EL PULSO

Las mujeres que salvaron el arte durante la Segunda Guerra Mundial

La red Monuments Men and Women Museum reivindica el valor y la eficacia de las mujeres en la protección y recuperación de cinco millones de piezas en la Segunda Guerra Mundial

Un oficial estadounidense, otro polaco y dos soldados del ejército de EE UU, con 'La dama del armiño', de Leonardo da Vinci, tras su rescate de manos nazis, en Cracovia en abril de 1946.
Un oficial estadounidense, otro polaco y dos soldados del ejército de EE UU, con 'La dama del armiño', de Leonardo da Vinci, tras su rescate de manos nazis, en Cracovia en abril de 1946.National Archives and Records Administration; College Park; MD

El ocaso de la Segunda Guerra Mundial. Berlín ha caído y también la noche. Un apartamento. En las calles, cuerpos, destrucción y vidas que nunca retornarán. El sufrimiento es la única argamasa que une a la gente. La conversación y el alcohol cambian de manos.

— ¿Qué resulta más valioso: una obra de arte o una vida humana?—, la pregunta atraviesa cementerios donde yacen millones de muertos.

—Una obra de arte—, contesta Herbert Stewart Leonard, quien ha salvado, arriesgando su vida, la catedral de Chartres (Francia) de la dinamita nazi.

La cuestión la plantea, esa noche, donde el alma del ser humano nunca fue tan oscura, Bernard Taper, un Monuments Men, a su compañero. La claqueta —que omite este diálogo— suena cercana. Fue recogida en 2014 en la película The Monuments Men, dirigida y protagonizada por George Clooney. El filme está basado en el libro de 2009 del mismo título de Robert Edsel y Bret Witter. Describe el relato de cómo 348 personas de 14 países salvaron cinco millones de tesoros artísticos durante la contienda.

Pero cuando la gran pantalla funde a negro surge otra verdad. El cine estadounidense reescribe la historia. Había 27 mujeres entre estos “hombres monumentales”. No se les permitía combatir, aunque estaban allí. Los aliados encontraron en una mina en Altaussee (Austria) miles de obras destinadas al desvarío de Hitler de su museo universal. Para evitar que las Brigadas de Tesoros rusas expoliaran el hallazgo se crearon almacenes en Múnich, Wiesbaden, Marburg y Offenbach. Edith Standen fue nombrada en marzo de 1946 directora interina de Wiesbaden. Su trabajo era averiguar los legítimos propietarios de 700.000 objetos pertenecientes al patrimonio alemán. Una tarea contra su propio Ejército.

Algunos soldados y mandos estadounidenses rapiñaban obras y decoraban con ellas sus habitaciones. Las colecciones alemanas vivían intimidadas por el término “reparación de guerra”. El director de la Galería Nacional de Washington y el responsable del Metropolitan (MET) redactaron una lista con 202 pinturas germanas que completarían sus colecciones. Esta inmoralidad no prosperó. “Los militares estadounidenses consideraban todo el proyecto, al igual que el Cuerpo de Ejército de Mujeres (WAC, por sus siglas inglesas), una carga innecesaria”, sostiene la historiadora Kirrily Freeman, en Saving Civilization (Johns Hopkins University Press). “Y la opinión pública era muy hostil, porque ambos programas ponían en peligro la vida de los soldados. […] Se asumía que el WAC era una madriguera de lesbianas y los Monuments Men [que perdieron en acción al mayor Ronald Balfour y al capitán Walter Huchthausen], ‘raritos”.

Compromiso durante la contienda

Ahora que la última de estas mujeres maravillosas, Motoko Fujishiro Huthwaite, murió de Covid a los 92 años en 2020, y solo sobrevive Richard M. Barancik, se ha lanzado The Monuments Men and Women Museum Network para reivindicar su compromiso durante la contienda y también después. Muchos continuaron defendiendo el arte. El teniente segundo James Rorimer sería director del MET; Lincoln Kirstein fundó el ballet de Nueva York y el teniente George Stout dio vida al Museo Isabella Stewart Gardner. ¿Ellas? Algunas entraron en museos, pero solo como expertas. Edith Standen trabajó de comisaria en el MET, Evelyn Tucker abrió una galería en Miami y Mary Regan enseñó en la Universidad de Florida. Los tiempos se cruzan. En los últimos diez años han devuelto 30 obras y ciertos pasajes mezclan memoria y admiración.

Deane Keller fue un ‘protector’ estadounidense destinado en Italia. Partió de su casa dejando un hijo de tres años, que quizá nunca volvería a ver. Sobrevivió.

— ¿Mereció la pena?—, le preguntaron.

— La vida de un niño vale más que cualquier obra de arte; pero sí tiene sentido arriesgar la tuya por una causa: ya sea la democracia, la libertad o preservar tu cultura—, contestó. Una lección monumental.

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