El trol manda en las urnas en Perú

La campaña electoral previa a los comicios presidenciales de hoy se ha desarrollado en un clima de ataques furibundos en las redes promovidos por los profesionales del extremismo

Rafael López Aliaga, candidato ultraderechista a las elecciones presidenciales de Perú, durante un mitin en Lima el pasado 27 de marzo.
Rafael López Aliaga, candidato ultraderechista a las elecciones presidenciales de Perú, durante un mitin en Lima el pasado 27 de marzo.Ernesto Benavides (AFP) / EPS

Al comienzo los ataques furibundos en las redes sociales le afectaban, pero con el tiempo Andrés Edery ha aceptado esos insultos como un impuesto a pagar por ganarse la vida como ilustrador político de la revista Somos, la más leída de Perú. Después de cada viñeta publicada, a Edery ya no le sorprendía que si el personaje caricaturizado pertenecía a la derecha lo acusasen de servir a los intereses económicos de la izquierda caviar y lo llamasen resentido social. O que si se trataba de un personaje representativo de la izquierda lo acusaran de fascista. Su trabajo, ejercer la crítica con humor, lo ha situado en las últimas semanas en medio de un fuego cruzado en el que los troles de los partidos políticos han descargado toda su munición tuitera con vistas a las elecciones presidenciales que está previsto que se celebren el domingo 11 de abril en Perú.

Y no es el único blanco de la ira trolera: lo acompañan todos los periodistas que reclaman moderación y argumentos antes que odio y pulgares veloces. Las reacciones radicales son alimentadas por la desinformación que se siembra en las mismas redes sociales y por la que divulgan algunos periodistas a través de sus programas televisivos. En Perú, quienes investigan y contrastan datos tienen que dedicar un tiempo cada vez mayor a desmentir los bulos que comparten los esbirros de los poderes políticos que se alimentan de la ignorancia. Pronto su trabajo consistirá solo en bloquear troles. Porque ¿cómo se habla con alguien que no quiere escuchar?

Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular y calificado como el candidato de la ultraderecha, es quien mejor encarna esa actitud que rechaza el diálogo y busca nada más que la confirmación de sus opiniones y prejuicios. Jura ser célibe desde hace 40 años y estar enamorado de la Virgen María porque lo llena de paz, alegría y fortaleza. Está en contra del enfoque de género en el currículo educativo y para demostrarlo llegó a afirmar que “hay cartillas de homosexualización para niños de cuatro años”. Con declaraciones de este tipo ha conseguido llamar la atención de una gran parte de la sociedad peruana, el sector que reclama un gerente con mano dura en vez de un gobernante que genere acuerdos. López Aliaga recurre a la descalificación de los periodistas cuando lo ponen en aprietos, incluso de aquellos que están a su favor pero que hicieron una pregunta que no le gustó. Su estrategia como aprendiz de Trump y Bolsonaro le ha dado buenos resultados en las encuestas.

En Perú el voto es obligatorio. El que no vota queda inhabilitado para ejercer sus derechos civiles y tiene que pagar una multa para recuperarlos. Pero dicha obligación parece haberse trasladado a elegir entre un extremo u otro. Los simpatizantes de la izquierda son acusados de querer que el país acabe como Venezuela y a los de la derecha se les niega la posibilidad de pensar distinto que López Aliaga. El problema se puede agravar si desde su trinchera los políticos y los ciudadanos no salen a dialogar con aquel otro al que llaman enemigo. No es sencillo, como no debe ser para los troles de todas las ideologías reírse de sí mismos cuando se sienten reflejados en las viñetas políticas del ilustrador Andrés Edery.

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