El diseño sonoro: una joya invisible

En el Día Internacional del Podcast, recordamos las palabras de diez de los mejores diseñadores sonoros que pasaron por este blog

Earl Manus (iStock).
Earl Manus (iStock).

El 30 de septiembre del 2014, Dave Lee y su padre Steve Lee, el fundador de Modern Life Network (una web que ofrecía un gran número de podcasts de diferentes temas), celebraron el Día Nacional del Podcast con un streaming de seis horas de duración. Lo hicieron el año en el que el formato podcast cumplía una década desde que naciera gracias a Adam Curry y Dave Winer. La repercusión del podcast fue tal que en 2015 sumaron a más de 55 países de todo el mundo, invitando a los podcasters y líderes de la industria a compartir sus historias y experiencias en podcast.

En la actualidad, la celebración se extiende hasta las 33 horas de duración de ese streaming y cuenta con las participaciones de líderes de todo el mundo: periodistas, narradores, actores, hosts, agentes comerciales, directivos de plataformas y radios y un largo etcétera. Es posible que lo que menos aparezcan por ese evento sean diseñadores de sonido, probablemente la parte más invisible y, sin embargo, una de las más sustanciales de un buen podcast.

Por este blog han pasado en los últimos tres años algunos de los nombres más inspiradores de este ámbito, aquellos que piensan en sonido y con una creatividad asombrosa. Las pantallas más importantes que conquistamos son las mentes de los oyentes y sin la labor —constante, minuciosa y evocadora— de los diseñadores de sonido sería imposible conseguir la inmersión que los podcasts consiguen. A ellos quisiera dedicar hoy este Día Internacional del Podcast, a través de diez experiencias de diez creadores de distintos ámbitos —ficción, documental, ensayo sonoro, docuficción— que servirán de ayuda para todos aquellos que quieran comenzar a formarse en el arte del diseño sonoro.

