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La fuente de la juventud está en Orleans

Cerca de Orleans se alza el centro del conglomerado de lujo LVMH dedicado a la investigación aplicada a la belleza. Aquí nacen los elixires antiedad de Dior.

En el laboratorio de eficacia de Hélios se mide el efecto de los productos en la piel de voluntarios.Ed Alcock

Con un pulso envidiable, Nicolas Benoot, doctor en Fisicoquímica de Materiales, toma una gota de crema hidratante y la criogeniza en nitrógeno líquido: “Necesitamos retener los elementos presentes en la fórmula, así que la congelamos muy rápidamente con nitrógeno o propano. Ambos tienen la habilidad de enfriar milésimas de grado por segundo y asegurar una congelación instantánea sin que el agua se cristalice”. Después, fisura la muestra con una cuchilla de diamante, dentro de un mecanismo que parece una inmensa impresora, y sobre una placa de platino crea un negativo, una criofractura. Para el público general el resultado de estos experimentos se traducirá simplemente en nuevas texturas para la crema Capture, de Dior (más ligera o más untuosa), pero él lleva semanas asegurándose de que la doble vesícula de liposomas en la que encapsulan los activos sigue presente en los nuevos acabados. Benoot es project manager en el laboratorio de amplificación de resultados de Hélios, el principal centro dedicado a la investigación cosmética del conglomerado de lujo LVMH, que nos ha invitado a conocer este espacio. Casi 6.000 metros cuadrados de laboratorios destinados a observar, medir, probar y demostrar lo que la belleza puede o no puede hacer, y a imaginar lo que hará en el futuro.

Ubicado en una zona de Francia conocida como el valle de la cosmética, cerca de Orleans y a un par de horas al sur de París, el edificio alberga desde 2013 varios laboratorios en los que nacen los productos de todas las marcas del grupo, de Dior a Guerlain o Givenchy. Aquí trabajan unos 500 expertos que conectan sus conclusiones en un engranaje preciso que compagina los tiempos pausados que requiere la ciencia con el ansia de novedad de la industria. Su labor, como la del titán Helios del que el centro toma su nombre, rara vez será protagonista, aunque su presencia es constante. “Trabajamos a dos ritmos”, explica Marie Videau, presidenta de investigación de perfumería y cosmética en LVMH. “Para concebir innovaciones relevantes, primero nos esforzamos por comprender las necesidades de nuestros clientes y la fisiología de la piel, así como las demandas del mercado. Simultáneamente, desarrollamos soluciones tecnológicas de vanguardia para ofrecer beneficios visibles. Estos fundamentos han guiado nuestro trabajo durante más de 40 años. Las tendencias evolucionan rápidamente, y es precisamente nuestra estrecha colaboración con los equipos de marketing de nuestras marcas la que nos permite acelerar el lanzamiento de innovaciones al mercado”, añade.

Hasta el lanzamiento en apariencia más sencillo conlleva desarrollos complejos. En el caso de la crema que dejamos criogenizada, el experimento no es baladí: “Con este producto buscamos un efecto inmediato al aplicarlo en la piel, pero también un efecto biológico a largo plazo que revierta los signos del envejecimiento”, relata Valérie Alard, responsable del departamento de innovación de materiales. Para el primer objetivo cuentan con activos que rellenan instantáneamente la superficie de la epidermis, la capa más externa de la piel. Para el segundo, el más difícil, desarrollan métodos para transportar los activos hasta el fondo de la epidermis: “Esto se llama vectorización. Es una especie de taxi que coge los ingredientes activos y los lleva hasta las células madre de la capa basal, la base de la epidermis. Para introducir OX-C [el complejo antienvejecimiento patentado para esta línea] desarrollamos una vesícula doble, un liposoma, que transporta y que después se fusiona con la piel porque sus componentes son los de las células. Ese es el mecanismo, pero nosotros lo que estamos haciendo ahora es comprobar que en cada prueba de una nueva textura realmente esas vesículas dobles siguen presentes y no se ha desestabilizado”, agrega Alard.

