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El dandi del siglo XXI vuela

El diseñador sevillano Jaime Álvarez junto a un modelo vestido con prendas de su última colección, de otoño-invierno.
El diseñador sevillano Jaime Álvarez junto a un modelo vestido con prendas de su última colección, de otoño-invierno.

Jaime Álvarez acumula premios, viste a los hombres más mediáticos y, a los 26 años, acaba de desfilar en París. Su marca, Mans Concept, exporta distinción y atrevimiento. Él evoca a su abuelo, el más elegante del pueblo en el que creció.

En el abecedario estético de Jaime Álvarez (Sevilla, 1994) hay una imagen que antecede a todas las demás: la de su abuelo materno, siempre impecable con ropa a medida. “Vestía muy bien”, observa. “En aquella época el sastre iba recorriendo los pueblos, y los trajes que él lucía eran muy modernos. Hay fotos suyas a los 30 años que son increíbles. Imagínate lo chocante que podía ser, en un pueblo de 3.000 habitantes, ver a un hombre con un traje amarillo de grandes solapas”.

El pueblo al que se refiere Álvarez es su localidad natal, La Luisiana (Sevilla), el lugar donde creció el nieto de aquel dandi andaluz y hoy orgulloso fundador y director creativo de Mans Concept Menswear, la sorpresa más prometedora de la reciente moda española. Esta entrevista tiene lugar en su estudio madrileño, un elegante apartamento forrado casi por completo en terciopelo verde bosque, que incluso a media mañana proyecta un resplandor frío y casi nocturno sobre las colecciones que, en un tiempo récord, han procurado a Álvarez un puñado de notables apariciones en prensa, una agenda de clientes cada vez más abultada y varios premios de peso. El más reciente es el Who’s on Next 2020, convocado anualmente por la edición española de la revista Vogue, dotado con 100.000 euros y que en años anteriores ha recaído en Carlota Barrera, Moisés Nieto, Leandro Cano o Palomo Spain. Hace poco Álvarez ha firmado sus primeros contratos para vender sus colecciones en tiendas de Japón y China, y el pasado junio desfiló en la edición digital de la Semana de la Moda Masculina de París, el hogar natural para las firmas que, como la suya, reivindican el lujo con raíces.

Detalle del taller madrileño de Mans Concept Menswear.
Detalle del taller madrileño de Mans Concept Menswear.

Para entender la historia completa, por tanto, hay que volver a esos orígenes. Y la biografía de Álvarez se construye a partir de la mercería que tenía su abuela materna, de cuyo apellido germánico, Demans, procede el nombre de su firma. “Todo el mundo se cree que Mans tiene que ver con el hombre, pero es un apellido alemán. En la época de Carlos III había mucha influencia de este país en Córdoba y Sevilla”. Aunque Álvarez confiesa que no creció rodeado de costura ni de familiares dedicados a oficios textiles, sí lo hizo con una clara conciencia del estilo y, como dice, “del buen hacer”. A los 18 años se trasladó a Madrid a estudiar diseño de moda en el Istituto Europeo di Design. “Al principio iba encaminado a la moda femenina, pero en el tercer año de carrera me di cuenta de que en la moda masculina faltaba algo”, recuerda. “En ese momento había un vacío enorme entre los nuevos diseñadores, que eran más estrambóticos, y un traje clásico de unos grandes almacenes. Así que empecé a investigar y pensé que podía aportar algo”, apunta.

Jaime Álvarez revisa un patrón en su taller.
Jaime Álvarez revisa un patrón en su taller.

Su proyecto de fin de carrera, en 2017, consistió ya en su marca, “con etiquetas y todo”, recuerda. Revisar ahora las imágenes de aquella colección, diseñada para la primavera de 2018, permite entender su intuición inicial. Las solapas de las chaquetas eran o grandes y desproporcionadas o directamente inexistentes, subrayando el ajuste del delantero sobre el torso. Los colores eran aún clásicos, casi conservadores, pero los juegos intelectuales permitían presagiar el estilo de un diseñador apasionado por el cuerpo a cuerpo con la prenda.

Con aquel mismo dosier, recuerda, Álvarez se presentó a 080 Barcelona Fashion, la pasarela de moda que se celebra dos veces al año en la Ciudad Condal y de la que han surgido algunos de los talentos más contestatarios de las últimas décadas. Tras ganar por tercera vez consecutiva el premio al diseño emergente de la pasarela barcelonesa, Mans mostró su cuarta colección el pasado mes de enero en Madrid. Y su quinto desfile, presentado en junio en París en plena pandemia, ha apuntalado una trayectoria casi vertiginosa. “Todo ha sucedido a la carrera, y apenas he tenido tiempo de pensar ni digerirlo todo”, explica. “Ahora estoy muy enfocado en avanzar con paso firme. La marca no ha pegado el boom, pero hemos crecido bastante pensando mucho cada movimiento”.

La sastrería a medida es una de las patas del negocio; y los tejidos, el punto de partida de las colecciones de Mans Concept Menswear.
La sastrería a medida es una de las patas del negocio; y los tejidos, el punto de partida de las colecciones de Mans Concept Menswear.

