Mesa de diálogo

Sánchez y Aragonès blindan un diálogo sin plazos pese a sus posiciones muy alejadas

Los dos presidentes se aferran a la mesa para Cataluña. La sensación en las dos reuniones fue que esto va en serio, aunque será largo y difícil

Pedro Sánchez (a la izquierda) y el presidente del Govern, Pere Aragonès, se saludan en el Palau de la Generalitat, este miércoles. En vídeo, las declaraciones de Sánchez tras la reunión.(FOTO: MASSIMILIANO MINOCRI | VÍDEO: EUROPA PRESS)

No hubo grandes avances, pero la reunión en sí lo fue, o al menos así lo interpretan fuentes del Gobierno y de ERC. Tanto Pedro Sánchez como Pere Aragonès se aferran al diálogo, a la mesa, su gran apuesta de la legislatura. En especial para ERC, su principal promotora. Y ambos presidentes están dispuestos a seguir adelante “sin plazos”, el tiempo que haga falta. No importa que Junts se haya quedado fuera, que las posiciones se hallen “muy alejadas”, como reconocieron los dos. Y que nadie sea capaz de momento de encontrar una salida.

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Lo importante, después de tantos años de tensión, es hablar, según la interpretación del Gobierno y de ERC. Y eso es lo que hicieron durante casi dos horas —mucho más de lo previsto— los presidentes del Gobierno y de la Generalitat y otras tantas los ministros y consejeros asistentes, con un resultado final que, según varias fuentes consultadas de los dos lados, resulta esperanzador.

Tanto el Gobierno como ERC, según estas mismas fuentes presentes en la cita, se toman muy en serio este proceso, y eso quedó claro en las dos reuniones. De hecho las dos delegaciones trasladaron esta idea a puerta cerrada y los presidentes también, según estas fuentes. Y han pactado seguir adelante con citas periódicas, algunas más discretas, pero sin parar en ningún momento. Ya ni siquiera hay periodicidad mensual, como se pactó en 2020, pero la voluntad es reunirse todo lo necesario y seguir avanzando.

Además, y pese a la tensión con Junts, el diálogo cuenta con un aliado: el cambio radical en el ambiente político y social en Cataluña. La prueba fue la propia reunión: Sánchez llegó al corazón de Barcelona, la plaza de Sant Jaume, sin protestas, con total tranquilidad; nada que ver con el enorme dispositivo de seguridad que necesitó para reunir aquí un Consejo de Ministros en 2018 rodeado de manifestantes y con cargas policiales constantes.


Sánchez y Aragonés, en cabeza, seguidos de Iceta, Rodríguez, Díaz, Bolaños, Vilagrà y Torrent, a su llegada a la reunión.
Sánchez y Aragonés, en cabeza, seguidos de Iceta, Rodríguez, Díaz, Bolaños, Vilagrà y Torrent, a su llegada a la reunión. Massimiliano Minocri / EL PAÍS

Sánchez y Aragonés comparecieron por separado con mensajes claramente optimistas, algunos pactados entre ellos. Los dos parecían convencidos de que es posible encontrar —eso sí, con mucho tiempo por delante— una salida al mayor problema político de España en los últimos años. Ambos se aferraron a la importancia de la reunión en sí. Sánchez insistió en que lo más relevante ahora es trabajar “sin prisa y sin plazos”. Aragonès matizó un poco, pero siguió en la misma línea: “Más allá de plazos, necesitamos avances”

Esta idea de hablar “sin plazos” tiene un claro sentido político: rechazar el límite de dos años que se ha puesto la propia Generalitat por un pacto interno del independentismo. Dentro de dos años, Aragonés se tiene que enfrentar a una cuestión de confianza en el Parlament y los logros de la mesa serán un elemento decisivo. El Gobierno quiere huir de ese plazo, y reclama que se aparte cuanto antes para trabajar con calma. Aragonès no dio por muerto ese límite de dos años, pero lo matizó con la idea de que, en realidad, es una evaluación a los dos años, sin que eso quiera decir que constituya una frontera absoluta. Ambos dejaron muy claro que están de acuerdo en aferrarse a un diálogo largo y sin prisa.

Sánchez y Aragonès reconocieron que las posiciones están muy alejadas. El president defendió de nuevo un referéndum de autodeterminación y la amnistía de los inmersos en causas judiciales derivadas del procés. Sánchez recordó en la rueda de prensa que las dos cosas son imposibles porque lo impide la Constitución. “La sociedad catalana no puede sufrir mayores desgarros y fracturas”, añadió el presidente sobre el referéndum. El jefe del Ejecutivo se concentró en la llamada agenda del reencuentro, un documento actualizado por La Moncloa para ver lo que ya se ha cumplido desde 2018, cuando se planteó, y qué otras novedades se incorporan.

