni organizar nada. Lo único bueno es que por lo menos vamos a estar 15 días sin cambios con algo de estabilidad”, comenta.

A Laura, sanitaria que trabaja en un hospital del sur de Madrid, está situación le parece más política que de salud: “He dudado si venir o no, pero estoy al pie del cañón y mi opinión personal es que los contagios están estables, no tiene nada que ver con el mes anterior que sí que se dio un pico”. Viaja a Asturias y siente que los políticos se están riendo de los ciudadanos. “Hay ciudades que están igual o peor que Madrid y no se las ha confinado. No creo que esta sea la solución, hay otras, como ayudar a la gente del sur que necesita trabajar. Nunca me han parado en ningún control, por ejemplo. En marzo antes del estado de alarma tenía un viaje y no me fui porque consideré que me tenía que quedar, pero ahora no es lo mismo”, añade.

La afluencia de viajeros no cesó a las cinco de la tarde. No había control estricto por ningún lado. Trinidad Rubio se va a Salamanca a cuidar a su madre: “Esto se veía venir, un compañero me dijo que ayer ya comenzaron las retenciones. No se ponen de acuerdo los que se tendrían que poner de acuerdo y se pasan la pelota unos a otros. Debería haber un referéndum para quitar a la clase política, que sobra por todos lados”.

En la hilera de asientos habilitados para la espera algunas parejas se abrazan para intentar alargar la despedida. Aquí se encuentra Almudena Sandoval que acaba de llegar desde Castellón para irse a Valladolid. “No quedaban billetes para ninguna hora de la tarde y me toca marchar mañana a primera hora”.

Controles en carreteras colapsaron las salidas por la A-4 y la A-5 pasadas las 15.00 y ha habido retenciones en dos puntos de la M-40, pero por accidentes. Fuentes de la DGT indican que a esta hora hay menos tráfico en las carreteras que otros viernes, informa F. J. Barroso. Los controles específicos del dispositivo de alarma para el control de las restricciones de movilidad no iban a estar operativos, en teoría, hasta la publicación del BOE, que ha tenido lugar sobre las 17.00. Sin embargo, antes de esta hora Telemadrid captaba un control en el que ya se aplicaban las restricciones de movilidad e indicaban a un conductor que debía regresar por no tener justificante laboral. Al inspeccionar su maletero habían encontrado varias maletas y comida.

Pasadas las cinco de la tarde, tras la publicación del BOE, la policía ha comenzado a pedir la justificación de viaje a los pasajeros antes de que pasen por el control de equipaje. Dos agentes en cada acceso a la terminal de AVE se encargan de verificar las razones que dan los viajeros para sus traslados. En los primeros minutos todo avanza de manera fluida, y a nadie se le ha denegado el acceso. Mientras repasan la orden del BOE, los policías piden algún documento que avale que vuelven a sus residencias -el padrón o el DNI es suficiente- o que el viaje es por trabajo o fuerza mayor -para esto es necesario un justificante cumplimentado-.

Los pasajeros muestran sus documentos o sus móviles, algunos traen impreso el justificante también para que los agentes los examinen. “Tiene que demostrarme que su residencia habitual es en Barcelona”, le dice un policía a un hombre consternado, que, billete en mano intenta explicar que aunque está empadronado en Madrid, vive y trabaja en la capital catalana. Sin embargo, después de unos momentos tensos, y un par de llamadas, el hombre logra pasar el control.


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