La disidencia reta a Otegi con un ‘ongi etorri’ al último recluso de ETA excarcelado

Sortu se desmarca del recibimiento público del jueves al etarra Ignacio Etxeberria, ‘Mortadelo’, en Pamplona

El líder de Sortu, Arnaldo Otegi, a su llegada a la sede de EH Bildu en San Sebastián para una rueda de prensa celebrada este viernes.
El líder de Sortu, Arnaldo Otegi, a su llegada a la sede de EH Bildu en San Sebastián para una rueda de prensa celebrada este viernes.Nagore Iraola (Europa Press)

El gesto hace menos de un mes del colectivo de presos de ETA (EPPK, en sus siglas en euskera) de reclamar el final de los homenajes públicos que reciben los reclusos de la banda terrorista cuando son excarcelados, conocidos como ongi etorri, recibió el jueves un jarro de agua fría con la difusión de las imágenes del recibimiento que decenas de personas tributaron en Pamplona a Ignacio Etxeberria Martín, alias Mortadelo, condenado por seis asesinatos. Etxeberria es, de hecho, el primer miembro de la organización que abandona la cárcel tras aquel comunicado, en el que el EPPK reconocía que este tipo de actos causan “dolor” a las víctimas del terrorismo. En el documento pedía que, “en lo sucesivo”, se hicieran únicamente en espacios privados y “entre allegados”.

Las reacciones a las imágenes no se han hecho esperar. La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha denunciado la celebración del ongi etorri: “No nos creíamos sus palabras cuando anunciaron el fin de los homenajes a etarras. El tiempo nos ha dado la razón. Ni un mes han aguantado sin humillar a las víctimas”, ha señalado la AVT en su perfil de Twitter. Sortu, el partido que lidera Arnaldo Otegi y que forma parte de EH Bildu, ha difundido un comunicado donde se desmarca del acto y acusa a sus promotores de actuar “en contra de la voluntad” del EPPK. Fuentes políticas vascas coinciden en señalar a la disidencia de la izquierda abertzale y, en concreto, a ATA (Amnistía y Libertad, en euskera), uno de los grupos surgidos tras el anuncio de la organización terrorista de poner fin a la violencia, como los organizadores del recibimiento.

Las imágenes difundidas del ongi etorri, que se desarrolla en el casco viejo de la capital navarra, duran poco más de un minuto y muestran la llegada de Etxeberria acompañado de bengalas y petardos. Varios de los asistentes llevan banderas con el símbolo de ATA y el lema “Amnistía osoa” (amnistía total), que hace tiempo que Sortu no utiliza en sus movilizaciones. El propio etarra porta una de estas banderas, junto a una de Navarra, que deja para abrazar a una mujer que le entrega un ramo de flores entre aplausos y gritos de ánimo de los asistentes. Etxeberria, que había abandonado unas horas antes la cárcel de El Dueso (Cantabria), formaba parte del EPPK y, por tanto, había participado en el debate interno que, a lo largo de dos años, había desembocado en el comunicado de noviembre. De los 204 reclusos de la banda, menos de una decena se opusieron abiertamente al mismo.

Las fuentes consultadas coinciden en señalar que la utilización de esta simbología revela que tras el ongi etorri está la disidencia de la izquierda abertzale, formada por una multitud de grupos heterogéneos que surgen, se fusionan, se escinden y desaparecen o sobreviven con escasa repercusión, entre los que se encuentran, además de ATA, Ibil, GKS o Jardun. Estos grupos suelen utilizar a los presos como su principal argumento para atraer a los disconformes con la decisión de ETA de disolverse. De hecho, el mayor repunte de violencia callejera desde la disolución de ETA se produjo en mayo del año pasado alentado por estos grupos durante la huelga de hambre del preso Patxi Ruiz, uno de los reclusos etarras contrarios al fin de la violencia. Entonces, hubo pintadas en las sedes del PNV y el PSE, la quema de algún cajero y el lanzamiento de pintura a la vivienda de la dirigente socialista Idoia Mendia.

Mortadelo, al que hasta ahora no se le consideraba alineado con el sector más duro de los presos de ETA, fue condenado como autor material tanto del atentado cometido el 6 de febrero de 1992 en Madrid contra una furgoneta del Ejército en el que murieron cinco personas, como de la colocación de la bomba lapa que un mes después costó la vida al hijo de un militar. Por ambos ataques acumuló penas por un total de 487 años de prisión. Detenido en Francia en febrero de 1996, las autoridades de París lo entregaron a la justicia española cinco años más tarde tras cumplir en ese país una condena por pertenencia a organización terrorista. El pasado enero, y dentro de la política del Ministerio del Interior de acercamiento de reclusos etarras a cárceles más próximas al País Vasco, Instituciones Penitenciarias lo trasladó de la prisión de Topas (Salamanca) al penal cántabro de El Dueso, desde el que recuperó la libertad el jueves.

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Óscar López-Fonseca

Redactor especializado en temas del Ministerio del Interior y Tribunales. Llego a EL PAÍS en marzo de 2017 tras una trayectoria profesional de más de 30 años en Ya, OTR/Press, Época, El Confidencial, Público y Vozpópuli. Es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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