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Airbus Madrid tiembla con una segunda ola de despidos: “Va a ser una escabechina fuerte”

A las 374 bajas anunciadas en marzo en la división de defensa de todas las plantas madrileñas se suman ahora otras 455 salidas del área comercial de la factoría de Getafe

Vista de la fábrica de Airbus en Getafe, el pasado mes de marzo.
Vista de la fábrica de Airbus en Getafe, el pasado mes de marzo.Álvaro García

Para hacerse una idea de lo que significa Airbus en Getafe solo hace falta poner un pie en este municipio del sur de Madrid. En las rotondas, en lugar de esculturas, tienen aviones cazas que parecen salidos de Top Gun. La planta es un barrio más, en el que habitan 10.000 personas ―6.100 de plantilla, la mitad de ellos ingenieros y titulados superiores, y el resto, proveedores y subcontratas―. Son 40 edificios apodados el Tanatorio, la Rosilla, la Esquina del Bernabéu o la Jungla de Cristal. “Tienen nombre hasta las puertas, la del cielo es azul y la del infierno, roja”, cuenta un trabajador. Por la del infierno de esta y del resto de plantas de Airbus en la comunidad saldrán 829 trabajadores en dos oleadas de despidos.

El primer tijeretazo se anunció en marzo en la división de defensa. La razón: una caída en los encargos. Los aviones militares son “un negocio muy estacional, tienes dos años buenos y dos sin pedidos”, explica un white collar o trabajador de cuello blanco, como se denomina a los ingenieros frente a los blue collar o los del mono azul, que prefiere no dar su nombre y que trabaja en el departamento de ventas del área de defensa. “Son ciclos combinados en los que ahora le tocaba a Airbus civil petarlo”, añade. Pero llegó la covid-19 para romper todos los esquemas. El volumen de negocio de la parte comercial ha caído entre un 30 y 40%, lo que se traduce en un nuevo anuncio de despidos.

El primer ajuste, con Madrid como la comunidad más afectada, supondrá la supresión de 283 puestos en la planta de Getafe, 68 en Barajas y otros 23 de las subsidiarias Crisa y Secure Land Communications, en Tres Cantos. La segunda ola, anunciada el martes, mandará a la calle a 455 trabajadores más en Getafe, la mitad del total para España. “Es una locura”, resume el ingeniero. “Va a ser una escabechina fuerte y sabíamos de sobra que iba a ocurrir. ¡Pero si llevan las flotas tres meses en tierra!”, asume un trabajador de finanzas, que tampoco quiere dar su nombre.

Cuenta que la empresa “había sobrevolado bastante bien la crisis”, vivían “en una isla en medio del océano, instalados en la idea de que nunca iba a pasar nada”. Pero en su departamento se comunicaron en marzo 17 bajas. Él tiene 50 años, “una edad difícil” para quedarse en paro. “En marzo estábamos hasta cierto punto tranquilos porque en el pasado se aplicaron medidas no traumáticas, como prejubilaciones, bajas incentivadas, no renovación de temporales... y pensábamos que iba a seguir siendo así, pero ahora... va a ser drástico, no hay 800 personas en edad de jubilarse”, se teme, para recordar que hace tan solo unos meses tenían “una auténtica churrería del modelo 320 para vuelos domésticos, 40 aviones al mes”.

“Porcentualmente, lo peor se lo lleva Puerto Real (Cádiz)”, matiza Francisco San José, presidente del comité de empresa, que representa a la perfección lo familiar que resulta y lo enraizada que está la multinacional en Getafe. Su abuelo fue fontanero en CASA, que se fundó en 1923 y que se integró en el gigante europeo en 1999, su padre trabajó en el departamento calidad y él era montador/ajustador. San José dimensiona el agujero negro que ha supuesto la pandemia para el sector: “En los viajes cortos se espera volver a los ritmos anteriores en un par de años pero, en los transnacionales, ni idea”.