Pese a las enormes diferencias, ambos reivindicaron la cita por sí misma. “Las imágenes son importantes desde el punto de vista político”, señaló Sánchez. “Que se celebre un encuentro entre dos delegaciones en algo que supuso un desgarro tiene una enorme potencia como mensaje político, de que queremos superar esta crisis. Es evidente que va a ser difícil. Pero lo sustantivo es que se está celebrando esta reunión. Cada cual ha defendido su posición desde el respeto, desde la escucha y con una clara voluntad de acuerdo. Ha merecido la pena”, añadió.

Aragonès fue en la misma línea. “Un proceso de negociación en el que se discute la soberanía no es fácil”, explicó el president. “Y si además venimos de un proceso con un referéndum de autodeterminación en 2017, es mucho más complicado. Es importante que pongamos en valor la negociación y generemos confianza. Por la complejidad de este proceso, de momento tenemos que hablar de metodología y ver si podemos encontrar avances posibles. Yo creo que sí, y estoy muy implicado. Ambos hemos coincidido en la importancia de lo que hoy empieza. Hoy hacemos ese reinicio con toda la fuerza”, remató. En todo momento era evidente que Aragonès, en especial, se aferraba a la mesa que ha impulsado frente a las dudas de Junts, hasta el punto de asumir que se produzca la primera reunión sin su socio del Govern.

El president, que reivindicó en público el referéndum de autodeterminación como había hecho en la reunión con Sánchez, defendió este foro como el resultado final de lo que reclamaban los independentistas en las calles con la pancarta “Spain, sit and talk” (“España, siéntate y habla”). “Necesitamos tiempo, unidad y perseverancia”, aseguró Aragonès. “Trabajaremos sin descanso”. El president valoró incluso la decisión de los indultos de los presos del procés, aunque dijo que no es suficiente. “Los indultos han sido un paso, pero solo un primer paso, la represión continúa”, insistió. En todo momento, defendió que se siga hablando, porque esa es la clave de la posición de ERC.

Sánchez explicó que en la reunión se trató sobre el proyecto de ampliación del aeropuerto de El Prat, pero sin ningún avance, porque de las palabras de Aragonès el jefe del Ejecutivo concluye, como ya pensaba, que la Generalitat “no tiene una posición madura” al respecto. Por tanto, la inversión sigue congelada. En las cuestiones concretas no hay pues avances, pero lo importante, insisten todos los consultados de ambos lados, es que se respira un clima nuevo y se ha logrado un ambiente de cierta confianza. Ahora queda todo lo demás: el contenido.

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La reunión comenzó puntualmente a las 15.15. Sánchez fue recibido por Aragonès en la puerta del Palau de la Generalitat y juntos pasaron revista a la Guardia de Honor de los Mossos. Posteriormente, se hicieron la foto oficial en la Galería Gótica, con el saludo, típico de la pandemia, de chocar los puños, y posteriormente, pasaron a la sala de la Mare de Déu de Montserrat, donde se han sentado a despachar. Finalmente, después de muchas discusiones entre las dos delegaciones, los presidentes se sentaron en la mesa de diálogo a trabajar, aunque estuvieron poco tiempo. El suficiente para lograr esa foto que quería ERC de Sánchez sentado en la mesa de diálogo, y no solo saludando a los ministros y consellers como pretendía La Moncloa, que le daba más importancia a la reunión entre los dos presidentes.

El encuentro ha estado rodeado de polémica. Aragonès descartó el martes la participación de Junts después de que sus socios en el Goven propusieran a los indultados Jordi Sànchez y Jordi Turull –que no son consejeros del Ejecutivo– como sus representantes en el foro de diálogo. El partido ha quedado entonces al margen, aunque el president dejó la puerta abierta a vincularse si reconsideraban su delegación. El partido que lidera Carles Puigdemont se pasó todo el verano cargando contra la mesa, al considerar que no se le debería ni dar el plazo de dos años de cara a evaluar si se lograba algún avance en la resolución del conflicto político.

Sánchez también contribuyó a enrarecer el ambiente al dejar para el último momento la confirmación de su asistencia a la cita en Barcelona. El presidente, tras guardar silencio al respecto durante semanas, dijo el lunes en una entrevista a TVE que encabezaría la delegación del Gobierno en la mesa de diálogo. Sin embargo, finalmente la cita fue mucho mejor de lo esperado y el mensaje que trasladaron los dos presidentes fue claro: ambos quieren seguir negociando y reivindican el propio diálogo como un éxito, sobre todo viniendo de donde viene el proceso.

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