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En busca de vino en la costa sur de Croacia

Esta región croata revela una tradición vinícola atávica que comienza a despuntar para el exterior. El objetivo de los bodegueros es que sus variedades indígenas se conozcan como algo diferente a lo que la gente está acostumbrada

Vino Croacia
La bodega Milos de Ponikve en Pelješac produce vinos con las variedades Plavac mali y Rukatac. Los viñedos están situados en la vertiente sur, desde la bahía de Prapratno hasta Ponikva.Tom Dubravec (CROPIX / Miloš Winery)

En un tramo de la carretera que asciende hacia la bodega de Ivan Miloš, en la península de Pelješac, las viñas se derraman sobre el asfalto. Más tarde, el bodeguero aclarará que estas viñas no son suyas. No es extraño. Aquí quien más y quien menos tiene algunas hectáreas, aunque hace poco que el mundo ha dirigido la mirada a la región buscando su rastro vinícola.

Croacia es uno de los territorios de la antigua Yugoslavia que más rápido se ha deshecho de la sombra de su pasado. Independizado tras la guerra de los noventa, el país balcánico ha aprovechado el atractivo de una costa que lo sitúa a la altura de otros destinos mediterráneos, más aún desde su ingreso en la Unión Europea hace una década. La serie Juego de Tronos, parcialmente rodada en la ciudad amurallada de Dubrovnik, convirtió a la antigua república de Ragusa en un fetiche del turismo de postal, mientras que otras zonas de la costa dálmata no lograban ―y quizá tampoco lo buscaran― el mismo tipo de entusiasmo.

Una de ellas es la península de Pelješac, un conjunto montañoso de roca caliza en el mismo condado de Dubrovnik-Neretva. En estas laderas se ubica la bodega Miloš Winery, conocida por ser una de las más antiguas de la zona. La bodega, un edificio blanco con una sala de cata minimalista y sótanos de piedra que guardan botas centenarias, produce diversos tipos de vino, pero es distinguida por sus tintos elaborados con la variedad Plavac Mali. “Es una uva local con una piel muy gruesa. Nos da un vino con muchos aromas y que envejece muy bien”, explica Ivan Miloš, quien añade: “en la península el 90% de los vinos están hechos con esta variedad. Sin embargo, en el resto de Croacia predominan los blancos”.

Para degustar su vino, se requiere visitar el país o tener mucha suerte. Como sus bodegas vecinas, Miloš exporta poco. “Tenemos unas quince hectáreas. Somos un país pequeño, quizá hay 20.000 hectáreas. Producimos alrededor de un 2% de lo que producen al año países como Francia”, detalla.

La uva local tiene una piel muy gruesa. Nos da un vino con muchos aromas y que envejece muy bien.
La uva local tiene una piel muy gruesa. Nos da un vino con muchos aromas y que envejece muy bien.

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Ivan Miloš cuenta que su familia llegó a la zona varios siglos atrás. No obstante, hace pocas décadas que se dedica con aspiraciones a la uva. “En Yugoslavia había una gran cooperativa de vino donde todas las familias de la zona vendían a un precio estipulado. En los años ochenta, llegaron tiempos más liberales y muchas familias montaron bodegas privadas, entre ellas mi padre”. Una apuesta que alzaría el vuelo después de la guerra.

Los años de la Yugoslavia socialista compusieron uno de los múltiples episodios que redibujaron el mapa adriático. Los más convulsos dejaron huella en la antigua ciudad-estado de Ragusa —ahora Dubrovnik— cuyo encanto no necesita más líneas de las que ya se han escrito. Fue romana, y estuvo disputada por venecianos y genoveses. Tributó al Imperio Otomano, fue parte del Austriaco, posteriormente el Austrohúngaro, y de los estados de entreguerras. Debido a las riñas territoriales, la única entrada al mar que pertenece a la vecina Bosnia se sitúa en una franja que corta la costa croata. Por esta razón, en 2022 se inauguró el puente de Pelješac, que enlaza Dubrovnik y el resto del país. Ahora es posible reseguir la costa sin atravesar varios puestos fronterizos.

