Crisis del coronavirus

Guantes, mascarillas, calzas y vaporeta para ir de tiendas por Madrid

Así se preparan algunas firmas de moda del barrio de Salamanca que han reabierto esta semana con cita previa

David Expósito

Segunda semana de la fase 0 en Madrid. El barrio de Salamanca amanece con el ligero trasiego de estos últimos días: gente paseando o haciendo deporte, alguien que sale a hacer recados y vehículos de reparto que paran frente a los comercios esenciales que hay en la zona. Como lo que abunda en este lujoso barrio madrileño son las tiendas de grandes firmas, la imagen global de sus calles sigue siendo la de cierres echados y escaparates que todavía lucen ropa de abrigo. Aunque desde este lunes 11 de mayo, en algunas de ellas, especialmente de moda, ya cuelga un cartel de “abierto con cita previa” ya que esta fase de la desescalada permite abrir al público si se limitan las visitas a los locales, se higienizan las prendas tras cada vez que se toquen y se desinfectan los probadores tras cada uso.

En el número 24 de la calle de Serrano, la puerta de la firma italiana Pinko se abre y de ella sale Alberto Real –empleado de la misma– para fumarse un cigarro. Hoy todavía no ha atendido a nadie, pero ayer recibió a las dos primeras clientas con cita. “Una de ellas tenía una urgencia: tiene una panadería muy famosa en Madrid y le iban a entrevistar los de la tele, así que vino a comprarse un modelito para la ocasión”, cuenta Real, que también es escaparatista. “Como de momento no hay casi citas, me dedico a cambiar el escaparate. Todas las tiendas tuvimos que cerrar deprisa y corriendo y ahí se quedó el catálogo anterior. Pero es una de las cosas más importantes de una tienda para atraer al público y, ahora que ya hemos abierto y que la gente sale a pasear, hay que actualizarlo lo antes posible”, añade.

La asociación de comerciantes Distrito 41 Barrio de Salamanca –que aúna las tiendas, restaurantes, hoteles y galerías de arte de la zona– anunciaba a principios de esta semana que se habían puesto en marcha “todos los protocolos de desinfección y limpieza contra la covid-19 en sus comercios” para que los establecimientos pudiesen abrir a partir de este lunes con cita previa.

La “nueva normalidad” de las tiendas de ropa en el barrio de Salamanca serán los guantes y mascarilla obligatorios para acceder a ellas. En el caso de Pinko, la ropa de exposición está solo para mirar y tocar, pero no para probar. “Si deciden que les gusta algo, le traemos el mismo modelo del almacén para que se lo prueben”, explica Real y añade que luego lo desinfectan. En Alfaro 1926 (Goya, 7), otra de las tiendas que han levantado el cierre esta semana, rocían la prenda con un “líquido higienizante”, le pasan la “vaporeta” después de cada prueba y la devuelven al expositor. Con las devoluciones se hará el mismo procedimiento. “Este líquido no daña la ropa”, asegura Hilario Alfaro, cuarta generación al frente de este negocio familiar, mientras sujeta el frasco. “De momento, como las clientas vienen muy espaciadas en el tiempo se puede hacer, ya veremos luego cuando el flujo aumente”, añade.

En Didom (Goya, 17), una tienda especializada en calzado y accesorios para mujer, antes de la crisis sanitaria ya pedían a sus clientas que se probasen los zapatos con una calza. “Por los pies se transmiten muchos virus y bacterias”, dice su gerente, Antonio Ortiz, “así que ahora con más razón”. La zapatería ha establecido un tiempo límite de 45 minutos para permanecer en la tienda y de 15 minutos si solo acuden para una recogida.

La otra clienta que visitó Pinko en el primer día de apertura tras el confinamiento lo hizo buscando camisetas. Las más baratas que vende la firma italiana cuestan 50 euros. “Era una mujer andorreña a la que el estado de alarma le pilló en Madrid y decidió quedarse. Pero parece que va a alargar su estancia porque quería ropa de verano y se llevó unas cuantas camisetas”, cuenta Real.

Sin embargo, no todos los clientes que han acudido estos días a estas tiendas con cita previa lo han hecho para equiparse para la nueva temporada. Algunas que han acudido a Didom querían recoger zapatos personalizados que ya habían comprado “para bodas y eventos que se cancelaron por el coronavirus”. “Los zapatos personalizados no se devuelven ni se cambian, así que vienen a retirar la compra”, dice Ortiz mientras ordena decenas de cajas en varias pilas. Para Eduardo Rivera, gerente de la tienda Elisa Rivera (Claudio Coello, 37), “la confusión de esta fase 0 sobre a qué establecimientos se puede ir o no con cita previa hace que mucha gente no se decida a venir aún”. Algunas de sus clientas han decidido cancelar su cita hasta la siguiente fase.

Las pocas tiendas que se han atrevido a abrir estos días vaticinan un futuro diferente para la actividad “ir de compras”. “Ya está siendo raro no saludar a los clientes o tratarles todo el rato desde la distancia”, dice Real. “El tipo de cliente del barrio de Salamanca no solo viene a comprar, sino a vivir una experiencia: que le agasajen, que le ofrezcas una copa de champán… pero con todas estas restricciones muy probablemente cambie todo eso”. Para Alfaro, la venta online se ha consolidado durante el confinamiento y cree que continuará aunque las tiendas abran con normalidad. “Nosotros que somos una tienda pequeña de trato cercano, nos tocará hacer vídeos de las prendas y enviárselas a casa a las clientas para que se las prueben”, concluye.

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