La crisis del coronavirus

Airbus vuelve al trabajo con miedo

La empresa, con 126 empleados positivos y 629 en cuarentena en Madrid, alega que ha adoptado “todas las medidas necesarias” contra el coronavirus para reabrir la producción tras cuatro días parada

Un A400M de Airbus entrega a Defensa una primera carga de mascarillas chinas en la base de Getafe.
Un A400M de Airbus entrega a Defensa una primera carga de mascarillas chinas en la base de Getafe.

Las plantas de Airbus en Madrid ―Getafe, Barajas y Tres Cantos― reanudaron el lunes la producción después de cuatro días de paro, en los que se han adoptado “todas las medidas necesarias” contra el coronavirus, asegura un portavoz de la empresa. La dirección ha comunicado a los sindicatos, según figura en el último comunicado del comité interempresas, que 120 miembros de plantilla y 13 de la industria auxiliar han dado positivo en Getafe y otros seis y cuatro en Barajas, a los que se suman 782 en cuarentena de las dos categorías entre ambas factorías ―131 con síntomas y el resto, por haber estado en contacto con un enfermo o en zona de riesgo―. El consorcio tiene 6.900 empleados en la región. A tenor de estos datos, el comité ha pedido “decisiones inmediatas”, UGT una nueva suspensión de actividades y CGT llama a la huelga indefinida.

El regreso al tajo en Airbus, con la oposición de los sindicatos, que pedían una reapertura “escalonada", ha causado estupor y críticas en algunos sectores de una sociedad bajo estado de alarma y confinada, con los colegios cerrados desde el 11 de abril y sin comercios no esenciales desde el 14. Sin embargo, el Gobierno regional y el de España han optado por mantener la industria funcionando, al considerar que muchas fábricas son necesarias y que no se puede parar el país. A ambos argumentos se agarra Airbus para reabrir, a pesar del malestar y el miedo de muchos de sus trabajadores.

Un white collar o trabajador de cuello blanco, como se denomina a los ingenieros frente a los blue collar o los del mono azul, explica que solo habían parado los segundos y que parte de los primeros han entrado en su segunda semana de teletrabajo. “Son dos mundos totalmente distintos, al que aprieta las tuercas o pone remaches no le queda más remedio que ir”.

Ni la dirección ni el comité cifran cuántos están trabajando desde sus casas, pero la mitad de los 6.100 empleados de Getafe son ingenieros y titulados superiores. Según este trabajador, del departamento finanzas de Getafe y que prefiere no dar su nombre, les comunicaron que tenían prioridad para teletrabajar los que tuvieran niños o mayores a su cargo, las embarazadas, los mayores de 60 años o con dolencias crónicas y las personas con síntomas o en contacto con contagiados. “Programas, finanzas, calidad... están todos en remoto”. Otro white collar, ingeniero y que está trabajando presencialmente, matiza que es el manager quien concede el teletrabajo y que lo deniega si el departamento es considerado crítico. “Esto ha creado ciertas asimetrías y conflictividad laboral”.

Para los que no teletrabajan, “los sindicatos presionaron mucho y lograron parar la producción cuatro días”. Pero la tregua se acabó y han tenido que volver, aunque con mayores garantías. El economista cuenta que en estos días “se han elaborado procedimientos para argumentar que el trabajo es seguro”. Se han establecido dos equipos, el azul y el rojo, cuyos turnos se han reducido y espaciado para que no coincidan. “Antes también había turnos, pero se solapaban los que llegaban con los que se iban en los baños y en el comedor, ahora se han asignado baños distintos para cada equipo y el azul tiene una jornada de 7.00 a 14.00 y el rojo, de 15.00 a 21.00”. En la hora de entremedias, desinfectan las instalaciones.

La dirección destaca que las estaciones “se han limpiado rigurosamente” y que hay mascarillas “disponibles” para quienes trabajen en espacios cerrados así como "existencias adecuadas de desinfectante”. Por megafonía les recuerdan constantemente que deben lavarse las manos y mantener metro y medio de distancia entre trabajadores. Pero no debe de ser fácil hacerlo. En situaciones normales, en la planta de Getafe hay 10.000 personas ―entre plantilla, proveedores y subcontratas en labores de soporte― repartidos en 40 edificios apodados el Tanatorio, la Rosilla, la Esquina del Bernabéu o la Jungla de Cristal.

El economista recuerda que, en sus grupos de WhatsApp, estaban todos “asustados” por la posibilidad de tener que volver, un temor que se confirmó el domingo. Este diario ha contactado con varios operarios, que no han querido hablar “por ser un tema muy sensible” o “por estar compañeros enfermos” o "dada la delicada situación”. El ingeniero destaca que ve "actitudes muy distintas” a su alrededor, desde “los que van obligados a los que doblan mañana y tarde porque quieren y a los que están trabajando confinados, enfermos y con fiebre, a los que hay que aplaudir”.

Según una carta interna del presidente de Airbus España, Alberto Gutiérrez, “el desafío" de trabajar en estas circunstancias es “la prueba de fuego más difícil” a la que se han enfrentado. Explica que “inspectores de trabajo, tras visitas físicas y virtuales a los centros", han notificado que “no se observa ninguna situación de riesgo grave e inminente para paralizar la actividad”. Sus “advertencias y requerimientos” han sido tenidas en cuenta.

“Seguimos adelante porque podemos y porque debemos. Sin nuestros helicópteros y aviones, el Ejército, la Guardia Civil y otros servicios de emergencia no podrían apoyar la respuesta nacional a la crisis”, alega Gutiérrez, que subraya su compromiso con clientes y proveedores. “No podemos cerrar nuestras puertas y abrirlas al mes siguiente sin graves consecuencias”, advierte. La multinacional aeronáutica ha abierto además un puente aéreo para traer mascarillas fabricadas en China. Un avión A400M transportó la tarde del martes desde Toulouse hasta Getafe la primera entrega de material, cuyo número no se ha precisado y que se entregó a Defensa.

El white collar economista tiene sentimientos encontrados y admite que es más fácil ver las cosas desde casa, aunque “si tuviera que ir iría, claro está, no queda otra”. “Igual las medidas adoptadas son suficientes, pero no lo sabemos y el miedo es libre”, sentencia. “Nuestro trabajo no es de primera necesidad de cara a la crisis, solo la parte de mantenimiento del Ejército. Podemos puntualmente fabricar mascarillas con las impresoras 3D, pero no nos dedicamos a eso, no tenemos capacidad”, sostiene, aunque admite que "si todos paramos, esto sería una ruina”. El ingeniero lo tiene muy claro: “Hay que seguir trabajando, damos soporte a las Fuerzas Armadas. Podemos colaborar en el esfuerzo colectivo de España, el que hace estampas que pare, pero nosotros podemos hacer que nuestra empresa, que es tractora, tire para arriba y tire de las demás y del país”.

Al comité intercentros, de CC OO, no parecen convencerle las medidas adoptadas. En su último comunicado, de la noche del martes, subraya el “indiscutible aumento de positivos y de personal en cuarentena aun estando cerradas las instalaciones". Considera que la “situación sobrepasa con creces” sus competencias, por lo que la elevarán al Ministerio de Sanidad. "Pedimos que se tomen decisiones de manera inmediata. Si no recibimos comunicación en este sentido, actuaremos para proteger la salud e integridad de los trabajadores”, advierte. UGT ha exigido este miércoles la suspensión de actividades, a excepción de las esenciales, y el cierre de las plantas, mientras que CGT, que acusa a la empresa de poner “en peligro” a trabajadores y sus familiares, convoca huelga indefinida a partir del 30 de marzo.

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