Ir al contenido
_
_
_
_

El giro de Feijóo hacia la tutela de los pactos genera resistencias en los territorios

“Si fracasan las negociaciones con Vox, ya no será un problema de Guardiola y Azcón, sino de Feijóo”, advierte un líder autonómico del PP

MADRID, 25/02/2026.- El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, esta semana en Madrid. EFE/Javier Lizón Javier Lizón (EFE)

En julio de 2021, en el congreso del PP de Galicia que reeligió por quinta vez a Alberto Núñez Feijóo como líder de los populares gallegos, el equipo de Organización del entonces presidente nacional, Pablo Casado, tuvo una monumental bronca con el PP gallego en las bambalinas del cónclave. El problema era que el equipo de Feijóo no quería que Casado bajara las escaleras hasta el escenario del congreso junto al presidente de la Xunta, sino que pretendía que lo hicieran cada uno por separado. Primero uno, y luego el otro, con distancia. “Al final lo conseguimos, pero Miguel Tellado, que ya era la mano derecha de Feijóo, hizo lo que pudo para que no sucediera. Casado, siempre que iba a Galicia, se ponía de los nervios”, rememora una fuente de aquella etapa, que recuerda que el territorio gallego bajo el trono de Feijóo era un fortín inexpugnable para la entonces dirección nacional del PP.

Al igual que nunca quiso que nadie se inmiscuyera en sus dominios, hasta ahora Feijóo había respetado, ya como líder del PP nacional, la autonomía de sus barones. Pero la etapa de no intervencionismo de Feijóo ha llegado a su fin. Casi cuatro años después de convertirse en el presidente del PP, y de forma sorpresiva cuando ya estaban en marcha las negociaciones en Extremadura, el líder ha pegado un golpe de timón y ha cambiado de un plumazo la gobernanza interna del partido.

Dos de los principales lugartenientes de Feijóo en Génova ―su secretario general, Miguel Tellado, y su jefa de gabinete, Marta Varela― se sentarán a la mesa y supervisarán los acuerdos de Gobierno autonómicos con Vox, que se convierten en una cuestión nacional. El giro, que todavía no ha dado frutos porque la primera reunión prevista con Vox, y que iba a ser la cuarta desde que se celebraran los comicios en diciembre, terminó en plantón. Ahora, las reuniones están rodeadas de incertidumbres y genera además resistencias en algunos territorios.

“Soy partidario de que las negociaciones se hagan siempre lo más cercano al territorio”, ha defendido el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, esta semana en una entrevista en la Cadena SER. ¿Se verá a Miguel Tellado sentado a la mesa para negociar el próximo Gobierno andaluz?, le preguntaron, y Moreno Bonilla contestó: “Yo no me planteo eso. Porque disfrutamos de una mayoría social y vamos a intentar reeditar esa mayoría. No me planteo tener que acordar con Vox porque voy a trabajar para un Gobierno estable”.

La distancia del presidente de la Junta con la decisión de la dirección nacional, interpreta un dirigente del PP andaluz, se debe a que “Juanma no puede decir que Génova intervendrá en la negociación de los pactos de Andalucía porque eso sería como renunciar ya a que sea posible reeditar la mayoría absoluta”. Pero el presidente de Andalucía sabe también que la tutela de la dirección nacional siempre penaliza a los presidentes autonómicos, todavía más en comunidades con fuerte peso identitario, como Andalucía.

El malestar no se expresa públicamente, pero la incomodidad se percibe en privado. El presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, que se examina el próximo 15 de marzo en las urnas, ha optado por pasar de puntillas por la entrada de la cúpula en las negociaciones autonómicas. “Electoralmente, ese mensaje de intervención de Génova destroza a los barones que van a celebrar elecciones”, sostiene un dirigente al tanto de las tensiones y que ha tenido además responsabilidades orgánicas en anteriores etapas.

“La intervención de Génova siempre sale mal”, interpreta este veterano. “En la época de Pablo Casado, Génova fue a saco en los territorios, y mira cómo acabó. Pero también es verdad que tampoco puedes dejar hacer al cien por cien, como hizo Feijóo al comienzo de la legislatura con el pacto de Mazón con Vox. Ahora bien, la intervención de Génova en los territorios siempre va a ser un proceso de tensión. La nacional puede controlar, pero imponer es demasiado. Han entrado porque el liderazgo de Extremadura es débil, pero establecer que a partir de ahora en todos los sitios va a ser así es exagerado, porque no va a suceder. Es más una declaración de intenciones que una realidad”.

De momento, Génova se sentará solo a la mesa en Extremadura y en Aragón. En el entorno Jorge Azcón defienden que quien más ha ganado con esta operación ha sido la presidenta extremeña, María Guardiola, a quien Vox estaba amenazando con dejar caer. El PP extremeño es por eso el mayor defensor de la idea, aunque reivindica que las negociaciones van a seguir haciéndose en Extremadura y lideradas por Guardiola. “Nos parece necesaria la posición nacional para no caer en el marco de Vox”, argumentan en el entorno de la presidenta extremeña. “No puede ser que Vox intente hacer ver que hay diferentes PP. O que unos presidentes defienden unas políticas en una región y otras distintas en otras. Y, como es lógico, tampoco se puede pedir una cosa en Extremadura y que no se pida en Aragón”.

