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Consejos para evitar accidentes domésticos infantiles este verano

Caídas o quemaduras fueron las lesiones en niños más frecuentes durante el confinamiento. Ahora preocupa el posible aumento de los ahogamientos en espacios acuáticos

Un niño en el bordillo de una pisicina.
Un niño en el bordillo de una pisicina. Unsplash

Desde el final del confinamiento, los servicios de urgencias pediátricas han observado cómo evolucionaba el tipo de accidentes domésticos con menores implicados. Primero fueron caídas, cortes y quemaduras que no llegaban al hospital y se curaban como podían en casa, salvo casos graves. Con el fin de las restricciones llegaron los primeros accidentes en patinete y bicicleta de menores sin casco, que han provocado ingresos hospitalarios por traumatismo craneal y el fallecimiento de dos niñas en sendos accidentes con patinete en Oleiros (A Coruña) y Mula (Murcia). Ahora se teme que el verano aumente las estadísticas de ahogamientos infantiles y derrumbes por piscinas instaladas precariamente en terrazas y azoteas. Estas son las recomendaciones de los expertos para garantizar un verano con menos accidentes en el hogar.

“No existe un registro nacional actualizado sobre accidentes domésticos, pero lo que sí tenemos es información extraoficial de las urgencias de los hospitales, que al principio detectaron un aumento de la ingestión de tóxicos en los niños en etapa preescolar. Y es normal: cuando los padres tienen que teletrabajar, organizar comidas, limpieza, deberes… y hay niños pequeños en casa, en un despiste pueden explorar el botiquín o el armario donde guardamos los productos de limpieza. Todos estos accidentes son evitables: consiste en mirar con los ojos del niño y retirar de su vista y de su alcance cualquier producto tóxico”, plantea la doctora María Jesús Esparza, miembro del Grupo PREVInfad, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Esta asociación, en colaboración con la Fundación Mapfre, presentó en 2014 el informe “Accidentes en la población infantil española”, a partir de encuestas a 1.726 familias recogidas por 204 pediatras de atención primaria de todas las Comunidades Autónomas. Entre las conclusiones se observa el mismo patrón de accidentes que durante el confinamiento: un 56,7% fueron caídas, 26,2% golpes contra objetos, personas o animales, 6% de quemaduras, 3,4% aplastamiento y un 1,3% por intoxicación.

Intoxicaciones y atragantamientos

Escamas de sosa cáustica, lejía y peligrosas pastillas de colores para el lavavajillas, que parecen caramelos, fueron algunos de los productos más peligrosos, que en algunos casos requirieron intervenciones quirúrgicas y lavado de estómago. La Sociedad Española de Urgencias Pediátricas, en su guía ‘Cómo actuar frente a un accidente infantil’ advierte de que en caso de intoxicación no se debe nunca provocar el vómito ni ingerir leche ni aceite. Al contrario de lo que se suele pensar, esto podría provocar una nueva quemadura al vomitar, o atragantamientos que pasan a las vías respiratorias.

“En los hogares tenemos tóxicos de todo tipo: ácidos, cáusticos que producen quemaduras, medicamentos que provocan una intoxicación más lenta por absorción… Lo mejor es tener siempre a mano, guardado en el móvil, el número del Instituto Nacional de Toxicología (Teléfono 91 562 04 20, servicio 24 horas todos los días), porque este centro tiene una base de datos inmensa con todos los posibles tóxicos y te pueden indicar si tienes que salir corriendo al hospital y llevar el envase de lo que ha ingerido el niño, o si se puede atender de otra forma”, apunta la doctora Esparza.

Riesgos en el agua

Otro accidente doméstico estacional es la inmersión en agua, más frecuentes en verano, que puede provocar la muerte o graves secuelas neurológicas por la falta de oxígeno. La Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo ha alertado recientemente del aumento de los fallecimientos en medios acuáticos desde que se limitaron las restricciones de movilidad. En su último Informe Nacional de Ahogamientos se observa el riesgo de las zonas sin servicio de socorrismo y las piscinas privadas sin vigilancia. De 191 personas ahogadas de enero al 31 de julio en España, 12 menores fallecieron solo en julio. Para evitarlo, los expertos recomiendan la regla “10/20”: observar al menor en el agua cada 10 segundos y no estar a una distancia de más de 20 segundos, porque los niños pueden ahogarse en menos de medio minuto y en menos de seis centímetros de profundidad de agua en el caso de los bebés.

Según los datos de la Asociación Nacional de Seguridad Infantil, en España tres de cada cuatro ahogamientos se producen en piscinas privadas y el 70% de los ahogados son menores de seis años. Entre los consejos que recoge su decálogo de seguridad infantil en la piscina y las recomendaciones de la campaña #OjoPequeAlagua destaca un aspecto que suele ser olvidado: los riesgos de los drenajes. Por eso recomiendan que todos los miembros de la familia deberían conocer la ubicación del apagado eléctrico en las piscinas privadas, para evitar un posible atrapamiento y succión del menor.

“A los padres les recordaría que se mantengan como mucho a un brazo de distancia de los niños cuando están en el agua. Una segunda medida muy importante es el vallado y cierre seguro para el acceso a las piscinas del domicilio, igual que las públicas. No debe existir la posibilidad de acceder a ellas sin la supervisión de un adulto jamás. Al igual que las cubiertas de piscinas, que deben ser firmes y cubrir toda la superficie”, apunta la doctora Francisca Yagüe, pediatra de urgencias del Hospital Universitario de Son Espases, de Mallorca. “También es importante recordar que los niños que no sepan nadar y los que presenten alguna discapacidad deben llevar chalecos salvavidas. Mejor que flotadores, ni colchonetas, ni manguitos, porque da una falsa impresión de seguridad y nos relaja a la hora de vigilar. Lo ideal sería que los niños aprenden a nadar o flotar a edades tempranas, y cuando son muy pequeños nunca dejarlos solos con recipientes de agua, ni barreños, cubos, bañeras o piscinas de plástico”.

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