Alcaldes en la zona cero: desesperación, móviles mojados y muchas horas sin dormir
Los regidores de Ayuntamientos pequeños de la Sierra de Cádiz pasan la emergencia divididos entre coordinar y ayudar a pie de calle


Cuando uno se presenta a la alcaldía de un municipio pequeño suele saber a lo que se enfrenta: los medios son inversamente proporcionales a las ganas y a las horas que se le dedica. Pero cuando una tragedia sacude al municipio en cuestión, la vocación pública entra en una dimensión desconocida. Las graves consecuencias de la borrasca Leonardo —por ahora, sin pérdidas personales— ha colocado a los alcaldes de la Sierra de Cádiz en uno de los escenarios más difíciles de sus trayectorias políticas. Entre todos, suman escenas de desesperación por sus vecinos, móviles mojados y muchas horas sin dormir.
El alcalde De Torre-Alháquime, Pedro Barroso, no sabe ya ni cuantas horas lleva sin dormir. La desesperación le brota al narrar lo que él y sus 800 vecinos llevan horas sufriendo: un largo corte de luz, la inundación de la parte baja del pueblo y la incomunicación casi total del pueblo. “Está siendo muy duro”, acierta a valorar, poco después de tener que mandar masivamente un vídeo en el que se le escucha pedir ayuda “a todas las administraciones”. “La única previsión es mirar al cielo y esperar que escampe, ademas yo tengo a tres personas a mi cargo, una de ellas dependiente”, apunta el regidor.
A decenas de kilómetros, Dani Pérez, el alcalde de Puerto Serrano hacía malabares para compaginar la labor institucional de llamar a instancias superiores de la Junta y del Estado para pedir medios a mojarse los pies para estar en primera línea de los 53 desalojados que han tenido que reubicar en un pabellón municipal. “Hemos estado toda la noche midiendo el río Guadalete cada hora. Aquí no ha parado nadie y el Ayuntamiento no ha cerrado”, explica el regidor.
“Hoy todos los alcaldes hemos tenido la sensación, creo yo, de tener que estar en dos sitios, en el despacho con llamadas para coordinar y ayudando”, añade Pérez. Y en esa se las han visto la mayoría de los municipios pequeños de la Sierra, donde los medios municipales son limitados. Y donde también el trato de los vecinos con sus alcaldes es tan directo que éstos se convierten en el primer recurso ante cualquier petición y en el primer ariete contra una catástrofe.
En Grazalema, toda la corporación municipal se ha volcado como ha podido ante las inundaciones más graves que vive el municipio desde los años 60. Los más de 400 litros por metro cuadrado caídos en un día han hecho que el agua rezume desde los bajos de las casas, del interior al exterior. Pese al despliegue de la Unidad Militar de Emergencia y de técnicos del Infoca, de nuevo, concejales del equipo de Gobierno como Javier Pérez se han pasado la mañana ayudando a los desalojos. “Estamos haciendo lo que podemos”, acertaba a valorar entre auxilios y reuniones. A última hora de la tarde, el alcalde Carlos García Ramírez, visiblemente emocionado daba las gracias a los vecinos por “calzarse las botas” para luchar contra el agua que “brota, cual río, de las casas”.
Mientras, en pueblos cercanos como en Zahara de la Sierra han conseguido esquivar, por ahora, las consecuencias más graves de la borrasca. El pueblo ha resistido bien las lluvias, aunque los accesos al pueblo están, cada vez, más limitados y mermados. Sin embargo, eso no ha evitado que su alcalde, Santiago Galván y el resto de concejales de su equipo haya pasado el día de acá para allá revisando desperfectos, atendiendo a vecinos y exhortándoles a que no salgan de sus casas.
Cuando Galván ha llegado a su casa ha descubierto dos cosas, que el móvil estaba afectado por la lluvia y que sus vecinos de Grazalema estaban pasando uno de los momentos más duros de su historia reciente. “Ves cómo sufren los vecinos y pueblos cercanos que son como hermanos y es terrible, se pasa muy mal”, añade el regidor zahareño. Y lo peor es que aún queda más por venir. “Tengo la sensación clara de que esto no ha acabado, solo hemos parado el primer balón”, zanja Pérez.
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