“La situación es de mucha preocupación y, cuando veo los números, me preocupo aún más”, confiesa el líder sindical, que espera el apoyo de la sociedad y de todas las instituciones y que reclama al Gobierno que “intervenga proponiendo inversiones a cambio de viabilidad, que proteja al sector como ha hecho con la automoción y el turismo y que recupere su papel” en el consorcio, en el que tiene una participación del 4,2%. Anuncia que harán “el máximo ruido” en defensa de sus puestos, pero la realidad es que ahora mismo la movilización se antoja difícil, ya que muchos trabajadores siguen teletrabajando y entre un 80 y un 90% del área comercial está en ERTE hasta el 30 de septiembre. “Ya no valen las medidas coyunturales. Vamos a pasar de ERTE a ERE”, lamentan los trabajadores.

En la parte militar está Rubén Begines, sevillano con una doble titulación de 31 años que lleva dos años y medio trabajando en Getafe. Begines, que se acaba de incorporar al trabajo presencial y que no se ha visto afectado por el ERTE, habla maravillas de Airbus por su “calidad única” del empleo. “Cualquier despido es una mala noticia. Si me llega la carta lo lamentaré mucho, pero yo no lo veo desde un punto de vista individual, si le toca a alguien es como si me tocara a mí”, asegura.

“Es un mazazo”, sentencia Diego Bolaños, que lleva en Airbus 17 de sus 43 años. Estudió una FP de automoción y trabaja en el cuarto de mezclas de sellante de aviones comerciales. “Anda que, como te cojan, te ha tocado la lotería”, recuerda que le decía su madre cuando presentó la instancia. Ahora confía en que “se pueda negociar” y que el impacto “sea el menor posible”. Un portavoz de la empresa, que rechaza hablar de ERE y que prefiere el término “reestructuraciones”, promete eso, que “se utilizarán todas las medidas posibles, desde salidas voluntarias a prejubilaciones”.

Pero la crisis de Airbus va mucho más allá de sus puertas. En los polígonos que rodean a la factoría, San Marcos, Carpetania y Los Ángeles, “ha caído como una bomba”, confiesa Darío Huerta, encargado del restaurante El Rincón de Julia. El 30% de sus clientes son de Airbus y antes de la covid despachaban 180 menús diarios. Si en marzo ya se notaba una caída a causa del “miedo y la incertidumbre entre la clientela”, ahora “ya te puedes imaginar”. “Es una ruina en todos los aspectos, todo el polígono vive de ellos, que se reparten y nos dan de comer a todos”, explica Huerta.

En la industria auxiliar hay pánico. “Todos los temporales, 20 personas, ya se han ido a la calle y detrás vamos los 70 fijos”, se barrunta una trabajadora de la cadena de ensamblaje de Aciturri Aeronáutica en el polígono de San Marcos, donde “el hachazo ha sido grande”. De un día para otro, han pasado de montar 30 estabilizadores horizontales del modelo 320 al mes a solo 15 y se sospechan que van a trasladar la planta a Sevilla.

Su marido, que lleva más de 15 años en Airbus, monta el 350, el modelo más afectado por la crisis al ser de larga distancia; y su cuñado, transportista, sirve piezas a Airbus. “El problema lo tenía Defensa, nosotros estábamos salvados, teníamos muchísimo trabajo antes de la covid, es un palo muy duro”, maldice su marido, que teme que no se puedan entregar los aviones que están haciendo ahora mismo porque quiebren las aerolíneas.

“Cuando Airbus estornuda, Getafe ―con una tasa de paro en 2019 del 11,35% frente al 9,99% de la Comunidad― se resfría”, alerta la alcaldesa, Sara Hernández. Al igual que los trabajadores, Hernández pide al Gobierno que se implique, reme para evitar el ajuste laboral y declare la aeronáutica “una política de Estado y un sector estratégico y esencial, como hacen Francia y Alemania”.

Hernández espera que, a través de “una negociación con cabeza y sentido de la responsabilidad en la que el Gobierno tiene mucho que decir”, se puedan minimizar los costes laborales y que “Airbus pueda volver a coger el vuelo”.

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