FESTIVAL PERALADACrítica
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Un ‘Tosca’ con divos, bises y apuros vocales de Jonas Kaufmann

Sondra Radvanovsky, Carlos Álvarez y el Teatro Real triunfan en Peralada

Un momento de 'Tosca', en el Festival de Peralada.
Un momento de 'Tosca', en el Festival de Peralada.Miquel Gonzalez / Miquel González / Shooting

Con el temperamento y el arrebato vocal de las divas de antaño, la soprano estadounidense Sondra Radvanovsky reinó con luz propia en la versión de concierto de Tosca, de Giacomo Puccini, que la compañía del Teatro Real de Madrid ofreció el pasado domingo en el Festival Castell de Peralada (Girona), bajo la sensacional dirección del italiano Nicola Luisotti. Noche de bises, pero también de angustia por los apuros vocales que pasó el mediático tenor alemán Jonas Kaufmann. El gran Scarpia del barítono andaluz Carlos Álvarez completó un gran elenco en la cita operística de lujo del festival ampurdanés.

Los divos son el principal reclamo para agotar el papel en taquilla, y en Peralada, con el aforo restringido por la pandemia, incluso había lista de espera para conseguir una entrada de última hora. Pero, no nos engañemos, ver una obra de tanta fuerza teatral como Tosca en formato concertante es un espectáculo decepcionante y, en algunas escenas, tedioso.

Hay que aplaudir sin reservas la brillante actuación del coro y de la orquesta titulares del Teatro Real -es decir, el Coro Intermezzo y la Sinfónica de Madrid-, bajo la precisa, detallista, segura e intensa dirección de Luisotti. Tras 16 funciones (del 4 al 24 de julio) cargadas de bises para la historia del coliseo madrileño, en un montaje del Liceo con puesta en escena de Paco Azorín y tres repartos cuajados de estrella, la visita relámpago de la compañía del Teatro Real a la Costa Brava fue un paseo triunfal.

La noche prometía alto voltaje lírico, pero, desde la primera aria de Mario Cavaradossi -la bellísima Recondita armonia- los problemas vocales de Jonas Kaufmann mantuvieron en vilo al público. Los momentos más angustiosos se vivieron en los dúos del primer acto. Frente al derroche de voz y temperamento de Radvanovsky -algo estridente y exagerada en ocasiones-, el estado vocal de Kaufmann no parecía augurar nada bueno, con una emisión forzada, sonidos velados y fatiga evidente.

El divo bávaro, que este mes ha alternado funciones de Tosca en Madrid con su debú en el emblemático papel wagneriano de Tristán en Múnich, salió del paso con aplomo, fiándolo todo a sus agudos robustos y potentes. Pero no estaba fino y su irregular línea empañó también el dúo con el barítono madrileño Gerardo Bullón como Angelotti de atractivo timbre.

Sesión de bises

Afortunadamente, Kaufmann estuvo en mejor forma en el segundo acto, en el que impactó su vibrante registro agudo en el exultante Vittoria! Vittoria! En el tercer acto, aunque afloraron de nuevo algunos problemas, acabó bisando la emocionante E lucevan le stelle animado por los generosos aplausos.

Hablando de bises, la reina es Radvanvsky. De hecho, su apasionada interpretación de Vissi d´arte, arropada lenta y majestuosamente por Luisotti, fue memorable, con un dominio del canto legato y pianísimos de gran efecto. Y, tal y como sucedió en el Teatro Real, bisó la maravillosa aria entre las estruendosas ovaciones del público.

Magnífico Carlos Álvarez en la piel del sádico y malvado Scarpia, con un canto de noble fraseo, acentos incisivos y ricos matices. De manual el Spoletta del tenor vasco Mikeldi Atxalandabaso, muy sonoro y histriónico Sacristán a cargo del bajo-barítono colombiano Valeriano Lanchas y, completando con acierto el reparto, el bajo-barítono andaluz David Lagares (Sciarrone), la soprano madrileña Inés Ballesteros y los Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid.

La calidad de la Sinfónica de Madrid y el Coro Intermezzo fue decisiva en el éxito de la velada, aunque el formato concertante lastrara muchos momentos de alta temperatura teatral en Peralada. El libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en el drama de Victorien Sardou, y la portentosa partitura de Puccini, son un milagro de inspiración musical y tensión teatral que pierde muchos enteros sin una puesta en escena. La salida del escenario de Scarpia, dando tumbos tras el aluvión de puñaladas que le propina una Tosca más salvaje y violenta que nunca, provocó algunas carcajadas.

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