Cuenta atrás para salvar al Gobierno catalán

El sector pragmático de Junts se moviliza para evitar la amenaza de escisión con ERC. Consejeros y altos cargos del partido intentan frenar el intento de Borràs y Puigdemont de que la formación salga del Ejecutivo de Aragonès

Reunión del Consell Executiu del Govern, el día 13.
Reunión del Consell Executiu del Govern, el día 13.GENERALITAT

No hay tregua, ni se la espera, en el Gobierno de Cataluña formado por Esquerra Republicana (ERC) y Junts per Cataluña. La amenaza de que el Ejecutivo de Pere Aragonès se quede sin la mitad de sus consejeros, los de Junts, se ha convertido en una opción real los últimos días por la acumulación de discrepancias estratégicas. Ni siquiera la reunión de casi seis horas que los dos socios de la coalición mantuvieron el miércoles sirvió para limar asperezas. De hecho, puso encima de la mesa con toda su crudeza el distanciamiento que hay entre ambos partidos. La principal discrepancia es sobre si hay que acelerar de nuevo hacia la secesión, abandonando la mesa de diálogo entre Gobierno y Generalitat, que Esquerra sigue defendiendo. En medio del estrépito, un sector de Junts, poco ruidoso hasta ahora, ha levantado la voz para pedir sosiego a aquellos compañeros de partido que, liderados por Laura Borràs y avalados por las directrices de Carles Puigdemont, abogan directamente por romper el Ejecutivo si no se avanza decididamente en la vía independentista. Jaume Giró, consejero de Economía, replicó este jueves que confía en alcanzar un “espacio de entendimiento dentro del espacio soberanista”. Más contundente fue Xavier Trias, favorito para ser candidato del partido a la alcaldía de Barcelona en las municipales del año que viene. El veterano político afirma que una eventual salida de Junts del Govern sería “un escollo importante” a la hora de decidir si se presenta otra vez o no a la alcaldía.

El consejero de Salud, Josep Maria Argimon, o la titular de Acción Exterior, Victòria Alsina, también defienden quedarse en la Generalitat. Esta última se ha declarado partidaria de “centrar el debate” en el cumplimiento del pacto de gobierno, y no dar pábulo a otras estrategias. El vicepresidente Jordi Puigneró aparenta una posición neutral, pero colaboradores suyos en la Consejería de Territorio ponen de relieve que una repentina salida del Ejecutivo supondría un problema para seguir desarrollando infraestructuras identificadas como prioritarias y que están pendientes en Cataluña. El propio Giró, que continúa impasible con su plan de negociar los presupuestos, ya había dejado clara su postura el miércoles: “Creo que la mayoría de Junts vería bien seguir en el Govern”.

Pere Aragonès sacó el extintor el jueves en una conferencia en Barcelona: “Si depende de mí, trabajaré para acabar la legislatura”, subrayó. Pero la herida en el Govern es profunda. “Estamos en un callejón sin salida”, sintetizaba un dirigente de Junts, horas después de la cita del miércoles con Esquerra. Los republicanos admiten que la tensión ha subido de grado y, a diferencia de lo que pasaba antes de la Diada, ya no se descarta tan rotundamente que pueda darse la formalización del divorcio. “En Junts están muy presionados, pero ahí fuera hace mucho frío”, analiza un alto mando de ERC.

Ni Esquerra ni Junts hacen manifestaciones oficiales de una comida que se terminó convirtiendo en una merienda-cena. La cita supuestamente estaba prevista desde hacía días, pero se mantuvo en secreto. Fuera de los focos, las valoraciones de las partes son coincidentes: “Estamos lejos”. Y las acusaciones de “deslealtad” saltan de un lado a otro. El clima de desconfianza se ceba en el Govern, y aprieta a Junts y a sus amenazas sobre la posibilidad de romper el Ejecutivo. “Si una formación política tiene problemas internos, que no los traslade al Gobierno del que forma parte”, apuntó Oriol Junqueras el jueves en una entrevista en La Sexta.

El presidente de ERC trató de poner énfasis en el choque interno que sacude a Junts, con parte de su cúpula alentando a abandonar el pacto de conveniencia con los republicanos, mientras otros apuestan por aportar estabilidad institucional. A los primeros los lidera Laura Borràs, la presidenta suspendida del Parlamento catalán, y arrastra a colaboradores suyos como Aurora Madaula y Francesc de Dalmases, además de a figuras como Jaume Alonso-Cuevillas, Joan Canadell y Marta Madrenas, alcaldesa de Girona. En el otro bando se agrupan, sobre todo, los miembros del partido que desempeñan cargos de gobierno, secundados por un nutrido grupo de alcaldes. Junqueras citó a Artur Mas como “persona relevante” del entorno de Junts, para ponerlo como ejemplo de las voces que “se han posicionado en contra de la salida del Gobierno [catalán]”.

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Mientras, el diputado de la CUP en el Parlament, Carles Riera, lamentó las “disputas de poder” que se dan entre las formaciones que componen el Ejecutivo catalán y afirmó que el Govern no está “por la labor” de hacer efectiva la autodeterminación. La cuestión es que la dirección de Junts, encabezada por Laura Borràs y Jordi Turull, se reunió el jueves en el Parlament con la dirección de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y, de manera repentina, se distanció de su propuesta de declarar la independencia en 2023. Tras el cónclave, Dolors Feliu, líder de la entidad, afirmó que Junts no descartaba completamente su plan, pero que tampoco se sumaba. “Es una posición comprometida, pero que se queda en el ámbito declarativo. No son propuestas concretas, estamos en un escenario muy igual al del 10-S”, dijo, insinuando que nada ha cambiado en ese partido tras la manifestación de la Diada, a la que no acudió ERC, informa Àngels Piñol.

Feliu avanzó que la ANC hará una apuesta clara por pedir elecciones anticipadas “si no se mueve nada” en el debate de política general en el Parlament, previsto para finales de mes, y la celebración del aniversario del 1-O, el referéndum ilegal celebrado en 2017. “Si no hay propuestas y ningún tipo de impulso, nos anima a hacer la lista cívica”, amenazó.

Por su parte, Junts despachó la reunión con un comunicado del partido en el que se muestra a favor de tejer una estrategia compartida con el resto de formaciones y entidades, al tiempo que recuerdan que el president dijo en su discurso de investidura que su objetivo era “culminar la independencia”.

Mientras, el PSC contempla la bulla del independentismo desde la barrera, pero aboga por la estabilidad. Alícia Romero, portavoz de los socialistas, descarta que unas elecciones sean una salida oportuna. “Somos partidarios de que este Gobierno arregle sus diferencias”, declaró.

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