Sesión de control

Sánchez advierte a las eléctricas: “Defenderemos a los ciudadanos por encima de cualquier presión”

La oposición carga con todo contra el presidente desde el primer minuto del nuevo curso. Rufián: “Si fracasa la mesa de diálogo, Vox y PP entrarán en La Moncloa”

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la sesión de control en el Congreso. En vídeo, Rufián alerta sobre las consecuencias que tendría un fracaso de la mesa de diálogo. (SERGIO R. MORENO (GTRES) | VÍDEO: EFE)

Nadie esperaba otra cosa y así lo confirmó este miércoles la primera sesión de control parlamentario al Gobierno del nuevo curso. Dos meses después, la vida sigue igual en el palacio de las Cortes, con su hemiciclo en llamas permanentes. El “decíamos ayer” se conjuga en el Congreso como un “insultábamos ayer”.

Pablo Casado se levantó de su escaño, abrió el micrófono y saludó con ironía: “Bienvenido al Parlamento, señor Sánchez, después de 80 días sin dar la cara”. En la siguiente frase, el líder del PP ya se lanzó a tumba abierta: “Su cesarismo y su desprecio a la oposición...”. En dos minutos, Casado logró hacer desfilar por la Cámara a “los 120.000 muertos por la pandemia”, los precios de la luz que han “electrocutado su escudo social”, el bloqueo del Poder Judicial —del que, por supuesto, culpó a Pedro Sánchez— y la “mesa de la infamia” en Cataluña, donde el Gobierno se va a sentar “con los que jalean a los terroristas que quieren atentar contra el PP”. En su posterior réplica, condensó todo en una frase: “El principal problema de España es usted”.

Visto lo abrupto del panorama, el presidente tampoco se paró en amabilidades. “Usted se fue con la crispación y ha vuelto con la crispación”, dijo Sánchez a Casado con ese deje sarcástico que cultiva en el Congreso. Sobre el precio de la luz, el destinatario de su mensaje, más que el PP, fueron las eléctricas. “Vamos a defender los intereses de los ciudadanos por encima de cualquier interés particular y de cualquier presión”, prometió el presidente tras la amenaza de las compañías de emprender una batalla legal contra las últimas medidas del Gobierno.

El PP se armó con la disparada factura eléctrica para su embestida inicial de curso. Los primeros espadas de los populares la emplearon para intentar acorralar a las tres vicepresidentas. Agitaron al viento papeles con facturas astronómicas, lucieron nuevas versiones de sus ya clásicas chanzas sobre la recomendación de planchar la ropa de madrugada y martillearon con el recuerdo de que Sánchez, cuando estaba en la oposición, pidió que dimitiese Mariano Rajoy por una subida de precios mucho más modesta. Todos los estacazos de la derecha fueron flores al Ejecutivo de parte de los socios de Unidas Podemos, que, tras semanas de tensión interna en el Gobierno, celebraron que el PSOE se haya decidido a poner coto a los beneficios de las eléctricas. “Ningún Gobierno había hecho esto nunca”, presumieron la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, y la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, incluso con mayor entusiasmo en esta última, habitualmente más crítica con sus socios.

Los populares deploraron las últimas medidas del Gobierno, y el Gobierno les acusó de “defender más a las grandes empresas que a los ciudadanos”, en palabras de la vicepresidenta primera, Nadia Calviño. El diputado Guillermo Mariscal expuso en estos términos la propuesta del PP para abaratar la luz: que algunos de los costes de la factura no repercutan ni en los ciudadanos ni en las compañías eléctricas, sino “en el que más puede”. Ese que “más puede” no es otro que el Gobierno. “Lo que paga el Gobierno lo pagan todos los españoles”, le recordó la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera.

El inicio de la mesa de diálogo sobre Cataluña no podía faltar en la reanudación de la temporada. Por ahí entró Santiago Abascal, el líder de Vox, a todo trapo y sin preámbulos. Su primera frase del curso fue esta pregunta al presidente: “¿Qué más va a ceder a los enemigos de España con tal de atornillarse a ese sillón azul?”. En la otra punta del campo, Gabriel Rufián, portavoz de ERC, también interpeló a Sánchez por el asunto para reiterar el rechazo de su partido al proyecto de ampliación del aeropuerto del Prat y agitar la conciencia del Ejecutivo con un oscuro presagio: “Si fracasa la mesa, no fracasará solo el independentismo, también fracasará la izquierda española. Y Vox y PP entrarán en La Moncloa”.

Y así se fue consumiendo la mañana, con las mismas consignas, las mismas actitudes teatrales, las mismas palabras pavorosas. La tensión no cede, incluso aparecen voluntarios para seguir subiendo el termostato. Abascal amenizó su regreso con otro discurso inflamado contra la inmigración. El líder de Vox hizo un escabroso relato de violaciones perpetradas por “manadas de magrebíes” o supuestos “ataques de menas [menores extranjeros no acompañados]” para concluir que la “política de puertas abiertas” del Gobierno está “sembrando el pánico en las calles de España”. Poco después de que Abascal dijese tales cosas, uno de sus arietes más ruidosos, Ignacio Gil-Lázaro, protestaba a voz en grito: “El único discurso del odio a gran escala es el del Gobierno y de la izquierda mediática, que promueven la violencia constante contra Vox”. La nueva teoría de Vox, expuesta luego con detalle por Macarena Olona, es que el Ejecutivo planea en secreto ilegalizar ese partido.

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