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No existe el ahogamiento seco o secundario que tanto asusta a los padres

Si el agua ha llegado a los pulmones del niño, hay síntomas que advierten de que debe seguir en observación

No existe el ahogamiento seco o secundario que tanto asusta a los padres
Getty Images

Siempre que empieza el verano, los titulares de los periódicos, tanto en papel como en la red, suelan reflejar una realidad que nos acongoja año tras año y de la que ya en otras ocasiones nos hemos hecho eco, los ahogamientos y accidentes en las piscinas. Parece claro que la mayoría de estos sucesos se producen en el seno familiar: la piscina de casa, de los amigos, de los abuelos... En las públicas, por ejemplo, suele haber mucha gente e incluso algún socorrista titulado o vigilante de la playa musculado que esté al tanto.

Recuerdo algún año de especial sensibilización cuando el afectado era hijo de algún famoso o cargo público, pero, año tras año, se repiten y sí es verdad que cada vez menos porque los peques aprenden a nadar muy pronto y ahí creo que está la verdadera prevención. Aunque no es menos cierto que los sustos siguen existiendo. Y si no, nos los creamos nosotros mismos, de algo nos tenemos que preocupar. Ya saben nadar mejor que Phelps, pero siempre nos quedará el miedo al "ahogamiento secundario".

El médico de mi hij@

Para ayudar a los padres en la tarea de encontrar información útil, fiable y basada en la evidencia científica, y a la vez, crear una comunidad donde profesionales y familias se enseñen los unos a los otros, nació en 2011 el grupo de Facebook El médico de mi hij@.

En él, profesionales de todos los campos relacionados con la salud infantil, entre ellos su creador, el pediatra y colaborador de este diario Jesús Martínez, atienden a las dudas que nos pueden surgir en el día a día de forma gratuita.

¿Pero, qué moda es esta?

Pues un invento posmoderno, en plena era de la posverdad, donde no podía faltar un posahogamiento como forma de acongojar y acojonar a los padres incautos y temerosos y darles algo por lo que sufrir cuando todo iba bien.  Brillante artículo el que leía hace unos días de mi colega el pediatra José M.ª Lloreda: No existen los ahogamientos secundarios ni secos: Dejad de asustar a los padres", publicado en su blog Mi reino por un caballo. Su titular lo dice todo y lo deja claro desde un principio. No existe el ahogamiento secundario y menos si no se ha ahogado primariamente. ¿De dónde ha salido está tontuna?

Nadie que haya sufrido un accidente en el agua y que se haya recuperado le va a pasar nada a los pocos días, salvo que se vuelva a ahogar. Como dice Lloreda, si te atropella un coche y te recuperas, no te vas a morir a los pocos días, salvo que te vuelva a atropellar otro coche si vuelves a cometer la misma imprudencia.

Es muy frecuente en nuestro grupo de Facebook, El médico de mi hij@, las preguntas temerosas sobre este asunto: mi hijo ha tragado agua, a mi hijo le hicieron una aguadilla, mi hijo se nos escapó y nos dio el susto de nuestra vida o incluso mi hijo ha disfrutado toda la tarde en la piscina y ahora le vemos un poco cansado ¿no tendrá un ahogamiento secundario?

Las redes sociales reciben de vez en cuando bulos que se distribuyen como el aceite con gran viralidad y que por lo que parece todo el mundo parece plantearse si es verdad o no. Y luego a los sanitarios y divulgadores de salud nos cuesta un triunfo rebatirlo, aunque no nos cansamos de repetir, pero ahí está machacón. Pero, ¿y si se ahoga en seco?

Tragar agua por una aguadilla o dos o doscientas, lleva a tener un empacho, probablemente una vomitona o una cagalera, pero nada más. El agua se ha ido al estómago y si puede digerirla pasará y si no, saldrá por algún lado, por arriba o por abajo.

Otra cosa es cuando se aspira el agua de la piscina, rio, mar o bañera, el agua va a los bronquios e impide la respiración. Entonces el niño tiene dificultad para ventilar y sobre todo tose, tose como un desesperado para conseguir sacar toda el agua de sus bronquios. Si esto cede en unos minutos y el niño vuelve a respirar correctamente, solucionado el caso y ya no puede haber más complicación. Episodio terminado. Habrá que tener más cuidado otra vez, pero seguimos disfrutando del día o de las vacaciones.

El problema viene cuando el agua que ha pasado a los pulmones, aun no siendo excesiva, le impide respirar y pierde el conocimiento, deja de toser o directamente se le saca del agua ya sin sentido, entonces tenemos el drama. Hay que hacer maniobras de resucitación para intentar sacar la mayor parte de agua posible, hasta poner incluso al niño con los pies hacia arriba y cabeza colgando para que salga todo (esto es una ventaja en pediatría que no se puede hacer siempre en el adulto por razones obvias de tamaño) y que recupere el conocimiento y la capacidad de toser. Si se recupera habremos tenido éxito, si no estaremos hablando de un drama que volverá a copar portadas de periódicos y diarios online.

Pero, ¿cuándo podemos decir que ya está recuperado y que el episodio no se complicará? Quizás la tos sea nuestro mejor aliado en este caso. Si el niño ahogado y recuperado sigue tosiendo o sigue mareado porque el oxígeno no le llega bien al cerebro y está confuso y adormilado quiere decir que todavía queda líquido en sus pulmones y no se le puede dar de alta en urgencias. Puede complicarse con el paso de las horas. Esa tos persistente horas después del susto, como de atragantado, nos debe hacer sospechar que algo no va bien, esa modorra y decaimiento excesivo no es un ahogamiento secundario, que ya sabemos que no existe, es ese ahogamiento primario que todavía no se ha resuelto del todo. Así que hasta que el niño no deje de toser y se encuentre normal y contento, con ganas de volver a jugar y trastear, no diremos que ya se ha acabado el accidente y en ese momento ya no hay posibilidad de vuelta atrás, ya se acabó. Puede volver a tener otro accidente en esa piscina o en esa playa si no aprendimos la lección, pero nada a consecuencia de ese susto del otro día.

Por cierto, algo parecido, pero no igual es la hidrocución o corte de digestión y la manía de abuela de torturar a los niños guardando dos o tres horas de digestión, pero eso es otro asunto, para otro día.

Hoy ya tenemos bastante drama y ocupación para que no haya sustos, nada de flotadores, ni manguitos sin la supervisión en el agua de un adulto y nada de dejarlos solos.

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