En este tiempo, por supuesto, sus colecciones han evolucionado hasta aproximarse cada vez más a ese ideal consistente en crear una moda masculina que abra sus ventanas a la femenina para aprender de ella gestos, materiales y colores liberadores. En el retrato que abre este reportaje, el diseñador posa junto a un modelo que luce un look de su colección para este otoño, un pantalón de vestir desestructurado en color beis y una blusa de seda celeste con puños inusualmente largos. El cuello de la camisa se prolonga en una suerte de lazo que hace las veces de corbata o incluso de fular, y que habla tanto de fluidez de género como del placer físico, táctil y sensual que evocan ciertos tejidos.

“Balenciaga, que es uno de mis referentes, decía que ante un tejido cerraba los ojos y podía saber perfectamente la prenda en que se convertiría”, apunta. “En mis colecciones el punto de partida siempre son los tejidos”. La primera vez que acudió en París a Première Vision, la feria textil más importante del sector, se dio cuenta de que iba a tener que dar muchas vueltas antes de encontrar lo que buscaba. “Tejidos femeninos hay muchos; pero masculinos y de sastrería, no tantos. La mayoría de proveedores solo venden en grandes cantidades, y los que sirven menos metros no tienen lana celeste o melocotón. Eso hay que tintarlo por encargo”. En la actualidad, Mans trabaja con proveedores capaces de teñir cantidades concretas de lana en color lavanda o mostaza, parte esencial de una paleta cromática que identifica a la marca. “Puedes tener un patrón más o menos complejo, pero al final lo que da sentido a una prenda es el tejido, que es lo único que habla por sí solo”. El proceso de diseño, por tanto, empieza por los materiales. Después llegan los bocetos y, solo al final, la temática.

El dandi del siglo XXI vuela

Entre tanto, bulle la actividad en el taller donde Mans elabora sus colecciones y prototipos. Trabaja bajo dos fórmulas: un servicio de sastrería a medida, muy demandado por hombres que quieren acudir a eventos o encargar un traje de novio; y colecciones de prêt-à-porter que vende en su tienda online y, desde esta temporada, en algunas boutiques multimarca internacionales. Su taller de sastrería está en Madrid, no muy lejos de su estudio, y la confección de prendas se lleva a cabo en Barcelona. Moda hecha en España que, paradójicamente, vende el 95% de su facturación en el extranjero. “Principalmente en Alemania, el Reino Unido y los países nórdicos”, apunta.

En los últimos tiempos, sus procesos se han sofisticado. Álvarez diseña las colecciones, pero no está solo. Con él trabaja Alberto Martínez, un compañero de estudios que hoy se encarga de coordinar la comunicación y a los proveedores. A su vez, el estilista Adrián Bernal le ha ayudado a afinar la versatilidad de cada pieza. “He aprendido a diseñar prendas, no looks”, apunta. “Trabajar con estilistas te enseña a combinar las cosas de otra manera”.

El dandi del siglo XXI vuela

Precisamente el estilismo le ha permitido franquear otra barrera igualmente exigente: la relevancia social. Mans Concept Menswear es la firma que vistió este año a Eduardo Casanova en los Premios Goya con un chaqué blanco con blusa de seda, o que ha confeccionado muchas de las prendas que el estilista y comentarista Josie está luciendo en esta edición del concurso televisivo Masterchef Celebrity (La 1). Los trajes de Álvarez han sido llevados por Los Javis (los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi responsables de Veneno y Paquita Salas); por el productor de Rosalía, El Guincho, en la ceremonia de los Premios Grammy, y por los actores Paco León y Álvaro Morte. También por el cantante británico Sam Smith, que en noviembre de 2019 utilizó uno de sus trajes en la gala de premios de Los 40 Music Awards. “Faltaba una marca que no renunciara a ninguna de las dos cosas”, apunta Álvarez. “Trajes diferentes que no exijan ponerse una falda. La persona tiene que sentirse a gusto con lo que lleva, no disfrazado”.

Con cada aparición pública crecen las menciones, los seguidores en Instagram y también los clientes. Los efectos de la pandemia han mermado la que prometía ser una suculenta temporada de eventos y bodas, una tipología de encargos que le ha ayudado a “abrir el abanico y no tener un prototipo de cliente”, apunta. “La mayoría de los novios que vienen a encargar un traje para su boda son heterosexuales, y creo que es un símbolo de que la mentalidad masculina está cambiando y los hombres estamos aprendiendo a vestirnos sin tabús, sin miedo a que nos juzguen”.

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No solo ha cambiado la actitud ante la moda, sino también ante el estilo. Tras la borrachera de la estética deportiva que ha dominado los últimos años, Álvarez prevé una resaca de elegancia sosegada. “No me interesa mucho el sportswear”, subraya. “No me gusta cómo lo venden, que una camiseta de algodón con un logotipo cueste 1.000 euros. ¿Estamos locos? Hacerla ha costado 10 euros, o incluso menos”. En caso de duda, se acuerda de su abuelo. “Lo tengo siempre en mente, la forma en que vestía. Incluso de joven iba siempre con traje de chaqueta. Era mucho más moderno que mucho de lo que se hace ahora”. ¿Se considera nostálgico? “Es curioso”, responde, “mis amigos y mis padres me dicen que, haga lo que haga, siempre hay algo de mi tierra”.

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