Ir al contenido
_
_
_
_

San Telmo, la escuela que puso los cimientos culturales de Málaga

El centro público, que a lo largo de su historia ha surtido a la ciudad de profesionales de artes plásticas, diseño e imagen, cumple su 175º aniversario en uno de sus mejores momentos

Aula de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de San Telmo de Málaga, que celebra su 175 aniversario.Álvaro Cabrera

Cinco esculturas clásicas reciben a la entrada. A su lado una televisión, donde cualquiera puede sentarse, colocarse unos cascos y disfrutar de una pieza artística. Más allá, carteles de actividades culturales y jornadas. La primera puerta del pasillo da acceso a la exposición Grafito es casa, realizada por decenas de estudiantes, ejemplo del potencial que alberga la Escuela de Arte y Superior de Diseño San Telmo de Málaga. En su fachada, un vinilo de color morado recuerda que este centro público de formación artística acaba de cumplir 175 años. Aniversario que ha llegado cargado de actos y que sirve para subrayar que el papel que tuvo en la construcción cultural y artística malagueña en sus inicios se mantiene vigente adaptado a los nuevos tiempos.

El espacio sopla velas cargado de salud. “Ha habido momentos mejores y peores, pero estamos en un momento magnífico”, celebra el director, Julián Macías, ocho años en el cargo, 30 como profesor de fotografía. El claustro cuenta con casi un centenar de profesores que dan clases a más de 700 alumnos y alumnas a partir de los 16 años. Además de bachillerato artístico, aquí se imparten enseñanzas profesionales de artes plásticas, diseño e imagen. Grados y ciclos formativos donde jóvenes —y no tan jóvenes— se forman en un amplio universo de disciplinas: alfarería, cerámica, talla en madera, escaparatismo, diseño —gráfico, de interiores o de moda—, patronaje, fotografía o dorado, plateado y policromía, entre otras. Sus instalaciones reflejan una energía especial que motivan a cualquiera a aprender. También son singulares los aromas que desprenden cada clase: del barro a la madera, de la tela a los químicos de los laboratorios fotográficos o los aglutinantes con los que, a finales de marzo, un grupo trabajaba la caligrafía romana junto al profesor Pepe Bautista. “La escuela ha sabido leer siempre su tiempo para formar profesionales que estén adaptados a las necesidades de cada momento”, señala Macías.

Esta fantasía para cualquier amante del arte nació a principios de 1851 en el actual Ateneo de Málaga. Lo hizo a partir de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, fundada dos años antes. Lo hizo como respuesta a una necesidad de la industria malagueña: trabajadores bien formados que remasen a favor de sectores como el comercio de vino y pasas —enorme entonces, antes de la llegada de la filoxera— o el aceite. “Hacían falta diseñadores, dibujantes, impresores, litógrafos”, recuerda Francisco Rodríguez Marín, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Málaga. “Hasta los marmolistas que hacían las lápidas funerarias recibían clases de dibujo y creatividad en San Telmo”, relata quien subraya que la capital malagueña tiene “una asignatura pendiente” porque aún hoy no le da la importancia que tiene y se merece”.

En los años 70 de aquel siglo XIX el valenciano Bernardo Ferrándiz revolucionó la enseñanza y junto a Muñoz Degráin —ambos alumbraron la llamada escuela malagueña de pintura, como medio claustro de la época— le dio más altura. Pronto el centro, de segundo nivel, pasó a ser de primero formando también a artistas. El pintor Enrique Jaraba —que haría también distintos carteles de Semana Santa y fiestas patronales— fue uno de sus alumnos aventajados, como también lo fue José Ruiz Blasco, padre de Picasso, que luego se convirtió en profesor. En esos años también se consiguió la incorporación de la mujer, primero limitada a una pintura decorativa en la llamada Clase de Señoritas y, poco a poco, en un campo más amplio.