Turistas caminan a lo largo de las murallas de Ston.
Turistas caminan a lo largo de las murallas de Ston.DENIS LOVROVIC (AFP / Getty Imag

En el condado de Dubrovnik-Neretva también se encuentra la isla de Korčula. Cada hora, un ferry parte del pueblo de Orebić y se desliza por las aguas mansas del canal de Pelješac, con vistas a sus arboladas, hasta el puerto de Domince. Desde aquí, salen coches y autobuses hacia la ciudad fortificada, principal reclamo de la isla homónima.

Korčula conserva la mística de haber asistido a la derrota veneciana en 1298, así como de haber sido refugio veraniego de los intelectuales yugoslavos de la escuela Praxis. Uno puede enredarse en su historia, visitar la Catedral de San Marcos, bordear su fortaleza o transitar un casco viejo de calles escalonadas y casas de piedra. Para conocer su riqueza vinícola, sin embargo, las mejores opciones son acercarse a la villa de Lumbarda, rodeada de viñedos, y al pueblo de Smokvica, donde se sitúa la bodega Black Island, uno de los mayores productores de la zona.

“Los romanos llamaban a la isla Corcyra Nigra, ya que los bosques de aquella época eran muy oscuros, así que somos la isla negra del vino blanco”, cuenta el enólogo Igor Radovanović, miembro de la bodega. En Korčula abunda la variedad Pošip, autóctona de la isla, y Grk. “La potencia de este suelo permite que las plantas puedan estar sin agua los meses de verano, así que producimos un vino blanco muy fresco y aromático”, señala Radovanović.

Imagen de la Bodega Black Island, en Croacia, en 2020.
Imagen de la Bodega Black Island, en Croacia, en 2020.Domagoj Miletic

La bodega, en la que realiza sus catas, se sitúa en uno de los antiguos emplazamientos de la cooperativa agrícola Jedinstvo de la era socialista, pero su andadura comenzó en 2018. Pese a su breve existencia, su vino estrella, el Mrga Victa, ya ha sido reconocido con varios premios Decanter World Wines.

Aunque no es el propietario de la enoteca, Radovanović se dedica al vino por ascendencia familiar. “Desde que nacemos nos pasamos el día entre viñas”, ríe. “Cuando eres de aquí no tienes muchas opciones: o te vas al mar, o al turismo o trabajas en las viñas”, detalla. El enólogo reconoce que el interés exterior está creciendo, pero advierte: “es una producción muy cara y trabajar en la viña es duro”. Aun así, “en Smokvica puedes encontrar veinticinco productores que se lo hacen todo ellos”.

“Lo más interesante para el mundo del vino es que nuestras variedades indígenas se conozcan como algo un poco diferente a lo que la gente está acostumbrada. Que no todo sea Chardonnay y Sauvignon”, considera Radovanović. En palabras de Miloš: “la gente no conoce demasiado la historia de Croacia. Piensa que comenzamos a producir vino hace veinte años, y no que hace centenares, por no decir miles. Muchos de los que vienen de visita no van a un país vinícola, algo que también es positivo porque se sorprenden”.

La bodega Milos de Ponikve en Peljesac produce vinos de las variedades Plavac mali y Rukatac.
La bodega Milos de Ponikve en Peljesac produce vinos de las variedades Plavac mali y Rukatac.Tom Dubravec (CROPIX / Miloš Winery) (CROPIX)

Dalmacia cotiza por sus playas, y entre copa y copa sería imperdonable no dejarse caer por alguna de ellas, como las Konavle, donde además despuntan los blancos secos elaborados con Malvasía. Un rincón menos evidente es Ston, reseñable por su muralla enclavada en la montaña, así como por los lechos de ostras de la bahía de Malistonski. En todo caso, para sublimar el viaje, conviene esperar a que alcance un atardecer en Korčula o en Orebić, y observar cómo el día se apaga sobre el Adriático desde el ferry que enlaza la isla y la península.

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