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El bienestar en Cataluña mejora más lentamente que su PIB

Un informe de la Cambra muestra el estancamiento de salarios y consumo privado

Una manifestación en Barcelona para reclamar mejora en los salarios durante la pandemia.
Una manifestación en Barcelona para reclamar mejora en los salarios durante la pandemia.Enric Fontcuberta / EFE

El progreso económico vivido, pese a las crisis, en Cataluña en los últimos 20 años no ha llegado a los bolsillos de todos los catalanes, que no han visto como su bienestar aumentaba al ritmo que se esperaba. Es la conclusión a la que llega la Cámara de Comercio de Barcelona después de elaborar un estudio que, por primera vez en esta institución, no se fía solo del indicador del producto interior bruto (PIB). Lo complementa con indicadores como los salarios, el consumo, el gasto público y privado en educación, sanidad o innovación, entre otros. Así, mientras que el PIB por habitante ha crecido un 15% entre el año 2000 y 2019, el consumo privado y los salarios reales están estancados a niveles de hace 20 años.

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El informe compara la economía catalana y todos estos indicadores con los países que conforman el núcleo de la Unión Europea (Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y Bélgica). En prácticamente todos los ámbitos, Cataluña no ha conseguido llegar a los niveles de estos países. Si bien el PIB en términos absolutos sí que ha crecido (un 15% en los últimos 20 años, pero solo un 0,8% de media anual), el PIB medido a precios corrientes en paridad de poder adquisitivo (el indicador que utiliza los precios de bienes específicos para comparar el poder adquisitivo entre países) no muestra progreso. En 2019, este indicador suponía el 93,6% del nivel alcanzado por los cinco países del núcleo europeo, prácticamente el mismo porcentaje que el registrado en el año 2000. La distancia con estos países, por lo tanto, se mantiene.

Además del PIB, el informe analiza las perspectivas del progreso, el bienestar, la sostenibilidad y la calidad del crecimiento. Sobre el bienestar, el estudio muestra que el gasto público en educación se redujo un 30% entre 2008 y 2014, y que actualmente, mientras en Cataluña hay un gasto de 4.736 euros por estudiante, en los cinco países mencionados es de 8.067 euros. Esta distancia en la inversión pública en educación tiene sus consecuencias: en Cataluña, el 32% de las personas activas no tiene un nivel de estudios superior a la ESO. El porcentaje ha mejorado con respecto a hace dos décadas (cuando era del 50%), pero todavía está muy lejos de los cinco países europeos, donde es del 19,2%.

El gasto en investigación y desarrollo tecnológico también se ha estancado en los últimos años (un 0,9% del PIB anual en el caso de las empresas, y un 0,6% en el caso de organismos públicos, ambos porcentajes por detrás de los países europeos). No obstante, sí que ha crecido la actividad económica y la ocupación en este sector en Cataluña, algo que no se explica por una generación propia de actividad, sino por la instalación de actividad extranjera en el territorio.

Pese a que la esperanza de vida en Cataluña es algo mayor que en el resto de países, el gasto sanitario en Cataluña también es un 40% inferior a los países europeos, cosa que, según ha explicado el director del gabinete de estudios de la Cámara, Joan Ramon Rovira, “pone en tensión el sistema sanitario especialmente cuando hay un episodio de emergencia como la pandemia de covid-19”. En cuanto a servicios públicos básicos, aunque la distancia con estos cinco países sigue siendo importante, la inversión en este aspecto ha aumentado un 70 % acumulado en los últimos 20 años.

El informe también analiza la calidad del crecimiento económico, midiendo el PIB de las horas trabajadas (la productividad) o los costes laborales. La conclusión de la Cámara es que en Cataluña las mejoras de productividad aparecen en las crisis y las reestructuraciones, y no como consecuencia de un progreso técnico y de desarrollo.

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