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Victoria Reynolds, la jefa de Tiffany & Co.

En el décimo piso de la icónica sede de la firma en la Quinta Avenida de Nueva York está el taller de la jefa gemóloga de la casa. Allí, en las alturas, da alas a joyas de altos vuelos

Victoria Reynolds, jefa gemóloga de Tiffany & Co.Seth Caplan

Hace miles de millones de años, parte del carbono de la Tierra quedó atrapada a unos 200 kilómetros de profundidad, bajo intensa presión y altas temperaturas. Violentas erupciones volcánicas devolvieron el compuesto químico a capas más superficiales, convertido en diamantes. Es un ciclo milenario irrepetible que permite que con regularidad una selección de estas maravillas geológicas y otras gemas terminen en la mesa de trabajo de Victoria Reynolds, en la sede de Tiffany & Co. en Nueva York.

Su origen, que sean descubiertas y pulidas, es algo que Reynolds califica de “absolutamente fascinante”. “Cada una de las piedras preciosas y diamantes es única”, explica quien, desde 2020, es la jefa gemóloga y vicepresidenta de alta joyería, diamantes y adquisición de piedras preciosas de esta famosa casa de joyas.

Reportaje sobre Victoria Reynolds, gemóloga de Tiffany & Co.

Es la primera mujer que ocupa este puesto en una compañía en la que ha trabajado durante 38 años, toda su vida profesional. Dice que es un honor, dado el legado de la casa. “Tiffany merece mucho reconocimiento porque, generalmente, el negocio de las gemas y los diamantes está liderado por hombres, aunque no hay ninguna razón para que sea así. Quizá porque es un negocio familiar y multigeneracional”, añade.

Reportaje sobre Victoria Reynolds, gemóloga de Tiffany & Co.

Reynolds recibe a El País Semanal en una de las amplias salas en las que se divide el décimo piso de la sede de Tiffany en Manhattan y señala una mesa que describe como su lugar de trabajo favorito. Es un espacio elegante y acristalado que convierte en decorado la Quinta Avenida y la calle 57 de Manhattan. Admite que aún se maravilla de estar rodeada de esas vistas. “Los lunes son mi mejor día”, añade al hablar de su ritmo de trabajo, “es cuando dedico unas tres horas para evaluar la calidad de las piedras”. Es el momento de investigar el color, la transparencia, el corte, los quilates. Y matiza, “siempre y cuando esté en la oficina”. “Una de las cosas que adoro de mi trabajo es que no hay dos días iguales”, explica.

Para que lleguen los diamantes, las esmeraldas, los rubíes, turmalinas y kunzitas a la joyería, una de las tareas de Reynolds es viajar por todo el mundo para encontrar y adquirir las piezas. Calcula que viaja el equivalente a cuatro meses al año. A veces organiza un viaje tras una llamada de uno de sus contactos, que avisa de la existencia de algo extraordinario en el mercado. “Me encantan esas llamadas, y ocurren porque tenemos una relación cercana con la comunidad de marchantes de gemas de todo el mundo. Saben que si hay un diamante excepcional o una gema con un color particular, el mío es el primer número que tienen que marcar”.

Reportaje sobre Victoria Reynolds, gemóloga de Tiffany & Co: Pulsera Cooper de oro y diamantes, diseñada por Jean Schlumberger en los años cincuenta.

Reynolds cuenta que una de las razones por las que su teléfono suena antes es por la tradición de Tiffany, una historia en la que tienen un papel crucial los diamantes y los colores vibrantes. Pero también reconoce ser afortunada por representar una joyería reconocida por el trabajo de George Kunz, considerado el primer experto en gemología en Estados Unidos y descubridor de piedras semipreciosas como la kunzita.

Esta labor del equipo de Reynolds se acompaña de una serie de protocolos que garantizan la trazabilidad de las gemas. “Somos de los pocos joyeros, si no los únicos, que compramos diamantes en bruto, nosotros los cortamos”, explica. Es algo que facilita un procedimiento —el proceso de Kimberley— que garantiza que las piedras provengan de zonas libres de conflicto. “Durante años hemos construido una cadena de custodia y desde 2020 los clientes saben exactamente el origen de los diamantes y quién los ha cortado, es como un pasaporte”.

Cuando piensa en la faceta del trabajo que la lleva de país a país, dice que se le viene a la cabeza un personaje de cine de aventuras. “Quizá sea como una versión más elegante de Indiana Jones”, dice con una sonrisa, aunque poco después admite que puestos a pensar en ficción en ella hay mucho de Holly Golightlyprotagonista del libro Desayuno en Tiffany—. Golightly encontraba calma en el escaparate de la joyería. Reynolds encontró en ellos y las compras de Navidad con su padre cómo canalizar el interés que desde niña tenía por las joyas.

Reportaje sobre Victoria Reynolds, gemóloga de Tiffany & Co.

Estudió en la escuela de diseño de Rhode Island y tras graduarse en 1987 se incorporó a Tiffany. “Me di cuenta de que, para hacer bien mi trabajo, tenía que ser una experta y, un año después, empecé a estudiar Gemología”, recuerda. Es algo que la terminó llevando al departamento de desarrollo de producto y trabajar con los equipos de compras que ahora dirige.

En Nueva York trabaja con Nathalie Verdeille, directora artística de joyería y alta joyería, en el Blue Book, una colección temática anual. En 2025, bajo el título Sea of Wonder, se inspiró en la vida oceánica. “Cada año, Nathalie presenta un tablero de inspiración que sugiere texturas y colores. Es su interpretación de cómo será la colección y la paleta de color es lo que hace que mi equipo busque las piedras que se adapten a ella. Pueden ser azules, verdes, piedras luna”.

Verdeille se inspira en ellas. “Puede ser el color, la forma, una sola piedra o un conjunto de ellas”, explica. Es un proceso de selección que toma alrededor de seis meses para el equipo de Reynolds y en el que se trabaja con dos o tres años de anticipación. “Ahora estoy comprando las gemas para 2029”, explica. ¿Y qué busca en las piedras? “La belleza de la naturaleza, la de un amanecer o un atardecer, algo extraordinario, un momento fugaz que se recuerda pero desaparece. Lo que hace que sean tan excepcionales es que el color está encapsulado para siempre y congelado en el tiempo. Estas piedras preciosas, de miles de millones de años, nos recuerdan nuestra mortalidad”.

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