La dirección de Feijóo explica, de hecho, que el giro lo provocó que Santiago Abascal amenazara con una repetición electoral en Extremadura. “Si la dirección nacional de Vox está hablando con las autonomías del PP, nuestra obligación es participar. Pero además, lo anómalo sería que estuviéramos como espectadores si se habla de repeticiones electorales”, defienden en Génova. “Vox tiene planteamientos muy distintos en Aragón y Extremadura, hace peticiones asimétricas. Vamos a acompañar a Guardiola y a Azcón y puede que después a Mañueco. No nos meteremos en partidas concretas”.

La nueva dinámica contrasta con el planteamiento que el propio Feijóo defendió tras las elecciones autonómicas y municipales de 2023, cuando el líder popular apostó por dejar margen de maniobra a los candidatos territoriales. Entonces, la dirección nacional insistía en que cada comunidad tenía una realidad política distinta y que correspondía a quienes habían concurrido a las elecciones pilotar las conversaciones para formar gobierno.

Aquella fórmula permitía diluir el coste político de decisiones controvertidas en el ámbito nacional. “El problema es que ahora, si fracasan las negociaciones, ya no es un problema de Guardiola y Azcón, sino de Feijóo”, advierte un líder autonómico del PP.

Y las cosas no han empezado bien tras la entrada de Génova en escena. Primero, Abascal reaccionó con enfado al documento marco para las negociaciones del PP, quejándose de que les trataba como “salvajes” porque el texto decía que cualquier pacto tendría que respetar la ley y la unidad de España. Y después, Vox plantó al PP en la reunión prevista para el pasado jueves en Extremadura, en la que iban a participar por primera vez los enviados de Feijóo, Miguel Tellado y Marta Varela. “No se puede ir a una reunión de negociación cuando la otra parte filtra la reunión antes de que se produzca. Somos serios y queremos que haya seriedad”, argumenta un dirigente del partido de Abascal, que suspendió el encuentro después de que la prensa lo publicara.

Al corresponsabilizarse de las negociaciones con Vox, Génova se ve obligada a asumir también el desgaste. “Han probado su propia medicina después de haber acusado a Guardiola de no llevar bien las negociaciones”, apunta una fuente del PP extremeño, que advierte: “Ahora, Vox le ha dado el plantón a Guardiola y a Tellado”.

El PP de Feijóo ha asumido además el coste de presentar un “documento marco” para las negociaciones con Vox que asume los postulados de la extrema derecha en inmigración o medio ambiente. Los populares proclaman en ese texto su “rechazo a las políticas climáticas que destruyen empleo, encarecen la energía y expulsan a la industria” y sostienen que “la inmigración irregular ha alcanzado niveles intolerables”, además de incluir el rechazo a la violencia machista en un capítulo genérico de rechazo a “todas las violencias”. El documento se aleja del centro y el presidente andaluz, que pertenece al sector moderado del PP, lo ha defendido con aparente incomodidad diciendo que “es muy genérico y habla de violencia machista de manera clara”. “Vox y PP no somos lo mismo”, ha remarcado Moreno Bonilla, mientras las fronteras ideológicas de ambos partidos se desdibujan.

Las negociaciones han arrancado con mal pie y nadie sabe aventurar cuándo podrán empezar a dar frutos, pero la opinión mayoritaria en el PP es que no será posible un acuerdo hasta después de las elecciones en Castilla y León del 15 de marzo. Eso implica dar por perdida la primera investidura de María Guardiola del próximo 3 de marzo. Ese día sí podría verse algún avance en Aragón, que constituye sus Cortes, en las que el PP puede ceder la presidencia a Vox. Azcón ha advertido que el acuerdo no será global, sino que de momento se atendrá solo a esa pantalla.

Ambas comunidades tienen todavía margen hasta verse obligadas a repetir elecciones. Extremadura puede ir hasta el 3 de mayo. Si se apuran los plazos implicaría terminar con la inestabilidad más de cuatro meses después de las elecciones, que fueron el 21 de diciembre. Un periodo muy largo para un movimiento que estaba pensado, en principio, para evitar la inestabilidad política por no tener Presupuestos.

“Acuerdo con Vox va a haber. La pregunta es el cuándo y el cómo”, resume un dirigente popular. “Cuándo está claro: después de Castilla y León. Y en el cómo Vox quiere imponer sus condiciones, porque tiene miedo del abrazo del oso, ha visto lo que le ha pasado a Ciudadanos, a Podemos y a Sumar”, advierte. “Si ven que están aceptando las condiciones del PP, saldrán de la negociación. Al PP le va a tocar tragar muchos sapos para llegar a un acuerdo”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_