  • Kaitlin Prest (The Heart, The Shadows): “Cuando era niña tenía un sentido innato con el que soñaba: el oído. Esto es muy extraño, en verdad, pero cuando tenía cuatro años fantaseaba con que mi vida era un libro de cuentos que leían gigantes extraños y creo que escuchar historias como esas de diferentes personas me hizo querer crear a través del audio. (…) Yo apenas conocía a personas que realmente entendían la ciencia del sonido. Pero empecé a vivir con dos personas que producían música y que usaban las mismas herramientas técnicas para esculpir el sonido que una persona de la radio. Siempre pensé que las herramientas que usan los músicos son mis mismas herramientas para contar una historia en audio. (…) En realidad, yo pienso en la radio como una historia tridimensional que tiene un fondo, un primer plano y un plano medio. Se parece a un escenario en el que estás tocando, pero casi creo que se parece más al cine que al teatro o la actuación en vivo. Finalmente, creo que mi carrera como ‘artesana del audio’ ha influido enormemente en mi papel como intérprete”.
  • Teo Rodríguez (Informe Z, OVNI, Deja que te cuente): “Lo increíble del podcast es que puede ir mucho más allá del simple audio. Uno puede manejar el sonido para recrear situaciones para las que apenas necesitas descripciones. Se convierte en algo tan personal que me gusta pensar que la persona que se pone los auriculares forma parte de lo que escucha”.
  • Isabel Cadenas (De eso no se habla): “Cuando empecé a presentar el podcast en EE UU, me di cuenta de que el concepto del silencio, que parece algo tan universal, en realidad depende mucho de tu ubicación y de tu historia. Allí, a menudo, entendían mi proyecto como un podcast sobre tabúes, al estilo de Death, Sex and Money. Mientras que para mí el silencio en nuestra sociedad viene más bien del 'no te signifiques' y del 'de eso no se habla' que nuestros padres y abuelos aprendieron durante el franquismo, y que en cierto modo hemos heredado. De eso no se habla cuenta historias personales que no están necesariamente relacionadas con la dictadura o con la Guerra Civil, pero que son un reflejo de esa manera de callar que aprendimos entonces. Y cada episodio trata de hacer eso: unir los puntos entre los silencios personales y los silencios colectivos”.
  • Martín Cruz (Las Raras Podcast): “Nos dimos cuenta así que el diseño de sonido era algo que la gente realmente disfrutaba de nuestras historias, que nos distinguía. Y en varias ocasiones nos instaron a ser aún más atrevidos y experimentales con esto. Decidimos entonces crecer y empujar nuestro trabajo aún más en esa dirección y nos permitimos jugar más con el sonido como recurso estético y narrativo. La historia de Ana y el sexting fue la oportunidad perfecta para probar esto, porque ella en el comienzo de su narración genera una imagen que nos pareció muy poderosa: compara el tomarse una foto íntima y mandarla con sumergirse en el agua. Entonces decidimos usar esto como un recurso sonoro simbólico. Por eso durante la primera parte del relato oímos a Ana como, si de alguna forma, estuviera bajo el agua, ahogada por su situación. Esa sensación sonora va y viene cada vez que algo la hunde nuevamente. Esto dura hasta el momento en que ella retoma el control de sus circunstancias y logra por fin salir sonoramente del agua y también de su ahogo existencial”.
  • Juan Serrano (La No Ficción): “Este podcast lo hacemos, como decimos en Colombia, con las uñas. Recurrimos a librerías musicales, pues no estamos en condición económica de producir música original. De manera que esto del diseño austero es menos una cosa deliberada que una consecuencia del bajo presupuesto. Ahora bien, Daniel Díaz, quien se encarga de la mezcla y la musicalización de los episodios, es un gran batería y es dueño de un sentido innato del ritmo. La idea que lo ha guiado es la de utilizar música que insinúe determinadas atmósferas, pero dejando que sea la trama la que se luzca. La historia del padre Gallego es por sí misma bastante triste, sobre todo si se cuenta —como lo hemos hecho— desde el prisma de quienes han sufrido con su ausencia. En ese sentido, un error que hemos procurado no cometer es el de convertir todo esto en un melodrama efectista a punta de trucos musicales”.
  • Roberto Maján a propósito del concepto de ‘espiral sonora’ del capítulo 1 de la segunda temporada de Guerra 3: “Todo empieza con una misma noticia que dan tres periodistas distintos en tres idiomas distintos y con tres músicas distintas. Esto se va solapando y yo quería evitar que ese solapamiento fuera desagradable para no desviar la atención del oyente de la espiral en sí, que era lo que quería que llamase la atención. Para ello, lo que hice fue sincronizar las tres músicas, como hace un DJ con los discos y mezclar las voces utilizando filtros. A partir de ahí, la espiral va creciendo en intensidad y en velocidad, por eso da la sensación de que cada vez está más lejos de nuestra cabeza y que da vueltas más rápido. Al mismo tiempo, apliqué distorsión a las voces y a la música y que también va creciendo. Además de esto, hay una mezcla de ruido blanco e interferencias que va subiendo, poco a poco, en volumen. Y también un tono que sube en frecuencia desde una muy grave, casi inaudible. De tal forma que cuando Aimar Bretos, que es el periodista que está hablando de la bomba, hay una frecuencia grave que le acompaña y que recuerda a la estela de la bomba. Todo va subiendo en intensidad y en velocidad hasta que se funde con ambientes de aparente calma tras la bomba y la espiral reduce del todo su velocidad”.
  • Jorge Carrión (Solaris): “El diseño sonoro de Solaris es sobrio y levemente inquietante. Andreu Quesada, el diseñador, captó rápidamente que no queríamos hacer un podcast que sonara como los demás. Nuestra propuesta no es comercial, no es para todos los públicos, es para personas que quieren pensar, aprender, seguir leyendo. Y la dimensión sonora tiene que invitar a eso, a la reflexión, al conocimiento, a la lectura. Obviamente, también queremos ser seductores, por eso incluimos una sintonía reconocible o cortes de audio de películas o de escritores (en el uno aparece Cortázar; en el sexto, Borges, diciendo algo, por cierto, bastante sorprendente)”.
  • Lindsay Graham (1865, Wondery): “Fue muy importante para mí que el sonido de 1865 fuera lo más real posible, lo más auténtico posible, para dar al oyente la sensación de estar en estos edificios, con sus suelos chirriantes y sus luces parpadeantes. Que sintieran que estaban entre estos hombres y mujeres que vivieron y murieron de maneras extraordinarias, pero también de una manera común. De nuevo, la verosimilitud era mi objetivo. Con ese fin, pasé mucho tiempo creando ‘modelos de audio’ de diferentes configuraciones: un pasillo de la Casa Blanca, la calle empedrada de Pennsylvania Avenue, una sala con telégrafos. Grabé pisadas, crujidos en el suelo en edificios viejos, capturando también su ‘huella digital sónica’ para que las voces, grabadas en seco y sin adornos, pudieran colocarse convincentemente en el espacio. Espero que nadie escuche a 1865 y piense: ‘Esto se grabó en una cabina en un estudio’”.
  • Alfonso Latorre (València Destroy: la historia no contada de la Ruta del Bacalao): “Una de las cosas más laboriosas ha sido el uso de recursos sonoros para situarnos en el trayecto que realizamos. Los arranques del vehículo, los acelerones, etc.… tienen 'paneos' de un canal a otro del estéreo, de forma que diera la impresión de que el coche pasaba ante nuestros ojos. Menciones aparte merecen los paisajes sonoros en determinados momentos, como en el capítulo 4, donde simulamos estar en una discoteca, salir al parking, caminar sobre la gravilla y meternos en el coche para hablar con Ada. Ahí la música está tratada para dar la sensación de que abandonamos el local y poco a poco se va amortiguando y perdiendo presencia, hay varias capas de efectos superpuestos”.
  • Inger Díaz Barriga (Mejor vete, Cristina): “Creo que esa sobriedad se debe a que al hacerlo me importaba destacar el testimonio de Cristina, lo auténtico de su voz, de sus emociones, de sus motores. Se trataba de una voz femenina sensible, fuerte e inteligente, narrando su camino hacia la libertad y el empoderamiento. ¿Qué más podíamos pedir? A pesar de que algunas personas nos sugirieron recrear la 'evidencia sonora' de algunas escenas para vestir más el podcast, en el equipo siempre coincidimos en que la fuerza y la intensidad de los testimonios de Cristina solo quedarían reducidos a una dramatización innecesaria si lo hacíamos; hubiera sido como victimizarla en contra de ella misma”.

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