La montaña hace la casa

En la comarca de La Garrotxa, en la cima de un valle frondoso, Josep Lluís Mateo reforma el antiguo 'mas' de la familia Vilà, los antepasados de su mujer, descubriendo el monte que había dentro

Mas rehabilitado por Josep Lluís Mateo en La Garrotxa (Girona).
Mas rehabilitado por Josep Lluís Mateo en La Garrotxa (Girona).Adrià Goula

Mas —el nombre que en Cataluña, Valencia y en parte de Aragón reciben las explotaciones agrarias, su vivienda y las casas de aperos colindantes— deriva del latin mansus que significa permanecer. Justo eso, permanecer durante tres siglos en el paisaje es lo que hizo esta vivienda más reformada que rescatada por el estudio del arquitecto Josep Lluís Mateo.

La casa no está en la montaña, parte de ella. No arranca de ella, ni siquiera está cimentada entre las piedras y el barro, está enganchada al monte, lateral y literalmente: la fachada trasera es el propio monte. Así, el espinazo interior que vertebra la antigua vivienda de la familia Vilà es la cara del monte: un muro de piedra y tierra. Esa convivencia entre los más primitivo y los más abstracto —la nueva intervención— sirvió para actualizar un mas del siglo XVII que había quedado destrozado cuando, tras perder la cubierta, la lluvia terminó por desintegrar la estructura original de madera.

El muro, que es la propia montaña, en el interior de la vivienda.
El muro, que es la propia montaña, en el interior de la vivienda.Adrià Goula

Lo más llamativo de la vivienda hoy no son sus vistas —que alcanzan hasta Francia y el monte Canigó — ni siquiera el volumen —exacto al original y revocado con cal a la romana “para que adquiera el tono tostado con el paso del tiempo” —. Lo llamativo de este rescate doméstico es que una decisión que arraiga la vivienda sea tanto una muestra del conocimiento del pasado como un indicador de una vía futura: utilizar el terreno a favor de la arquitectura. Construir a partir de lo que indica el lugar.

Mateo explica por teléfono que esta es “la casa de un arquitecto consorte, que quede claro, yo la reformé pero es la vivienda de mi mujer”. Ella la heredó, en la Vall de Bianya, la ruina de lo que había sido una antigua finca forestal que vivía de vender leña “hasta que apareció el butano”.

Lo fascinante para el arquitecto era preservar no sólo la carcasa, el volumen de la vivienda, sino —y sobre todo — la relación con la tierra. Por eso respetó lo que, antes de las lluvias, había ocurrido allí dentro: dejó aparecer el propio suelo, “un muro irregular y fascinante de piedras históricas”, una espina dorsal que, en realidad, es la propia montaña.

Convivencia entre la intervención nueva y la presencia de la montaña.
Convivencia entre la intervención nueva y la presencia de la montaña.Adrià Goula

Ese mundo áspero de la montaña que se mete dentro contrasta con la intervención ligera y abstracta que firmaron los arquitectos.

-¿Se han arrepentido en algún momento de haber dejado tanta montaña viva? Bueno, fue una decisión radical: dejar entrar la montaña y sí ha tenido un coste técnico para que no entrara agua. Pero una vez consolida, le da una vida completamente distinga a la casa.

-¿Tanto que la parte nueva parece abstracta? Hombre, hoy no es un museo impoluto. La vida y el paso del tiempo ha ido domesticando esa parte interior nueva. No estás en una casa reformada. Estás casi en una cueva, tocas la naturaleza. Eso habla en la casa.

-¿Y qué dice? Cuenta la relación historia con la historia y con el lugar. Habla desde la materia y es también conceptual: resume la energía humana que es necesaria para levantar un muro.

Por fuera solo hay tradición: la cubierta es de teja y los materiales son materiales tradicionales. Por dentro es mucho más moderna. Tiene todo tipo de comodidades: calefacción o placas solares. No es una casa dura a pesar de parecerlo. Al final es un lugar insólito. A veces te sientes como en una cueva y otras como en un mirador.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50