Una verificación que se realiza a través de la criofractura y que se repetirá varias veces con cada mezcla para asegurar que todo sigue funcionando con el paso del tiempo o a diferentes temperaturas. Si la vesícula no está intacta, no hay garantías, así que la prueba se descarta y se vuelve a empezar. Así han desechado el uso de exosomas, otra vesícula mensajera que se ha convertido en favorita de las redes sociales; por no superar, al menos por el momento, la prueba de la criofractura. “El lujo y la ciencia no son opuestos”, afirma Virginie Couturaud, directora de comunicación científica de Dior, “al revés, son sinónimos. La definición de lujo es atención al detalle y altos estándares de calidad. Para mí hoy en día nuestra ciencia se define de la misma manera. Contamos con numerosos procesos de validación para asegurarnos de que nuestro descubrimiento sea el mejor. Incluimos liposomas en nuestras fórmulas, sí, pero también nos aseguramos de que sean efectivos”.

La comprobación de la estabilidad es crucial, pero antes esa composición ya había sido seleccionada entre varios desarrollos del laboratorio de formulación, donde también se trabajó la sensorialidad. “Lo más complicado de introducir en una fórmu­la suelen ser los ingredientes activos”, explica Karine De Chabannes, la responsable de este departamento. Ella y su equipo se encargan de preparar diferentes recetas en un espacio que a simple vista se asemeja a la cocina de un restaurante experimental con básculas, cucharas, botes mezcladores o robots. En el caso de las texturas de las cremas de Dior, trabajaron durante semanas para dar con un acabado muy concreto. Porque a los requisitos de eficacia se suman las expectativas del público ante un producto de lujo, cómo se sentirá la crema al aplicarse y al fundirse en la piel o qué aroma quedará presente. “Capture tiene una textura concreta, aterciopelada pero firme, y un olor característico. Teníamos que replicarla sabiendo que no es fácil formular una crema suave, una normal y una rica y que funcionen igual”.

Todas las fases de desarrollo de un nuevo producto suelen abarcar entre dos y tres años, a los que se pueden sumar varios más si incorporan ingredientes con regulaciones específicas como el caso del SPF para China. La minuciosidad del proceso da cuenta de la dificultad de cada etapa en estos laboratorios. Cada una implica coordinación y mucha información; por eso, además de Hélios y de centros en Seúl, Tokio o Shanghái, colaboran con diversas instituciones, como con CiRA (Center for iPS Cell Research and Application), de la Universidad de Kioto, o con la Universidad de Stanford. “Con CiRA estamos estudiando la evolución de las mitocondrias, un orgánulo muy importante dentro de las células de las que depende la respiración celular”, cuenta Virginie Couturaud sobre las alianzas concretas de la casa Dior. “Seguimos descifrando cómo mejorar su funcionalidad y probamos nuestra tecnología en sus modelos. Por primera vez hemos obtenido resultados que podemos incorporar a un producto”, dice. Alard, que lleva 37 años en la compañía, ya prevé el próximo avance gracias a la reducción de tiempos que permite la inteligencia artificial: “Ahora podemos pedir directamente a nuestros proveedores y socios una partícula concreta con una forma determinada. Supone una gran diferencia”.

Con la crema al fin terminada interviene el laboratorio de eficacia, un par de pisos más abajo, con Franck Bonnier, doctorado en Ciencias, a la cabeza. Él y su equipo se encargarán de comprobar sus efectos en personas reales midiendo resultados cuantificables (como el número de fibroblastos o el espesor de la epidermis) a lo largo de varias semanas: “La ventaja de esta tecnología”, cuenta delante de un aparato capaz de radiografiar la piel, “es que con ella podemos ver las diferentes estructuras y todas las capas. Podemos ver hasta las células y sus núcleos dentro de la epidermis. Un nivel de información difícil de obtener hasta ahora. Prácticamente una biopsia óptica de la piel”. En Hélios hay máquinas punteras, dispositivos que solo se usan en medicina o microscopios que valen como un apartamento en una gran ciudad. Es la gran ventaja competitiva del conglomerado, cuya división de belleza facturaba 8.174 millones de euros en 2025, y que hace tiempo entendió el potencial de las sinergias en investigación cosmética. “Si bien nuestras casas tienen su propio enfoque del cuidado de la piel, la ciencia subyacente sigue siendo universal”, aclara Marie Videau. “Este proceso colaborativo garantiza que, si bien nuestra comprensión de la piel es colectiva, las innovaciones finales se adapten de forma única a las necesidades de cada cliente y a la identidad de marca”.

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