LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

El choque entre los socios del Govern mina la coordinación ante la crisis en Cataluña

Junts per Catalunya cree que la consejera de Salud tarda mucho en tomar decisiones, mientras que ERC acusa a sus socios de sacar rédito electoral con las críticas a la gestión de los republicanos

Meritxell Budó, Pere Aragonés y Alba Vergés en el pleno del covid-19.
Meritxell Budó, Pere Aragonés y Alba Vergés en el pleno del covid-19.MASSIMILIANO MINOCRI / EL PAÍS

La pandemia no da tregua en Cataluña y la pugna política en el seno del Govern, tampoco. En plena precampaña electoral y con los contagios disparados —más de 26.000 en la última semana—, las disputas internas entre los socios, ERC y Junts per Catalunya, se recrudecen y alimentan la descoordinación ante la crisis sanitaria. Hasta las medidas acordadas por el Ejecutivo para frenar los contagios, como el cierre de la restauración o el toque de queda, acaban siendo cuestionadas por miembros de Junts o, incluso, rechazadas. Fuentes del Departamento de Salud (ERC), denuncian el “boicot” de Junts a la consejera Alba Vergés.

Ni una pandemia mundial ha logrado acercar posturas al matrimonio mal avenido que forman, desde hace más de cuatro años, ERC y Junts per Catalunya en el Govern. Con las elecciones a la vista, las disputas internas se han avivado y la gestión de la epidemia motiva, precisamente, el grueso de las desavenencias.

“No entienden la gravedad de la situación. Tendríamos que tener una voz única. Así perdemos credibilidad como Govern”, lamentan voces del Departamento de Salud, comandado por ERC. La consejería que depende de la republicana Alba Vergés ha liderado las decisiones más severas, como el cierre de bares y restaurantes, para contener la pandemia. Los consejeros de Junts, mientras, han optado por tomar una posición más cercana a los sectores empresariales afectados, buscando alternativas menos agresivas económicamente. En el medio, una curva de contagios disparada, con una incidencia de 572 casos por 100.000 habitantes y más de 2.000 hospitalizados.

Los choques entre los socios de Govern han sido de diversa intensidad. Algunos, con leves contradicciones, como cuando el consejero de Interior, Miquel Sàmper (Junts), sugirió el pasado jueves que un eventual toque de queda podría permitir la reapertura de bares y restaurantes durante el día mientras, desde Salud, se insistía en que eran medidas complementarias. El presidente del Govern en funciones, Pere Aragonès (ERC), zanjó el viernes el asunto tras anunciar oficialmente el toque de queda: el cierre de la restauración se mantendría y esta semana estudiarán si se modifican o se amplían las restricciones.

El propio toque de queda y el estado de alarma fueron motivo de disputa. Aunque el Govern siempre fue reacio a estas medidas, la petición del Gobierno vasco de un estado de alarma descentralizado, les empujó a mover ficha. Según fuentes de Salud, esas opciones llevaban días a debate en la consejería y allí se tomó finalmente la decisión, aunque voces de Junts apuntaban a que fueron ellos y el entorno del expresidente Carles Puigdemont los que presionaron al Govern para que solicitase un estado de alarma descentralizado.

Otro desencuentro se produjo a raíz de un eventual cierre de escuelas. La portavoz del Govern, Meritxell Budó (Junts), lo dejó caer este fin de semana: si se produce un confinamiento total, dijo, “con mucha probabilidad también se habrán de cerrar escuelas”. Sin embargo, esto no está entre los planes de Salud. El secretario de Salud Pública, Josep Maria Argimon, siempre se ha posicionado en contra de cerrar los colegios hasta el punto de que rechazó hace unos días la propuesta de limitar incluso las actividades extraescolares. Ayer, el secretario general de Salud, Marc Ramentol, desmintió a Budó: “La presencialidad en las escuelas la tenemos que mantener hasta las últimas consecuencias”. Solo dejó la puerta abierta a implantar clases virtuales en Bachillerato y FP.

Las últimas desavenencias entre los socios llegaron este fin de semana con el anuncio del toque de queda (de 22.00 a 6.00, y los locales tienen que cerrar a las 21.00). Según Salud, pese a la “gravísima situación” sanitaria, Vergés aceptó, a petición de Sàmper, excepcionar del toque de queda a las actividades culturales (pueden acabar a las 22.00 y que los asistentes lleguen a casa a las 23.00). Pero luego, los de Junts, explican desde Salud, también quería incluir en la excepción a las actividades deportivas. Vergés lo rechazó y se ganó las quejas del secretario general de Deportes, Gerard Figueras (Junts). “Es una deslealtad detrás de otra. Van a por nosotros para desgastarnos”, dicen fuentes de la consejería.

“A remolque” de otros

Las críticas entre los socios del Govern siguen arreciando. En Junts creen que Vergès tarda mucho en tomar las decisiones y que sus dudas terminan haciendo perder tiempo. Incluso aseguran que se ha notado en los últimos días la ausencia Argimon, de baja por la covid-19. Los de Puigdemont no dudan en cargar también contra Aragonès, a quien ven yendo “a remolque” en decisiones como la petición del Estado de alarma.

Por su parte, la secretaria general de ERC, Marta Rovira, acusó este fin de semana a Junts de “sacar rédito” electoral con la crítica constante a ERC y “animar al científico discordante a opinar públicamente” de la gestión de los republicanos en Salud, en alusión clara al infectólogo Oriol Mitjà. El médico criticó a Vergés en varios medios de comunicación alegando que le faltaban conocimientos en salud y “humildad” para escuchar a los expertos, una crítica que sentó muy mal en Salud.

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