Ecosistema artístico

El siglo XX llegó con el despertar de la imagen gráfica. La escuela tuvo uno de los primeros talleres gráficos y permitió la inclusión en sus enseñanzas de litografía, grabado y estampación. Su formación se fue extendiendo y, por ejemplo, sirvió para que el arquitecto Fernando Guerrero Strachan pudiese tener un equipo para trabajar madera, ménsulas, azulejos o yesos en sus edificios. Con el tiempo, las instalaciones se expandieron por distintos puntos de la ciudad, hasta que se reunieron en 1971 en el edificio actual, en el ahora Campus de El Ejido de la Universidad de Málaga. Su nombre oficial es Escuela de Arte y Superior de Diseño San Telmo y depende de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. Tiene a su lado el Conservatorio Superior de Música, el Teatro Cánovas y la facultad de Arquitectura. Un ecosistema en el que, un poco más allá, también se sitúa la facultad de Bellas Artes, lugar al que llegan mucho alumnado de San Telmo y viceversa. Uno de ellos, el artista Julio Anaya, recuerda lo revelador que fue su paso por la escuela. “Conocí tribus urbanas, aprendí mucho del profesorado y los compañeros. Para mí fue un punto de inflexión tremendo”, señala.

Anaya fue uno de los participantes de una exposición que el pasado diciembre sirvió de aperitivo para los actos del centenario del centro junto a artistas como Vanessa Morata —su pareja, a la que precisamente conoció en la escuela— o Alba Moreno y Eva Grau, comisionada por Noelia García Bandera y Cayetano Romero. En enero se recreó una de sus antiguas aulas de dibujo en el ateneo. Y la pasada semana se inauguró una muestra en el Museo de Málaga que recorre desde su fundación hasta 1930 a partir de una interesante diversidad de piezas históricas. “Buscamos mostrar nuestra historia”, destaca la subdirectora de extensión cultural y artística, la periodista y fotógrafa Victoria Abón. “Creemos que la ciudadanía de Málaga, incluso sus dirigentes, no son conscientes de la importancia de la escuela en la trayectoria cultural de la ciudad. Y la huella tan importante que hoy tiene”, añade, mencionando que, por ejemplo, los principales estudios de diseño de la ciudad están fundados por antiguos alumnos, como mostró el documental Diseñar desde la periferia.

Junto a profesionales de El Cuartel, Crema, Brida, Santa Rita o Squemberi, Mateo García es uno de los protagonistas de esa película. Él estudió allí cinco años a finales de los 90 —bajo la especialización de Dibujante Publicitario— y hoy dirige la agencia Narita, con diez personas en plantilla. “San Telmo modela muy bien el perfil de su alumnado. Y sabes que, quien viene de ahí, tiene una gran base”, cuenta García, que cree clave el aspecto multidisciplinar de los estudios de la escuela. “Te da una visión completa de las artes aplicadas. Y ese es un valor diferencial”, subraya el profesional. “Hace 20 años la escuela carecía de los medios actuales, pero la forma en que concibo mi trabajo, con las manos, de un punto de vista más artesanal, germinó aquellos días”, añade otro diseñador gráfico, Nacho Contreras, quien celebra la modernización de una escuela que sigue como referente en la ciudad.

“Mis años de estudiante fueron un verdadero paraíso donde compartir y convivir con otras disciplinas artísticas”, añade el diseñador Moisés Nieto, galardonado en 2017 en los Premios Nacionales de la Moda y quien asegura que allí aprendió a pensar “cómo crear y construir para desarrollar una colección”. Más allá, la lista de antiguos alumnos recientes es interminable e incluye nombres como los del imaginero Juan Vega o el tallista y tatuador Daniel Fernández. Son profesionales que mantienen, de una u otra manera, el contacto con una escuela que más allá de su 175 aniversario ha organizado un sinfín de eventos como el festival de diseño y cultura visual Telmodice, la San Telmo fashion week, exposiciones en el propio centro y fuera de él o ejercer de anfitrión de parte del festival Moments.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_